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El reloj epigenético

Cada una de nuestras células está cronometrada por al menos dos relojes que corren en paralelo, el cronológico y el biológico. Uno predice al otro. Uno, está regulado por el paso del tiempo, el otro, por la epigenética.

Alejandro Villarreal*

Hace unas semanas vi una serie basada en el cómic de DC (Detective Comics) llamada “Watchmen”. Uno de los temas sobre los cuales gira la serie es el tiempo. La mayoría de las personas en esa serie están atravesadas por el miedo al tiempo (tic, toc, tic, toc, se aterran por un reloj imaginario). Pero hay un personaje, el Dr. Manhattan, que es prácticamente todopoderoso y como tal, puede vivir todo el tiempo, todos los tiempos, al mismo tiempo. El Dr. Manhattan es el único personaje con superpoderes de la historieta y es el único que ya no siente miedo. Imagino que en parte es por ser el único con superpoderes, pero también le atribuyo esa cualidad, la de no sentir miedo, a su incapacidad de percibir el paso del tiempo como el resto de las personas. El Dr. Manhattan no envejece, las personas sí. Las personas, estamos atadas a las reglas de la biología. Estas reglas, por más que nos pese, incluyen desgaste. Y como todo objeto en esta vida, el desgaste se evidencia con el paso del tiempo.

Podemos pensar que existen dos relojes que “cronometran” nuestras vidas y que marchan en forma paralela. Uno es el que determina nuestra edad cronológica y utiliza unidades de tiempo (años, por ejemplo). Este, comienza a correr en el momento en que nacemos (porque a alguien se le ocurrió que así sea) y es intocable. Alguien que nació el 23/02/1984 tendrá 40 años el 23/02/2024 y punto, nada que hacer. El otro reloj, el biológico, utiliza unidades que son marcas, rasgos. Por ejemplo, esa persona que nació el 23/02/1984, además de tener 40 años (edad cronológica) tendrá marcas que delaten sus 40 (canas, arrugas, etc). Mientras más años, más marcas. Tanto es así que podemos acertar la edad de las personas con solo mirar sus rasgos. Es decir, a través de nuestra edad biológica que viene dada por marcas, se puede predecir nuestra edad cronológica que viene dada en unidades de tiempo, al menos en forma aproximada. ¿Podemos “desfasar” nuestra edad cronológica de la biológica? Es decir, ¿podemos llegar a los 40 sin esas marcas que nos delatan? La respuesta parece ser un (discutible) “si” y una vez más la clave estaría en nuestro material genético. En nuestro ADN (ácido desoxirribonucleico) guardado en el núcleo de cada una de nuestras células

ADN partitura.

El ADN de todas nuestras células es idéntico. La secuencia de ADN de nuestras células envejecidas es igual a la secuencia de ADN que tenían nuestras células más jóvenes, incluso al momento de la concepción. Sin embargo, nuestras células son distintas entre sí, a pesar de que tienen las mismas instrucciones. Pero aquí sucede algo interesante. Una célula sólo está leyendo algunas regiones de todo su ADN porque sólo esas regiones están accesibles para ser leídas. Imaginemos una banda de música. Cada integrante tiene su partitura. Son todas iguales pero cada quien lee y toca su parte. Con el correr de los ensayos, cada persona en la banda hace anotaciones sobre su parte, incluso hasta puede tachar todo eso que no va a interpretar. Con el correr de los ensayos, cada partitura fue acumulando marcas que permiten una interpretación distinta a la original. O mejor dicho, una interpretación parcial de la original. Si miramos de vuelta esas partituras, veremos que la información original está ahí, pero en cada partitura se lee una parte específica de la misma. Podemos pensar como que cada una de nuestras células, toca un instrumento en una banda y el ADN que contienen en sus núcleos, es su partitura. Esa partitura se les entrega cuando cada célula nace. Mientras vive, cada célula irá leyendo y dejando marcas en el ADN. Con el paso del tiempo, una célula irá acumulando marcas como ocurría con las partituras luego de cada ensayo. Estas marcas en el material genético son modificaciones químicas que no cambian la secuencia del ADN (así como las marcas en lápiz no cambiaban la partitura), sino la “interpretación” por parte de las células. De ahí, reciben el nombre de “Marcas epigenéticas”. Al igual que una partitura con mucho uso, el ADN acumula marcas. Al igual que las personas en una banda, las células envejecen.

Todas las células comienzan con muy pocas de esas marcas al momento de la concepción, pero luego comienzan a especializarse en sus funciones acumulando marcas epigenéticas. Mientras más envejezca una célula, más marcas habrá acumulado. Siendo así, la cantidad de marcas podría predecir la vejez de una célula. Más aún, podría predecir la vejez de la persona portadora de esa célula. Hoy en día es posible estudiar la ubicación y la cantidad de esas marcas en el ADN y calcular la edad “biológica” o “epigenética” de una persona, lo que permite predecir en forma aproximada su edad cronológica en años. Esta acumulación de marcas en el tiempo se conoce como “reloj epigenético”, el cual, a diferencia del cronológico, podría ser revertido. Algo así como empujar las agujas en sentido opuesto al horario. Si lo revirtiera, la persona de nuestro ejemplo seguiría teniendo 40 años desde que nació, pero biológicamente estaría “rejuvenecida”.

Retrasar el reloj.

En un artículo publicado recientemente (1) intentaban, mediante la administración de la hormona de crecimiento humana (hGH), “rejuvenecer” el timo en humanos. El timo es un órgano encargado de entrenar nuestras células del sistema inmune y que, al envejecer, deja de hacerlo volviendo al cuerpo susceptible a contraer más enfermedades. El tratamiento no sólo logró disminuir indicadores de envejecimiento del timo, sino que también logró revertir parcialmente el reloj epigenético en las células de la mayoría de los voluntarios.  Estudios previos, pero también recientes y con estrategias menos invasivas, sugieren que una dieta con menos calorías y con mayores horas de ayuno ayudarían a quitar ciertas marcas epigenéticas del ADN de nuestras células, también retrasando el reloj. En Argentina también se están llevando a cabo investigaciones en este campo.

Habría entonces distintas opciones para empujar hacia atrás las agujas del reloj epigenético y consecuentemente el biológico. Se propone que estas estrategias retrasarían también enfermedades asociadas al envejecimiento, como la enfermedad de Alzheimer. Pero, ¿quién quiere vivir para siempre? preguntó Freddy (Mercury). Envejecer es inevitable. Sin embargo, con estrategias muy simples podríamos mejorar la forma en la que lo hacemos. Quizás hasta cambiemos nuestra percepción del tiempo, como el Dr. Manhattan, y podamos asustarnos un poco menos del otro reloj. El cronológico. El que no podemos cambiar. El que nos dice: tic, toc, tic, toc…

(1) Reversal of epigenetic aging and immunosenescent trends in humans. Fahy GM, Brooke RT, Watson JP, Good Z, Vasanawala SS, Maecker H, Leipold MD, Lin DTS, Kobor MS, Horvath S. Aging Cell. 2019 Dec;18(6):e13028. doi: 10.1111/acel.13028.

*Investigador de CONICET. Instituto de Biología Celular y Neurociencias “Prof. Eduardo de Robertis” (UBA-CONICET), Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.