El próximo destino

Fernando Tourn/El Faro * – A ‘solo’ 4,2 años luz de nuestro hogar, un suspiro en distancias astronómicas, otro planeta también rocoso es nuestro compañero más cercano fuera del Sistema Solar.
Las películas de ciencia ficción tienen ahora el mejor candidato para elucubrar dónde viajará la Humanidad cuando nuestro planeta se torne inviable.
El descubrimiento del planeta extrasolar Próxima b no ha parado de causar asombro desde que en la semana se anunció su existencia. Es que este planeta de tamaño similar a la Tierra presenta un conjunto de características que parecieran preparadas “a pedir de boca”: está a la menor distancia posible de nosotros, orbita en torno a su estrella a la distancia apropiada -ni más cerca ni más lejos- como para contener agua en estado líquido, es rocoso y tiene un tamaño de 1,3 masas terrestres. Más no se podía pedir.
Se entiende por planeta extrasolar o exoplaneta a aquellos planetas que giran alrededor de una estrella que no es el Sol. En la actualidad, las estrellas con planetas extrasolares son más de 2.500, la mayoría de ellas a miles de años luz de la Tierra.
Las estrellas más cercanas al Sol son las tres que comprenden el sistema Alfa Centauri, y de estas tres, Próxima Centauri -la hospedante del nuevo planeta- es la más cercana. El sistema es fácilmente visible desde nuestra posición: hay que ubicar la Cruz del Sur y seguir el eje menor; la primera estrella brillante es Beta Centauri; la segunda, aún más brillante, Alfa Centauri. Allí están nuestros nuevos vecinos.

En el barrio.
La búsqueda de planetas extrasolares evolucionó en los últimos años hacia terrenos más específicos y de mayor interés general. Cuando estos objetos estelares dejaron de ser una rareza, los científicos apuntaron sus observaciones hacia el entorno cercano a nuestra vecindad en la Vía Láctea.
Hace pocos años, el telescopio orbital Kepler sorprendió a todos al mostrar la posibilidad cierta de que los planetas extrasolares fueran más habituales de lo que se pensaba. Pero Kepler tenía un vicio de origen: su sistema de detección estaba diseñado para estrellas lejanas, a cientos, miles o millones de años luz.
La búsqueda se orientó entonces hacia las cercanías del Sistema Solar. Los telescopios y sus espectrógrafos empezaron a mapear las estrellas más cercanas, mientras que los proyectos de nuevos telescopios orbitales, caso del “James Webb” que la Nasa planea lanzar en el 2020, están pensados para escrutar este sector de la Vía Láctea y no esas regiones inalcanzables aún para el más soñador de los proyectos espaciales.

Acá no más.
La posibilidad de hallar un planeta extrasolar en el sistema Alfa Centauri tuvo un primer momento de gloria en 2012 cuando se anunció el descubrimiento de un planeta en torno a la estrella Alfa Centauri B, una de las dos que forma la estrella doble Alfa Centauri. El hallazgo fue puesto en duda recientemente; además las condiciones del planeta lo hacían inviable para cualquier hipotética aventura humana.
Casi en simultáneo se detectaron los primeros indicios de que podría haber un cuerpo girando en torno a Próxima Centauri. Un equipo liderado por el astrónomo español Guillem Anglada Escudé hizo el seguimiento con el espectrógrafo Harps ubicado en uno de los grandes telescopios de la Agencia Espacial Europea (la ESO) y el miércoles 24 de julio, en la edición de la revista Nature, dio a conocer la novedad.
Utilizaron el método de la velocidad radial, que analiza a través de la espectrometría los cambios en las longitudes de onda que emite la estrella a consecuencia de la oscilación que el planeta induce en ella. Cuando la estrella se acerca hacia nosotros, la radiación se corre levemente hacia el azul; cuando se aleja, lo hace hacia el rojo. Las características de estas oscilaciones cambios -intensidad, duración- permiten determinar la existencia del objeto y determinar parámetros físicos como su tamaño y período.

Planeta rocoso.
Según el equipo de Anglada Escudé, Próxima b tiene una masa equivales a 1,3 veces la masa terrestre, y además, es rocoso. Es como otra Tierra.
Se encuentra a 7 millones de kilómetros de la enana roja, un 5 por ciento de la distancia Tierra-Sol, más cerca aún de lo que Mercurio está del Sol. Esta cercanía no es peligrosa sino, por el contrario, favorable para suponer que en su superficie existe una temperatura favorable para formas de vida tal y como la conocemos en la Tierra.
Esto es consecuencia de que Proxima Centauri es una estrella pequeña y relativamente fría, por lo menos si se la compara con el Sol o con los otros dos astros del sistema Alfa Centauri.
La temperatura superficial estaría en torno a los 4 grados Celsius, un valor que permite la coexistencia de hielo, agua líquida y vapor de agua. Esto significa un entorno “agradable” para el desarrollo de formas de vida orgánica y ubica a Próxima b en la “zona de habitabilidad” de Próxima Centauri.
Las primeras determinaciones apuntan a que el planeta y su estrella tendrían un “anclaje” similar al que tienen la Luna y la Tierra Luna, es decir, la misma cara del cuerpo menor apuntando siempre hacia el objeto mayor.
Las intensas radiaciones que en forma aleatoria emite la enana roja serían dañinas si hubiera alguna forma de vida ya desarrollada sobre el planeta. Sin embargo, en los primeros tiempos de nuestro planeta, la radiación solar no filtrada aportó la energía para el ensamblaje de las formas de vida más elementales. Después, esas formas generaron la atmósfera que filtró la radiación más perniciosa y permitieron la aparición de formas más evolucionadas.
La cercanía del planeta con su estrella hace que su “año” sea extremadamente breve: tarda solo 11,2 días en dar una vuelta completa. Un humano festejaría 32,5 veces su cumpleaños al cabo de un año terrestre.
Las posibilidades de viajar al nuevo planeta todavía son impensables. Aún con la tecnología más evolucionada, llegar hasta allí llevaría cientos o miles de años. Hoy por hoy, es una aventura de ciencia ficción, pero en un futuro ya no lo será.

Próxima Centauri.
Próxima Centauri, la estrella hospedante del nuevo planeta, es el sol más cercano a nosotros. Forma parte del conjunto Alfa Centauri, un sistema triple con una configuración de dos estrellas en el centro del sistema, Alfa Centauri A y Alfa Centauri B, que giran una en torno a la otra, y una tercera, Próxima Centauri, que lo hace alrededor de ambas a enorme distancia.
Mientras Alfa Centauri A y B tienen masas parecidas a la solar y características similares, Próxima Centauri es una enana roja de un brillo tan tenue que no es visible a simple vista. Se requiere de instrumentos astronómicos para ubicarla.
Aunque es mucho más pequeña que el Sol, su densidad es 40 veces mayor; es una estrella fulgurante que sufre espectaculares aumentos aleatorios de brillo debido a la actividad magnética. En estos episodios genera intensísimas emisiones de radiación de alta energía, principalmente rayos X, que podrían ser un obstáculo para el desarrollo de la vida en su planeta.
Próxima Centauri es una estrella tipo enana roja. Es una estrella relativamente fría y consume su combustible nuclear muy lentamente. De hecho, no hay enanas rojas “viejas”; viven en una juventud eterna. Son las estrellas más numerosas de la Vía Láctea y la fracción dominante entre las más cercanas al Sol.
*Periodista de La Pampa, coordinador de El Faro.

Compartir