Inicio Caldenia “Faito” Baraybar: pasión sin límites

“Faito” Baraybar: pasión sin límites

HOMENAJE – HASTA LUEGO Y GRACIAS AL MUSICO PAMPEANO

En esta edición especial de Caldenia, celebrando el Día Nacional del Músico, recordaremos la faceta musical de Rafael “Faito” Baraybar, quien hace tan sólo una semana dio su último respiro, dejando un enorme legado artístico, personal y de vida.

Ana D’Atri *

Las partidas anticipadas siempre son un cachetazo que uno no ve venir; y más cuando se trata de personas que han participado activamente de tantas actividades como lo hizo “Faito” Baraybar en La Pampa. El músico, panadero y docente se despidió de esta vida el pasado domingo 17 de enero, día en que cumplía 69 años, dejando un sentimiento de vacío en cada persona que lo conoció. Sin embargo, la alegría que transmitió en vida hizo que la despedida fuera un poquito menos dura.

Este artículo pretende hacer justicia y dejar plasmado, al menos en parte, el recorrido musical de Faito. En palabras de su hija Jana y de su compañera de vida Irma; sumado a testimonios de músicos pampeanos, intentaremos reflejar quién fue y qué legados dejó Faito. Un apasionado en cada proyecto que se planteaba, una persona solidaria por naturaleza. Empedernido en sus objetivos, fue amado como esposo, padre y abuelo. Su despedida fue una celebración a su vida. Hubo un pelotón de ciclistas, música en vivo y una gran cantidad de amigos, amigas, familiares y ex alumnos que quisieron despedirlo de la forma que él hubiese querido: con alegría.

El instrumento que acompañó a Faito durante casi toda su vida fue el bandoneón, una herencia de su padre tanto en lo sentimental como en lo físico –tocaba el bandoneón de su papá–. Cuenta su esposa, Irma, que comenzó a tocar de chiquito, un poco obligado por su padre, que lo enviaba a tomar clases particulares y él iba aunque sin muchas ganas. “Cuando nos casamos tuvimos la panadería y dejó de tocar muchísimo tiempo. Cuando cerramos la panadería volvió al instrumento que amaba”, recuerda Irma. “Después de grande agarró la pasión por el bandoneón y quizás un poquito en homenaje a su papá. El era apasionado en todo. Era un laburante y muy solidario. En las bicicleteadas que hacíamos, si alguien pinchaba él era el primero en arrodillarse para ayudar, pese a los casi 70 años que tenía”.

Ante la partida de Baraybar, las redes sociales reflejaron el cariño y el respeto que se le tenía. En todo lo que emprendió, fuera como músico o como docente, demostró un gran compromiso siempre. “Ese apasionamiento que tenía lo tenía para todas las cosas. Cuando se involucraba en un proyecto lo hacía con toda su energía, haciéndose cargo de todas las facetas del proyecto. Estaba en todo hasta el final en cualquier cosa que hiciera”, asegura Jana, una de sus hijas además de Montserrat y Facundo.

Sueño cumplido.

Faito participó en muchas agrupaciones como bandoneonista. Fue miembro fundador de Atípica Orquesta, donde tocó desde el 2010 hasta la actualidad; fue parte de RuBa Tango Duo –junto a Pablo Ruggieri–, y participó en decenas de letras, composiciones e invitaciones especiales a eventos. En el último tiempo, estaba preparando un proyecto junto a “Bocha” Campo.

“Lo último que hizo como bandoneonista fue generar la escuela de bandoneones, que en realidad es una iniciativa de Roberto Sessa, que lo venía buscando hace 20 años para generar una escuela de tango y que papá fuera el que enseñara bandoneón. Papá fue sintiendo que no, hasta que el año pasado sintió que era un buen momento para hacerlo y aun estando en plena pandemia, sobre septiembre, empezó a motorizar el arranque de esta escuela, por lo menos la parte de bandoneón hasta que pudiera salir la orquesta de tango con toda su formación”, detalló Jana, que también es docente de música. “Armó un grupo de unos 10 alumnos a los que les dimos clases de lenguaje y bandoneón en un mes y armó un ensamble. Compuso una obra para este grupo inicial de bandoneones y algunos arreglitos para poder tocar. Eso fue un sueño concretado para él porque si de algo tenía intención era de multiplicar el bandoneón, un instrumento en extinción, y ha quedado un semillero de bandoneonistas re comprometidos, de gente joven que asume ahora el legado de seguir”, afirma su hija. “Eso fue un punto cumbre en su carrera como bandoneonista por la multiplicación que significa”.

Otra faceta de Faito fue la solidaria, tanto él como Irma, su compañera de 45 años. Junto a ella, todos los viernes hacían tallarines caseros para un merendero de nuestra ciudad.

“Como músico fue instrumentista pero también fue generador de cosas, fue acompañante de muchas otras, por muchos años. Yo creoquepertenece a una generación que está en extinción, de gente que ha militado por todo lo que ha hecho, políticamente, culturalmente, socialmente. Nosotros no sé si hemos heredado el apasionamiento y el compromiso con el que ellos asumieron su presencia y su posibilidad de transformación del mundo. Era de una generación de actores integrales, comprometidos con todo lo que hacían”, opina Jana, quien sin dudas heredó la faceta musical de su padre.

Atípica.

Como recordamos antes, Faito fue uno de los fundadores de Atípica Orquesta, junto a Manuel Neveu y Paola Bergsma y demás músicos. “A Faito y a Beto (Cornejo) fue a los primeros que fui a ver para formar la Orquesta. Tocamos por todos lados, por distintas localidades de La Pampa y en Buenos Aires”, contó Neveu. “Era el primero en llegar al ensayo, siempre se prendía en toda locura que se me ocurría, o te traía alguna idea para hacer o para resolver algo que nos tenía trabados; tenía un empuje increíble”.

“El se reía mucho cuando discutíamos con el Beto, otro grande que se nos fue. Capaz que era por una nota y el Faito nos miraba y decía ‘bueno, voy a poner el agua para el mate porque esto viene para largo’”.

Con Atípica, Baraybar grabó un primer demo de cuatro canciones y un disco, que casualmente saldrá en los próximos días. “Ahí inmortalizó su bandoneón, va a ser duro escuchar el disco, pero con alegría porque sabemos que está ahí, que grabó con nosotros, que pasamos muchas horas juntos en el estudio”, sostuvo Manuel.

Coros.

El ambiente coral también tuvo la suerte de contar con la participación de Faito. “Siento muchísimo la pérdida del Fai, un tipo que yo quise y quiero mucho”, expresó el director coral Mario Figueroa. “Lo primero que hicimos con él fue en el 2011, él acompañó al coro Ayuntún cuando el coro grabó su disco celebrando sus 25 años y tocó el bandoneón en Cambalache. Después comenzó en el coro de la Fundación Colegio Médico, hicimos viajes a campamentos corales de Gesel, viajes a Córdoba, un montón de conciertos en el interior de la provincia y lo último que hicimos grande fue un espectáculo integral que se llamó El amor en los tiempos del odio, que era una recopilación de poesías y de música de autores latinoamericanos. Ahí Fai e Irma trabajaron mucho para lograr una ornamentación del salón del Colegio Médico”, detallo Mario. “En el 2010 comenzó a trabajar conmigo en el coro Marcelino Catrón como docente integrador hasta el 2016 que se jubiló y realmente para mí trabajar con él fue un aprendizaje muy grande, desde la concepción humana de la labor docente. Aprendí mucho con Fai, hicimos un gran equipo. Un día estaban dos chicos del coro peleándose, uno arriba del otro sopapeándolo mal y cuando yo estaba por retarlos a la manera docente represora, viene el Fai de atrás, saca al que estaba arriba pegándole, y le dice ‘correte, correte, que le doy yo’ y se hace el que le empieza a pegar al que estaba en el piso. Con esa actitud desarmó el conflicto, se empezaron a reír los chicos y yo me quedé maravillado de cómo podía resolver con nada una situación que para otro docente hubiera sido un punto de conflicto”.

“Me ayudó mucho Fai en momentos en que no le encontrábamos la vuelta al coro, era muy difícil lograr continuidad en los y las estudiantes y él siempre tenía una mirada positiva y así consolidamos un grupo con una potencia terrible. Queridísimo por todos los chicos y chicas del coro, costó mucho su alejamiento”.

Otros compromisos.

Faito también compartió muchos proyectos con el músico Ernesto Del Viso, quien se sumó a esta ola de testimonios en su honor. “En el 2008, a partir de junio, como funcionario de Cultura provincial, me acompañó toda la gira que hicimos sobre los 100 de Yupanqui: Acha, Guatraché, Realicó, General Pico, Lonquimay y Santa Rosa”, recordó. “El 4 de diciembre del 2017 actuamos juntos en la presentación del libro sobre el viaje a cuba, un libro de Marta Arangoa y Edgar Morisoli. En el 2019 grabamos en bandoneón y Verónica (Baraybar) en piano, ‘La Manuel Ferreyra’ de Chela Gentile para el ciclo Las voces del interior que Edgar Morisoli organizaba para la APE. Esa grabación la hicimos a mi pedido porque en ese tiempo yo tenía muchos problemas de salud familiar y tenía miedo de no poder asistir ese día; esa limitación mía nos llevó a que estemos unidos por la eternidad. Juntos hemos compuesto una zamba: Alforjita de la vida, en el 2019; aunque lo primero que hice con Faito fue cantar su canción infantil Trula Pampa, en el cierre de Talleres de composición de Alberto Suárez”.

Docente full time.

Rafael Baraybar ejerció la docencia en todos los aspectos de su vida, no sólo en las aulas de los colegios. Fue un docente totalmente entregado a sus alumnos y alumnas, y tenía ese don que no todos los maestros tienen, que es el de generar vínculos personales muy fuertes. “Papá hasta como panadero fue docente porque participó en la escuela de panadería y en la cárcel de menores enseñando panadería. Una necesidad de multiplicación tenía mi papá. Todo lo que le preguntabas te lo iba a enseñar con una generosidad enorme”, expresa Jana.

Por su parte, su compañera de la vida contó que en los últimos días recibieron mensajes de muchas personas agradecidas por lo que les dio Faito. “Ha sido una vida de lo más intensa, hermosa, prolífica y con ese apasionamiento por todo lo que hacía”.

– Jana, ¿cómo fue Faito como papá y abuelo?

Un apasionado. Como papá generoso sin límites. Antes de poder decir “Papi podés ve…?”, ya lo tenías ahí para lo que fuera. Fuera para empujar el auto, o para colocar una persiana, para tomar un mate, para ver un partido, para ir a nuestros conciertos, siempre estaba. En ese sentido una generosidad muy grande. Nunca se negaba a nada, desde lo material hasta su palabra o su silencio. Como abuelo igual, mi hija particularmente tiene una huella muy marcada de él, desde su militancia política, en la persecución de sus ideales, en la herencia peronista, en la herencia musical. Acaba de recibirse de docente de música y ella se siente muy heredera del legado de su abuelo. Otros han heredado su pasión por los deportes también.

– ¿Y como esposo como fue Irma?

Como esposo excelente, siempre atento a que yo esté bien. Solidario, yo siempre estuve primera, nunca exigió nada, todo estaba bien, el luchó toda su vida para que yo estuviera sonriente, contenta. Lo mataba que yo estuviera enojada. En 45 años de casados nos hemos recontra peleado pero siempre estuve yo primera antes que él. Una atención constante, de traerme flores, hacer el desayuno, una unión para todo. Muy compañeros. Y ahora me doy cuenta que en todas las fotos que sacamos estamos siempre uno al lado del otro. Nos mirábamos y sabíamos lo que nos queríamos decir, muchas veces soñábamos lo mismo; incluso dormimos cucharita hasta el último día, hasta que no nos apretábamos bien apretaditos no nos dormíamos.

Me da tanta rabia, porque él estaba para acompañarnos muchos años más y tenía muchos proyectos.

Legado compartido.

Completan la familia Baraybar los nietos Micaela, Juan Bautista, Ari, Iñaki, Antu y Pedro. En cada uno de ellos y ellas, quedará para siempre la huella de su abuelo Faito.

Y en músicos, artistas, compañeros de docencia, alumnos y ex alumnos y alumnas, ciclistas y demás amigos, perdurará la imagen de alguien que dejó su legado en el mundo. De alguna u otra manera, entregó todo lo que pudo, cada vez que tuvo la oportunidad. Sin dudas ni titubeos ayudó a quien lo necesitara, sin esperar nada a cambio.

* Periodista