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El espíritu de los grandes

Integrado por diez canciones, «El bardo lejos» reúne poemas de Bustriazo Ortiz, Edgar Morisoli, Ricardo Nervi y Rafael Amor, entre tantos otros. En diálogo con Caldenia, Oscar García recorre el listado de temas y cuenta la historia detrás de cada uno de ellos.

Ana D’Atri *

El cancionero pampeano cuenta con una gran cantidad de músicos y poetas que a través de la música y la palabra dieron vida a este territorio, a sus historias, sus leyendas, sus bellezas y sus tristezas. Uno de esos músicos es Oscar García, que con su guitarra le ha dado melodía a decenas de obras de reconocidos autores de La Pampa. En «El bardo lejos», disco editado recientemente, Oscar ofrece diez canciones, la mayoría con música o poesía de su autoría junto a destacados poetas y músicos como Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Edgar Morisoli, Lalo Molina, Ricardo Nervi, Fernando Di Giovanni, Marcelo Cordero y Damián Sánchez. Además, el disco cuenta con una versión de «Y no teníamos más que amor», con letra y música de Rafael Amor. Todos los arreglos, la dirección y la mezcla estuvieron a cargo de Obi Homer, quien también grabó guitarra, bajo y cuerdas. Además participaron los músicos Juan Manuel Colombo (guitarra), Toti Mansilla (bandoneón) y Fernando Lernoud (piano).
Podría decirse que en este disco Oscar García canta acordándose de lo que ha vivido, en una mixtura de ciertas modulaciones paisanas y nuevas ideas musicales. De esta manera transmite con naturalidad la integración con la historia social en la que convive, contando y cantando la fábula y las historias de su pueblo.
El título «El bardo lejos», corresponde a la canción que abre este nuevo disco de García, que ya puede escucharse en Spotify y YouTube, y cuya letra pertenece al gran Bustriazo Ortiz. «El nombre del disco es un viejísimo poema que me había regalado Juan Carlos (Bustriazo) y yo siempre lo tenía como un amuleto, sobre todo cuando andaba lejos de casa. Después se murió Juan y un día, hablando con Obi Homer, se lo envié y a él le gustó mucho, le hizo un arreglo muy bonito y lo quise compartir. Me parece una cosa muy hermosa ese poema. Cuando tomé eso me definió el espíritu del disco, para determinar qué cosas entraban en esta selección. En general tiene una serie de obras que yo quiero mucho, incluso dos que no son mías», contó Oscar en entrevista con Caldenia y a pocos días de publicado el disco.

Los inicios.
Oscar nació en Santa Rosa, pasó sus primeros seis años en el campo de su abuelo, en el paraje denominado «Bajo de las palomas». Luego se instaló con su familia en Villa del Busto, el barrio santarroseño que es cuna de músicos y cantores y que nunca abandonaría. Allí se gestó un llamativo semillero musical del que fue parte integrando primero «Los tres del sur» (1961) junto a Andrés Díaz y Delfor Sombra, un grupo musical que se transformaría en «Las Voces de Huitru Mapu». Con este grupo realizó su primera grabación, «Cumecó», canción de Félix Domínguez, del por entonces escaso e incipiente cancionero pampeano.
Más tarde se incorporó a «Los Ranquelinos», grupo que integró junto a Carlos Urquiza, Lalo Molina y Pelusa Díaz.
En el año 1985 fundó un grupo musical que resultaría inolvidable para La Pampa: «Cantizal», con quienes recorrió decenas de escenarios de La Pampa y el país, llegando incluso a la televisión nacional y teatros de Buenos Aires.
En 1974 nació su primera composición, «Agüita del Médano», sobre el poema de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. La amistad de Bustriazo y de Edgar Morisoli, dos poetas fundantes de la literatura pampeana, alimentaron su inspiración y su compromiso con la creación artística.
En este último material discográfico de Oscar, el lugar número 7 es ocupado por «Boliche de Lunaclick», la ultima obra que el músico hizo con Edgar Morisoli. «Pudo escucharla, le gustó y la disfrutó mucho y está referida a un boliche que está en Arbol Solo. En ese paraje, en 1930, se construyó un boliche de adobe, y en 1974 lo cerraron, con la característica que adentro está como el día que se cerró, con todo el mobiliario, los libros de contabilidad, los almanaques, todo lo que había en ese momento. Así lo mantiene algún familiar de Lunaclick, que en realidad son dos apellidos, Luna que es español y Click que es danés y que algún juez de paz creativo de la época juntó y así quedó, y hay descendientes», explicó García. «Boliche dijimos porque en el habla popular, cualquier establecimiento rural o almacén, la gente lo denominaba boliche. Era un oasis en medio del desierto profundo donde la gente encontraba una posta en el camino para descansar, alimentarse o adquirir alguna mercadería».

– Imagino que la muerte de Edgar te habrá golpeado fuerte, como a todos.

– Me pega todavía. Sigo trabajando con sus obras. Edgar venía frecuentemente a casa, llamaba por lo menos una vez por semana, primero para saber cómo estaba la familia y después para charlar sobre algún trabajito. En una oportunidad me llamó y me dice «vos sabés Gallego lo que me pasó, me desperté y escuché ruido de agua; entonces me levanté, revisé las canillas de la cocina, del baño, ninguna perdía pero seguí oyendo el ruido del agua hasta mitad de la mañana que desapareció». Entonces él escribió «El llamado», que tiene que ver con esa relación del hombre con la naturaleza, porque ese es el ruido del agua que escuchó durante gran parte de su vida. El llegó a La Pampa, a La Adela, con su primer trabajo como agrimensor, yo conocí la casita donde él trabajaba y estaba a la orilla del río, donde el ruido del agua acompañaba permanentemente. Después pasó sus años en Colonia El Sauzal en 25 de Mayo y también se repetía lo mismo. El tenía esa relación con ese sonido y eso era lo que él escuchaba esa mañana. Esto fue hace un par de años.
Entonces me dio ese poema y llegué a casa, me puse con la guitarra, y salió de punta a punta, de una. Lo grabé, lo guardé en la computadora, y me olvidé absolutamente. Después que muere Edgar, me pongo a revisar la computadora y veo un archivo «El llamado», cuando lo abro mi sorpresa y mi emoción porque algo hizo que yo lo redescubriera. Edgar no lo conoció, me queda ese pesar, lo cierto es que es como un legado de él. «El llamado» no está en el disco porque fue hace poco, después de haberlo editado.

– ¿Cuál es el hilo conductor del disco?

– El espíritu de la relación que tengo con esas obras, a partir de vivencias. O por ejemplo hay una obra que se llama «Noche de Reyes», que es una obra de Bustriazo, tan vieja como «El Bardo Lejos», que me ha acompañado y no me terminaba de convencer la música, y trabajé sobre ella porque es una obra hermosa, me recuerda momentos felices de Juan Carlos y tiene que ver con una noche en que él sale del bar La Perla, con alguna copa de más, y se encuentra con los recolectores de basura, vestidos de amarillo, sentados en la vereda tomando vino. Ahí él se da cuenta que esa noche era noche de Reyes y entonces Juan Carlos con esa loca magia que tenía para convertir las cosas, se le antojó que eran los Reyes Magos. Ese relato es parte de mí, me ha acompañado mucho tiempo.

Amor y La Pampa.
Llegando al final del disco, Oscar ubicó la canción «Y no teníamos más que el amor» de Rafael Amor. «Es una obra que tendría que haberla escrito yo, porque parece que está hablando de mí», afirma el músico entre risas, al tiempo que cuenta la historia. «A Rafael lo conocí en Santa Rosa hace muchos años, y después de mucho tiempo nos encontramos en Madrid cuando unos amigos me llevaron a verlo a un recital que daba con su hijo Salvador. Le comenté de esta obra, que me encantaba, y le pedí autorización para cantarla. Se subieron al escenario, nosotros en primera fila, y decidió hacer una conversación conmigo desde arriba, cantaron la canción y me la dedicaron», recordó. «Pero no quedó ahí, me empezó a decir ‘te quería contar, que mi papá vivió en La Pampa, en Toay, y cuando yo estuve fui a conocer la casa’. El papá de él era el famoso cantante Paco Amor, que fue una figura. Y ahí se acordó que su papá había escrito una milonga que habla de los pampeanos, y me la cantó, hermosa era. Fue muy lindo y el público fue cómplice. Quedó una relación con él y con Salvador y cuando había empezado a grabar, Rafael se nos muere. Yo lo terminé de grabar, se lo envié a Salvador, con quien sigo teniendo una relación, y le gustó, me lo aprobó y por eso la incluí, porque es parte de un universo afectivo que tengo con cada obra que está en este disco y cada historia que sostiene esas canciones».
Completan el listado de «El bardo lejos»: «Cantor de milongas» (Oscar García y Marcelo Cordero); «Lagunita del monte» (Oscar García y Bustriazo Ortiz); «Milonga por braserío» (Oscar García y Bustriazo Ortiz); «Balada» (Lalo Molina y Ricardo Nervi); «Mensaje en una botella» (Oscar García y Fernando De Giovanni) y «Llueve como entonces» (Damián Sánchez y Oscar García).

* Periodista