Elegías y rebeldías

LITERATURA, EDGAR MORISOLI PRESENTO SU NUEVO POEMARIO

Quinto cuadrante / Papeles del trovero es el poemario número diecinueve de Edgar Morisoli presentado el pasado 4 de noviembre. Nuevamente, la voz poética que resiste y estará siempre del lado de los postergados y oprimidos, es relevada por el autor.
Daniel Pellegrino y Jorge Warley *
En ocasión de la publicación de su Antología personal por el sello porteño Ediciones en danza, Osvaldo Aguirre escribió para la revista Ñ que Edgar Morisoli era una “revelación”. Incluso iba más allá y colocaba al autor del Salmo bagual en la tradición de muchos otros escritores -desde Juan L. Ortiz hasta Leónidas Escudero, para citar sólo dos nombres- de gran trascendencia artística pero que, sin embargo, han permanecido a lo largo de los años en el secreto de unos pocos, escondidos. Escribió sentencioso y un tanto ampulosamente acerca de este tipo de artistas que: “con su aparición generalmente tardía, el poeta oculto suele poner en cuestión la historia literaria y las valoraciones de la crítica. Hasta los consensos de lectura más obvios pueden quedar en suspenso”.
No deja de resultar curiosa la apreciación del periodista que, en el fondo, desnuda los reflejos y prejuicios típicos de la centralidad metropolitana. Dicho maliciosamente: la denominación de “gran artista oculto” parece tener como objetivo estratégico valorar a la editorial o el crítico que lo “descubre” antes que alimentar el juicio sobre los valores estéticos del artista “descubierto” y que por lo general ya carga sobre el lomo un trabajo de muchos años.
Porque, a decir verdad, para los santarroseños y los pampeanos en general Morisoli es muy otra persona, un tipo con el cual de tanto en tanto se topan en la calle. Un hombre grande, corpulento, de pañuelo al cuello, que regularmente publica libros, organiza sus presentaciones, brinda conferencias en la Universidad Nacional de La Pampa, recibe la visita de jóvenes intrigados por la poesía, de la mano de la Asociación Pampeana de Escritores (APE) se traslada a un pueblo u otro para acompañar las desventuras y promover las aventuras de los escritores locales.
Si en todo caso un mito cabe a Morisoli mirado desde estas tierras, es el que nace de y habita en su literatura.

El nuevo libro.
Pues bien, siguiendo su labor paciente y porfiada, el sábado 4 de noviembre del corriente -y dejando a un lado dos antologías de sus publicaciones-, Edgar Morisoli presentó su décimo noveno poemario.
Como es hábito en las ediciones morisolianas, el volumen está acompañado de ilustraciones inspiradas en sus poemas. En este caso las artistas plásticas han sido Raquel Pumilla, Marta Arangoa, Paula Rivero, Dini Calderón, Estela Bene y Cristina Prado. La fotografía de la tapa, titulada “Otoño en la chacra”, es de Juan P. Morisoli. Como también es parte de su estilo, el libro incluye poemas de ascendencia folclórica (por sus estrofas y métrica de arte menor), musicalizados por sendos autores: “Milonga de Dulcesombra” (Cacho Arenas, cantado en la presentación por Marcela Eijo), “Para don Ángel Maya” (Cristian Roldán, residente en Colonia 25 de Mayo) y “Cantar del viajero” (Ernesto del Viso).

Los dos títulos.
El propio poeta se encargó de explicar las significaciones de los títulos del libro. Señaló que Quinto cuadrante junta los poemas que llevan un hilo conductor de construcción lírica. Además, la tonalidad general de los textos se manifiesta elegíaca -quizá de manera más honda que en libros anteriores. El título se justifica en la prosa poética “Cuestión de cuadrantes” (fragmento):
“En el Quinto Cuadrante reside lo olvidado, lo innominado, lo oculto, lo omitido, lo marginado, lo proscripto… pero también lo insólito, lo hechizado, lo inocente, lo perpetuamente nuevo. En suma, la posibilidad de lo imposible.
Ese Quinto Cuadrante no es abstracto ni utópico porque está en nosotros, orbitamos en él, e irradia por momentos una luz carnal, una vislumbre trémula que nombra la hermosura insurgente de la vida”.
Por su lado, bajo el título de Papeles del trovero se reúnen poemas, textos de reflexión, vivencias de lecturas y algún relato. Por ejemplo “Papeles del trovero IV” recuerda una anécdota ocurrida en un boliche de campaña, en el oeste pampeano. El narrador escucha, sin verlo, al ejecutante de la guitarra:
“Era una milonga rasgueada -forma de tocar antigua, casi perdida- y tras un breve preludio, los dos primeros versos bastaron para abarcar, como un abrazo, la crónica dramática de la resistencia puestera: ‘Cuando Salustiano Suárez/ se atalonó en La Cautiva…’ “.
Durante el acto de presentación, Morisoli contó que, cuando estaba organizando el nuevo libro, había leído ante dos personas amigas, en su casa, este mismo texto, y ocurrió que al día siguiente los diarios trajeron la noticia de que al mentado Salustiano Suárez se le había adjudicado la propiedad de las tierras que ocupaba. Así que la lectura aquella había resultado una especie de vaticinio, digno “del quinto cuadrante”, concluyó Morisoli ante el beneplácito de los asistentes.

Humanismo americano.
Por otro lado, Morisoli ha insistido que a su poética se la debe clasificar como parte del “humanismo americano” y contrario a “la cultura del lucro”. Mencionó que en el libro editado el año pasado (Para los días que vendrán) existe una nota que aclara tal aserción. Así, si acudimos a la nota que acompaña al poema “Los años altos”, se podrá leer el rescate de la figura del peruano Antenor Orrego (1892-1960) docente, filósofo, ensayista, cofundador del APRA y camarada de César Vallejo y Carlos Mariátegui, entre otros, de quien fue publicado un libro póstumo, Hacia un humanismo americano (1966), y a juzgar por los versos del poema mencionado, el poeta de esta estirpe es quien va “Cantando a trechos y llorando a trechos por la heredad terrestre y sus criaturas,/ por la invicta belleza desgarrada del mundo,/ por el nuevo alborear del pueblocontinente,/ sin olvidar el íntimo recodo/ donde palpita la palabra ‘pago’, la palabra ‘querencia’ “.
Puede subrayarse aquí que, en realidad, humanismo latinoamericano tiene la forma de un oxímoron, es decir una figura contradictoria en la que el adjetivo apunta en el sentido opuesto a los datos semánticos que naturalmente contiene el sujeto. Porque, desde sus orígenes mismos, en la antigüedad clásica o el Renacimiento el ‘humanismo’ encierra una propensión universal, traza los límites de un conjunto infinito que encierra todo aquello propio del hombre, sus pensamientos, su cultura. La atribución ‘americano’ inscribe en esa infinitud un corte brusco, una detención. O si se quiere: una necesidad. Esa oscilación, esa tensión irresuelta entre lo universal -la herencia mayor del arte y la civilización occidental- y las matizaciones de lo regional y “propio” de algún modo vertebra la figura que estructura el conjunto de la obra de Morisoli.

Poética.
También una vez más, y ahora quizá acentuado, en Quinto cuadrante/… hay cinco textos dedicados al oficio del poetizar y a los poetas. Y la consecuencia y fundamento es siempre el mismo, la voz poética es la que resistirá y estará siempre del lado de los postergados y oprimidos: “Dignidad del cantor/ será poner un grano de arena en el platillo/ de los desheredados, y dejar a la vista/ que el fiel/infiel de la balanza miente desde hace largos siglos” (del poema “Cinco respuestas a Juan Galo Santamarina”).

* Docentes de Letras, UNLPam

“¿Y por qué has de hablar, poeta,
por el que no puede, no tiene,
por los que hablaron o hablarán,
por el que calla o el que hicieron callar?”

No sé si alcanzo a hablar por ellos. Ojalá
fuera así. En cambio estoy seguro
de que hablo para ellos con llaneza y pasión, con sed de aurora
y batir de alas libres,
con genuino decir del sentimiento.

(Y al fin, si Juan-Sin-Ropa llega a salirme al cruce,
capaz que esto me valga y haga fe de trovero.)
(“Cinco respuestas a Juan Galo Santamarina”; fragmento)

(textos grises)
“Si en todo caso un mito cabe a Morisoli mirado desde estas tierras, es el que nace de y habita en su literatura”.

“Ese Quinto Cuadrante no es abstracto ni utópico porque está en nosotros, orbitamos en él, e irradia por momentos una luz carnal, una vislumbre trémula que nombra la hermosura insurgente de la vida”.