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Equilibristas alemanes

REMEMBRAZA - LOS HERMANOS LEHR

A fines de los Sesenta, cuando una actividad deportiva o un circo era la mayor atracción de un pueblo, en Guatraché unos hermanos alemanes comenzaron con sus ensayos de equilibristas y su fama los llevó a recorrer distintos puntos del país.
Raúl Jiménez *
Arriesgados y con una destreza inigualable para esos años, son recordados hasta hoy como los equilibristas alemanes. Eran tres hermanos alemanes provenientes de la zona rural, del trabajo de campo, hicieron de las destrezas un hobby que trascendió las fronteras guatrachenses. Dos de ellos aún viven en la localidad, el restante falleció en un accidente de tránsito cuando llevaba poco tiempo ejerciendo el cargo de intendente de Guatraché: René
Lehr.
El primero en hablar del tema es Héctor, a quien se lo puede ver en una fotografía sosteniendo dos vehículos en marcha opuesta con sus brazos. En su quinta, a media mañana y en plena navidad, el hombre se sentó frente al cronista y se dispuso a contar esa historia por tantos
conocida, pero no tanto públicamente.
«Era una manera de pasar el rato, la pasión que teníamos algunos por el fútbol otros por otra cosa, a nosotros nos gustaba hacer esas cosas y nos dedicamos a eso un tiempo, como 10 años estuvimos con ese tema del espectáculo», comienza a relatar Héctor Lehr.
Recuerda que eran jovencitos cuando empezaron. «Yo tenía 18, Osvaldo 2 años menos y Rene 6 años menos, era el más chico y lamentablemente a pesar de las cosas que hacíamos nunca nos pasó nada y René tuvo esa desgracia, viste cómo son a veces las cosas», dijo con cierta
nostalgia.
Claro, no es para menos. Si andaban a 30 metros de altura y sin ningún tipo de protección, sin ninguna maya contenedora, nada. «Con la moto, con una mesa y una silla y siempre sin protección, a mucha altura pero no poníamos una red abajo, había que estar seguro, uno se sentía seguro, que no se iba a caer, el peligro existe, pero uno se sentía tan seguro».

Alto espectáculo
El hombre, con su pausado relato, contó que trabajaban más o menos a 15 metros de altura, hemos trabajado a 30 metros, hemos puesto en canchas de fútbol, que tenían esas torres altas de 30 metros para las luces, las primeras que aparecían en la zona y tendíamos un cable de
una torre a otra y cruzábamos toda la cancha, hacíamos los espectáculos en la cancha de fútbol generalmente.»

-¿Sostener un auto acelerando en cada brazo, tiene algún secreto?
-No, no, lo que pasa que uno entrenándose y la naturaleza que ya te dio ciertas virtudes, más la práctica, es un conjunto de cosas. Donde cuesta, que uno lo logra con la concentración de tener más fuerza de la que tiene, es mental, el auto una vez que empieza a patinar ya hace menos fuerza, el asunto es hasta que empieza a patinar; en ese momento tenés que tener una concentración muy fuerte, después una vez que empieza a patinar ya es más fácil.
Lo mismo sucedía cuando se sostenía una camioneta en el pecho. «Eso lo he hecho con la fuerza de los pulmones, también mover el coche o la camioneta, moverla con la fuerza de aire de los pulmones, con la respiración y bueno, son cosas que uno las logra practicar».

Circo y campo.
Héctor recuerda que empezaron aproximadamente en 1968, que les gustaban los espectáculos de circo: «Íbamos a verlos y nos poníamos a practicar algunas cosas que ellos hacían. Se dio así, estuvimos hasta 1975, salíamos unos meses, 2 ó 3 meses, 5 meses, la última gira duró como 6 meses. Lo que pasa es que como nos dedicamos a la agricultura y la ganadería, no nos podíamos dedicar tampoco de lleno, entonces los espectáculos los hacíamos en el verano y llegó un momento que hubo que elegir. Aparte nacimos en una familia de agricultores, productores, ganaderos y seguimos haciendo eso hasta el día de hoy».

-¿Nunca tuvieron un accidente?
-«Accidente hubo una vez con la moto, mi hermano Osvaldo que saltaba los coches, en ese tiempo las motos no eran tan segura como las de hoy, era una vieja, le hicimos doble encendido por seguridad, también tenía doble bujía y todo, pero hubo un problema. Cuando subió para saltar se plantó el motor y cayó arriba de los coches. No fue fatal, tuvo un golpe en una pierna nomás, no tuvimos nunca una quebradura, nada, estamos enteritos, ni una quebradura ni nada. Era un espectáculo grande donde iba mucha gente y recorrimos mucho el sur, las provincias de Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, en muchos lugares estuvimos; hicimos más de 100 funciones».

La primera vez.
Osvaldo Leer, hermano de Héctor, tiene también sus anécdotas y complementa los recuerdos. «El primer espectáculo lo hicimos en el año 68 con improvisaciones, como todo comienzo. Yo tenía 18 años, lo hicimos en una convención luterana. Los pastores juntaban a chicos de todo el país y todos tenían que presentar algo, algo que entretenga para que todo no sea solamente religioso, nosotros teníamos un pastor que ahora está en Santa Rosa, muy alegre, que decía si la juventud no es rebelde, es muy enferma».
Aquella vez, «nosotros dijimos que podíamos hacer algo y en los comienzos dijimos que íbamos hacer equilibrio, a tirar una cuerda y hacer equilibrio, hacer algunas pruebas de fuerza y con el tiempo lo fuimos mejorando. Nosotros llegamos a caminar a 27 metros de altura,
de todas maneras si estás a 10 o 12 metros de altura es lo mismo y nunca se uso red de protección porque nos sentíamos seguro, el temor era más por un problema mecánico, los equilibristas a grandes alturas no son como los equilibristas de circo. Pero después mejoramos lo de la moto y llegamos a la conclusión que era más llamativo lo de la moto que lo de la carretilla. Era una tehuelche y una DKW que la tuvimos que reformar toda, porque no existía la motocross».

-¿Me cuenta el día que se le paró el motor de la moto?
-«Ese fue un accidente, que todavía hoy tengo en el lugar donde me pegué el golpe, en la pierna. Era una moto Sachs, más vieja que la DKW, varias cosas que tienen hoy la motocross la hicimos nosotros con doble amortiguación, doble encendido, porque habíamos descubierto que no podía fallar nada, se probaba un encendido, se cortaba ese y se probaba el otro, si los dos andaban bien se ponían los dos y ahí recién se soltaba. Desde ahí nunca más tuvimos un accidente, ni un golpe, llegamos a saltar varios autos, dependiendo la cancha. Para hacer mejor espectáculo se saltaban más autos y comparándolo con lo de hoy, es algo extraordinario, pero en ese momento era un gran espectáculo saltar 4 ó 5 autos y no tenía que tener la misma altura, podía ser una Ford F100. En el momento del accidente, lo único que hice cuando se paró el motor, fue mirar donde iba a caer. Caí y listo, fue el único accidente que tuvimos».

Únicos.
Para Osvaldo, en esa época había muchos circos, pero ellos habían descubierto que «ese tipo de equilibrio que hacíamos nosotros no existía, no tenían armado todo un espectáculo como el que teníamos nosotros. En principio era todo lo que tiene que ver con el equilibrio, después, la segunda parte, eran pruebas de fuerzas, como agarrar los autos de los paragolpes, y la ultima parte, era la de las motos.»
El final de los espectáculos de los hermanos Lehr llegó por cuestiones familiares y políticas. Dice Osvaldo: «Se cruzaron varias cosas familiares, políticas, en el mejor momento. Uno nos quiso llevar al Luna Park, otro nos quiso instalar toda una temporada en Mar del Plata, nunca fuimos y ya nos dedicamos de lleno a la actividad agropecuaria». De todas maneras, «si sabemos de algún espectáculo que viene cerca montamos el auto y nos vamos, comparamos con lo que hacíamos y a lo de hoy, se podría hacer prácticamente el mismo espectáculo y te lo dice la gente que nos conoce del pueblo».

* Corresponsal en Jacinto Aráuz