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El mundo no está en guerra

Que levante la mano quien haya vivido anteriormente una pandemia. Seguramente son pocas las manos alzadas en este momento, porque si hay algo que caracteriza a este tipo de sucesos mundiales es que son extraordinarios.
Leandro Sallaberry Martínez*
El Covid 19 no solo afecta a localidades, ciudades, provincias, países y al mundo, sino también al entorno más próximo. A la vez, interpela a quienes tienen responsabilidades de representación y les marca desafíos únicos. No quedan exentos quienes ocupan cargos ejecutivos y legislativos. Claro que con distintos roles. Algunos y algunas con la responsabilidad de tomar decisiones que afectan a millones de personas y otros y otras, desde una banca virtual, aportando ideas.
La pandemia, que tuvo su origen como tal con la declaración que emitió la Organización Mundial de la Salud, logró que la agenda de los medios de comunicación, la agenda ciudadana y la agenda política tengan el mismo foco de atención, aunque con demandas y responsabilidades distintas. Se producen transferencias de contenidos entre los medios de comunicación, la ciudadanía y los gobiernos.

Los preparativos.
¿Qué demanda la ciudadanía? Claridad en la información, certidumbre para conocer el estado de situación, instrucciones para cumplir con las medidas que se toman y gestos por parte de la política. Eso hace que los gobiernos tengan que construir cuidadosamente cada uno de los mensajes que emiten, para dar respuestas a esas demandas. Se trata de decisiones.
Así, los portavoces de los gobiernos, que en mayor medida son quienes están a cargo de los Poderes Ejecutivos, construyen distintos tipos de liderazgo, en contextos diversos y con responsabilidades bien marcadas. Los equipos de gobierno que cuentan con áreas de comunicación evalúan, una vez que las decisiones están tomadas, qué decir y, fundamentalmente, cómo hacerlo.
Antes de que se inicien las transmisiones, quienes ejercen de portavoces o de voceros y voceras se preguntan, entre un millón de cuestiones: ¿desde dónde les hablo a los vecinos y vecinas? ¿Con qué tono? ¿Con qué palabras? ¿Lo hago de manera pedagógica o desde la imposición para que me perciban firme?
Nada es fruto de la casualidad. O casi nada. Por estos días, los discursos de los presidentes y presidentas del mundo están cuidadosamente elaborados y, en muchos casos, antes de salir a escena, los ensayan una y otra vez. Se trata de días de máxima atención mediática y ciudadana y, aunque suene exagerado, de tensión hacia dentro de los equipos.
Así, un mensaje bien colocado puede significar un paso hacia adelante y un mensaje erróneo, pasos hacia atrás. Detrás de cada intervención mediática hay horas de debate y cada elemento que aparece en escena es fruto de una decisión. No solo comunican las palabras; también lo hacen los gestos, las miradas y las escenografías.
No es lo mismo ver a un presidente o presidenta hablando solo o sola detrás de un atril, que aparezca con su equipo de trabajo, con un par de hojas impresas, o con una pantalla que transforma ese momento en una escena más pedagógica, como hace Alberto Fernández, el presidente argentino, cuando convoca a los medios de comunicación.

Todo comunica.
Las palabras son mensajes. Las acciones son mensajes. La imagen es mensaje. La construcción de ese marco se compone de esos tres elementos que activan sentimientos. Algunos comunicólogos hablan de «frame». ¿Qué significa esta expresión? Refiere a que toda comunicación se enmarca -voluntaria o involuntariamente- en un marco que automáticamente activa una especie de maqueta; un relato.
En ese sentido, no es lo mismo utilizar expresiones que claramente describen que estamos en una situación bélica; o utilizar frases que hagan referencia al lenguaje religioso, entre tantos otros modelos para hacer referencia a la pandemia.
Los discursos de los presidentes y presidentas, por estos días, están cargados de frases que describen una guerra: «frentes de lucha», «combate», «enemigo» y «batalla» son algunas de las palabras que se utilizan. Sin dudas que este «frame» al que se hacía referencia antes, activa un sentimiento: el miedo a la muerte propia, a perder a un ser querido, o a perder el trabajo.
Asimismo, presidentes y presidentas del mundo hablan de «héroes» para reconocer a quienes en medio de la propagación del virus, siguen trabajando sin descanso: médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, miembros de las fuerzas de seguridad, personal de farmacias, hospitales y supermercados. Según la Real Academia Española, héroe es la «persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble».

Ejemplos.
Esta forma de expresarse utilizando el lenguaje bélico implica, también, una forma de construirse políticamente desde el discurso. Alberto Fernández, que también utiliza el lenguaje bélico, habla desde una forma pedagógica, haciendo gala de su vocación docente. Por su parte, Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, dice tener los anticuerpos necesarios y se muestra como intocable: «Por mi historial de atleta, si fuera contaminado no tendría que preocuparme. No sentiría nada, o tendría una gripecita o un resfriadito».
Angela Merkel, canciller alemana, si bien rechaza públicamente hablar de «guerra» para referirse al Covid 19, expresó: «Déjenme decirles, la situación es seria, tómensela en serio. Desde la Segunda Guerra Mundial no hubo un desafío para nuestro país del que dependa tanto nuestra solidaridad».
Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español, apuntó que la pandemia es una «lucha contra un enemigo invisible». En la misma línea se expresó Emmanuel Macron, el presidente francés: «Estamos en guerra y el enemigo está aquí y avanza». Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, dijo: «Estamos en tiempos de guerra».
El lenguaje religioso también está presente en estos tiempos de pandemia. Presidentes y, en menor medida portavoces, recurren a él para reforzar algunos mensajes que apelan a los sentimientos. El presidente Alberto Fernández utilizó la palabra «hermanos» en algunas ocasiones para pedirles a los vecinos y vecinas de los barrios más vulnerables que se queden en sus casas. También, mencionó a «Dios» en algunos momentos.
Nayib Bukele, el joven presidente de El Salvador, también refuerza sus mensajes en televisión y en las redes sociales con lenguaje religioso. El mandatario salvadoreño, al anunciar la primera víctima fatal de la pandemia en el país que gobierna, expresó en Twitter: «Primera muerte por #COVID19 en El Salvador. Dios nos proteja».

El virus no conoce de fronteras.
En diversas ocasiones, el lenguaje bélico va acompañado de frases que le ponen nacionalidad al virus. Es el caso de Donald Trump, que hablaba de «virus chino». En dos palabras, dos enemigos: el virus propiamente dicho y China. Estos mensajes, indudablemente, son peligrosos, porque no tienen nada de inocentes y, al ser susceptibles de comenzar a ser repetidos una y otra vez, fomentan el odio y el racismo.
En tanto, en una rueda de prensa, una periodista le consultó a Trump por qué utilizaba la expresión «the chinese virus», a lo que el Presidente respondió: «No es racista en absoluto. Viene de China, por eso». Esto provocó la reacción de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que emitió una comunicación oficial para solicitar «ser cuidadosos con el lenguaje».
En fin. El mundo no está en guerra. El mundo está atravesando una pandemia que no conoce de fronteras. Aún queda tiempo por delante en relación al virus y, posiblemente, mirando la película completa, se podrá observar con más datos e información cómo salieron de la pandemia los líderes y lideresas del mundo, y si sus relatos resultaron efectivos o no. Tiempo al tiempo.

* Comunicador social – Consultor político