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Esty, la revelación

Netflix rompe esquemas con su primera serie en habla idish y se convierte en un ejemplo a seguir por el formato adoptado y su amplio catálogo de diverso contenido.

Alejandro Bazán*

Ligeramente basada en la autobiografía “Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots” (Poco ortodoxa: El escandaloso rechazo de mis raíces jasídicas) escrita por Deborah Feldman, Poco Ortodoxa cuenta la historia de Esther “Esty” Schwartz, una joven de 19 años que decide escapar de la comunidad judía ultraortodoxa Satmar a la que pertenece, en Brooklyn, Nueva York. Dividida en dos líneas espacio-temporales, una que narra el pasado de Esther todavía en su colectividad (a modo de flashback), donde conocemos sus costumbres y por consecuencia los motivos de su partida, y la otra en Berlín, destino donde decide comenzar su nueva vida. Esta división de mundos tiene importancia, más allá de lo narrativo, ya que la sección transcurrida en el pasado es la que está adaptada de las vivencias de la autora, siendo las acciones del presente, un relato completamente original y creado para la serie.

Presentación.

Dicho en palabras de la protagonista, la situación de la que ella proviene es “extraordinaria”, algo con lo que seguramente la gran mayoría de la audiencia de Netflix pueda coincidir y, por lo cual, era fundamental que la puesta en escena logre transmitir fielmente la vida y costumbres dentro de una comunidad desconocida para muchos. El trabajo de maquillaje, vestuario y escenografías son, indiscutiblemente, el mejor aspecto de Poco Ortodoxa, por cómo se complementan entre sí, y es que consiguen trasladar de manera inmersiva al público para entender mejor las razones que impulsaron a Esty a tomar las decisiones que tomó. El enorme esfuerzo por crear secuencias con grandes cantidades de extras, cada uno de ellos transformado a la par de sus colegas, demuestra cómo las creadoras de la serie se enfocaron más en desvelar el estilo de vida de los Satmar y el resultado es inmediatamente advertible. Una vista complementaria que explica el arduo proceso de creación, se encuentra también en la plataforma de streaming y es Making Unorthodox, un pequeño documental de tan sólo 20 minutos de largo y que vale la pena ser visto.

Guión.

Esta miniserie consiste de cuatro episodios, todos compuestos por un ida y vuelta constante entre pasado y presente, que ayudan a mantener un ritmo dinámico y de esta forma evitar el estancamiento del relato. Si bien las secciones del pasado son un ejemplo fantástico de realización audiovisual, lo mismo no se puede decir de los hechos transcurridos en Alemania. Lamentablemente, el guión se convierte en una muestra constante de ejemplos de desigualdad sexual, racial y religiosa entre diferentes culturas del mundo, sin ahondar a fondo de manera objetiva en las razones, motivos o fundamentos por los cuales esas “injusticias” ocurren, apelando a la empatía del público en vez de tomar partido, formulando una opinión o declaración marcada. Es de esta forma, como Poco Ortodoxa no aprovecha el enorme despliegue y marco para crear una historia memorable, y tan solo termina sintiéndose corta de ideas, buscando generar de su público una reacción a modo de shock.

Actuaciones.

Para su corta duración, Poco Ortodoxa emplea una cantidad enorme de actores y extras. El elenco principal se compone también de un gran número de personajes, todos diferentes entre sí abarcando un numeroso abanico de posibilidades narrativas. Afortunadamente los actores cumplen de manera sólida sus roles, pero es Shira Haas, la protagonista, quien se lleva todo el foco de atención con una performance maravillosa. Su rango actoral le permite estar a la altura de todo lo que el guión le pida y, en esta particular historia, tiene que atravesar diversos estados anímicos que la llevan de un extremo a otro, algo que puede cumplir sin dificultades y además verse muy creíble haciéndolo. Sus co-protagonistas no se quedan atrás, aunque por supuesto no se les exige ni apenas el mismo trabajo que a ella, pero siempre es importante para toda producción que los actores puedan recrear de manera verosímil el universo planteado.

El futuro audiovisual.

Desde su invención, el cine ha tramitado grandes saltos en su composición, desde la adición del sonido, el color y hasta la animación, todos y cada uno de ellos convirtiéndose en el siguiente paso evolutivo para que la audiencia pueda disfrutar más aún de este medio. Con la creación del formato serie y a través de los años, la televisión ha sabido establecerse como una competidora directa de las salas de proyección, y con la llegada de Netflix y otras plataformas de streaming, todo pareciera indicar que el modelo episódico será, probablemente, el próximo eslabón que ya cuenta con grandísimos actores, directores, guionistas y productores de cine trabajando en diferentes proyectos. Siendo una miniserie o serie limitada, Netflix se asegura de poder contar su historia en poco tiempo, sin necesidad de crear estrategias para retener a su audiencia entre las largas esperas que se producen con cada temporada. Un detalle de no menor importancia, ya que es la longitud y cantidad de episodios lo que mucha gente toma en cuenta antes de su próxima elección. Al mismo tiempo, la decisión de crear más y más contenido para abastecer la demanda y aprovechar el impulso de popularidad, puede ser el factor determinante en la pérdida de calidad narrativa, algo que suele desembocar en cancelaciones por pérdida de interés del público o, peor aún, en finales decepcionantes luego de años de anticipación y expectativas. Es esta decisión, entonces, la que puede marcar una diferencia significativa en el modo en que consumimos contenido audiovisual a futuro.

*Estudiante de Crítica de Artes – Universidad Nacional de las Artes