Genocidio y sobrevivencia

Genocidio y Sobrevivencia, editado por Nilda Redondo, es el resultado de un trabajo interdisciplinario en el marco de un proyecto de investigación denominado Genocidios en la Argentina, siglo XX (1974-1983), siglo XIX (1865-1880).
Nilda Redondo *
El primer trabajo fue publicado por la EdUNLPam como libro de interés regional en 2017 y se llamó De la Conquista del Desierto a la Doctrina de la Seguridad Nacional. Este que aparece en 2018 ha sido publicado por Ediciones Amerindia y fue solventado enteramente por sus autores: Micaela Gaggero Fiscella, Elvio Monasterolo, Mariano Oliveto y Nilda Redondo.
Se concentra en el genocidio del siglo XX, el perpetrado en torno a la última dictadura militar de la Argentina, entre 1974 y 1983. Se toman especialmente los efectos del genocidio en los intelectuales, artistas y escritores del período. Se han seleccionado teniendo un espectro amplísimo desde el punto de vista de sus concepciones político ideológicas, porque lo que se busca demostrar es la “polifonía” de la destrucción, así como también la capacidad de resistencia de los agredidos.
A aquella diversidad respondieron de manera precisa en cada caso: Roberto Santoro y Miguel Ángel Bustos, militantes del PRT, secuestrados-desaparecidos; Daniel Moyano y Antonio Di Benedetto, prisión y luego exilio; María Elena Walsh, autocensura y censura. Lxs hacedores de la revista Nuevo Hombre sufrieron secuestro, desaparición y tortura seguida de muerte de manera numerosísima; otros y otras, exilio; algunxs, cárcel; todxs, censura. Este ensañamiento con el FAS -Frente Antiimperialista por el Socialismo-, al que estuvo ligado la mayor parte de su existencia Nuevo Hombre, tiene que ver con el tipo de confluencia producida en él:, guevarismo, peronismo y cristianismo revolucionarios, anarquismo, sindicalismo de base, PRT, PC(M-L) maoísta, entre otros.

Contra rojos.
Durante el imperio de la teoría de un solo demonio en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, los rojos fueron el blanco absoluto. Con los intelectuales, artistas y escritores se tuvo especial saña, tal como cuenta uno de los militantes del PRT, Haroldo Conti, en su novela Mascaró de 1975. Eran los malditos intelectuales de los cuales había que desconfiar; no se pudo soportar la mezcla real y amplia de intelectuales y obrerxs; que lxs artistas y escritores fueran organizándose como trabajadorxs en frentes específicos; que su arte fuera proletario sin ser sumiso a consignas partidarias como había planteado el stalinismo que, además, sostenía en esa época que no había posibilidad próxima de revolución.
A fines de la dictadura e inicios de la democracia, durante el período alfonsinista, devino la Teoría de los dos demonios, consagrada en el prólogo del Nunca más de la mano de Ernesto Sábato: los demonios habían sido de derecha y de izquierda. Por eso, luego de las leyes de la impunidad Obediencia Debida y Punto Final, sobrevino el Juicio a las Juntas que se llevó a cabo no sólo con las cúpulas militares sino contra los jefes guerrilleros (lo que quedaba de ellos). Pero esta teoría fue una coartada para, en realidad, seguir incomprendiendo el genocidio y lavarse las manos al respecto.

Complejidades.
Comprender cabalmente las consecuencias que posee un genocidio en la sociedad actual no es fácil; ni es tarea sólo racional. Las capas de la memoria severamente trabajadas para el ocultamiento y la negación contaminan las producciones y las percepciones. La tarea de antigenocidio debe ser constante y darse en todos los planos: los cotidianos, en los colegios, con las investigaciones, en los actos políticos; a través de los medios de difusión.
Con el aporte de estas investigaciones, desarrollamos contradiscurso. En primer lugar, negamos que todas las tendencias revolucionarias hayan sido antiintelectualistas y que hayan dejado de producir en el terreno simbólico y artístico, teórico, político y científico porque sólo se abocaron a tomar el fusil. Es que el despliegue insurreccional fue mucho más extendido que las meras organizaciones guevaristas y peronistas que se armaron con una lógica de guerra popular prolongada y el desarrollo de poder popular o doble poder.
Además, porque a medida que se va andando se toma conocimiento de que el despliegue artístico, intelectual, sociopolítico que se produjo fue altísimo, sólo que ha estado borrado, ocultado, desmentido, bastardeado a partir del silencio que produjo la muerte. En este sentido, la publicación de la revista Nuevo Hombre por la Biblioteca Nacional en 2015 permite la resurrección, como dice Mijail Baktin, de parte importante de aquellos sentidos.

Arte y política.
En Nuevo Hombre me encuentro con un documento relativo al vínculo entre arte y la revolución: es el producido en 1938 en México por León Trotsky, André Bretón y Diego Rivera; se suman en él las experiencias anarquistas, surrealistas, el muralismo mexicano y el trotskismo, con una fuerte reivindicación del acto, la intervención y la libertad en terreno de lo estético. No hacer una estética de lo muerto sino una praxis del arte y la política en acto; por fuera de las rigideces racionalistas, porque para eso está el surrealismo bretoniano. Yo había trabajado con la obra de Haroldo Conti y leído el artículo que publica en la revista Crisis en 1974 “Compartir las luchas del pueblo”, en el que decía que estaba dispuesto a luchar hasta morir -si era necesario- por la liberación de los pueblos, pero que el arte era el terreno de la pura libertad. Ahora, al encontrar el documento “Por un arte revolucionario independiente”, terminé de entender. También comprendí porqué eran peligrosos estos intelectuales: es que operaban asociativamente, siguiendo la larga tradición marcada por “los” Arlt y “los” Raúl Gonzalez Tuñón. En los reportajes, entrevistas y diversas notas aparecidas en Nuevo Hombre se habla en nombre de las asociaciones de intelectuales enfrentadxs a los individualismos típicos de quienes están al servicio de la burguesía y siguen la rueda del sistema de dominación. Además, lxs revolucionarios tenían claridad respecto de no participar ni recibir becas o ir a encuentros que estuvieran solventados y promovidos por el imperialismo. Se encontraban bajo el signo del Congreso Cultural de La Habana de 1968; y también del modelo de intelectual que buscaba crear el maoísmo con su revolución cultural, entre 1966 y 1968.
Desfilan por las páginas de Nuevo Hombre cobrando vida -la vida que da la palabra escrita y la imagen-, Cine Liberación de Octavio Getino y Fernando Solanas, y Cine de Base, de Raymundo Gleyser; Teatro del Oprimido de Augusto Boal, exiliado por esas épocas en Argentina, entre 1971 y 1975. Las concepciones de Herbert Marcuse, Jean Paul Sartre, Che Guevara y su “Socialismo y el hombre en Cuba”. Y es una obra de arte en acto, multifacética estética y políticamente, el número especial del primer aniversario de la Masacre de Trelew. Masacre que, como sucede en los momentos de auge revolucionario, embraveció al pueblo en vez de aplastarlo.

Clandestinidad.
También se siente en NH la respiración del acoso paramilitar a través de las amenazas y las muertes, asimismo la clandestinidad en que debe realizarse la revista en su último período cuando está bajo la dirección de Manuel Gaggero, casi el único que firma las notas por cuestiones de seguridad. Pero se publica, aún así, hasta el golpe de Estado y en sus últimos números hay conciencia del avance del fascismo y del cierre del cerco derechista sobre el campo popular y revolucionario.
De este mismo lugar político provienen dos de los poetas que analizo en sendos capítulos: Roberto Santoro y Miguel Ángel Bustos. Santoro con su poesía de corte anarquista y circense, cargada de dardos agudos contra el sistema que deplora por represivo y falaz, hambreador de lxs pobres a lxs que los que vuelven más pobres cada vez; activo militante del Frente de Trabajadores de la Cultura; y Bustos, surrealista que anticipa la destrucción del genocidio que se ensañará con su propio cuerpo, en El Himalaya o la moral de los pájaros, de 1970.

Navíos y borrascas.
En nuestro libro, Mariano Oliveto mira desde Libro de navíos y borrascas, novela de Daniel Moyano, cómo se nos deshacen en las manos desaparecidos y exiliados. Cómo las marcas de la tortura son eludidas en la escritura pero por eso mismo son más horrorosas. Asimismo, el peso que tiene en el relato de un nacionalista popular revolucionario, el pasado de la montonera del siglo XIX; la tradición del crimen político vuelta arquetipo con el injusto fusilamiento-asesinato de Manuel Dorrego.
Trabaja, en otro capítulo, con la figura estoica de Antonio Di Benedetto, recordándonos las bandas paramilitares del Comando Moralizador Pío XII de Mendoza cuando realizaban experimentos de tortura con las mujeres en situación de calle y quienes ellos habían declarado subversivos. Di Benedetto, un escritor liberal de la revista Sur, amigo de Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, existencialista de Albert Camus, de ninguna manera de acuerdo con la lucha armada ni guevarista ni peronista; tampoco afín a ningún partido de nueva izquierda insurreccionalista, sin embargo, resistió las órdenes de censura siendo subdirector del diario Los Andes; salvó muchas vidas al publicar los listados de los detenidos; nombrarlos hizo que los tuvieran que colocar a disposición del poder ejecutivo. Eso le valió el odio de los dictadores represores. Estuvo preso, fue fusilado en simulacro cuatro veces. Fue mandado al exilio. Y eso lo demolió. Su detención había sido denunciada por ANCLA de Rodolfo Walsh y también mencionada por Roberto Santoro en la carta que escribe a la Confederación de Escritores Latinoamericanos con sede en México el 3 de junio de 1976.

Jardín de infantes.
Micaela Gaggero Fiscella toma el artículo de María Elena Walsh “Desventuras en el País Jardín de infantes”, que publica en Clarín el 16 de agosto de 1979. Lo contrasta con el folleto del Ministerio de Cultura y Educación de facto, distribuido desde 1977 en los establecimientos educativos, desde jardín de infantes hasta universidades, llamado Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo); lo hace para poner en evidencia la total verdad de M. E. Walsh respecto de que nuestra sociedad si no resistía, se salía, se revelaba, aun habiendo estado a favor del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, iría para mal, para la minusvalía, la sumisión y la inconsistencia. Esta cantante, poeta, periodista anunciaba así en el terrible año 1979, el punto final de la dictadura; la asfixia que había producido no sólo era de los cuerpos de los llamados subversivos sino además, de los ciudadanos comunes, algunos de los cuales le habían dado su consentimiento. Los ecos de la “subversión en el ámbito educativo” acusando de peligrosos a los que enseñaban a los niños y las niñas a ser libres y creativos, estaban mostrando los huesos corroídos de la propia sociedad.

Dos demonios.
Elvio Monasterolo nos despliega aspectos de la Doctrina de la Seguridad Nacional y cómo deviene la Teoría de los dos demonios. Su perspectiva es histórico-política. Continúa en la sintonía de nuestro libro anterior; viene a demostrar cuán importante es entrelazar los discursos políticos, sociales y literarios, culturales y poéticos. Cómo ya no se puede sostener más que la sola verdad está en lo llamado no ficcional como asimismo, no es posible seguir alimentando el empañamiento de esa verdad con concepciones puramente abstractas del arte y de la literatura.
La selección de intelectuales no ha sido fortuita. Estuvo orientada a desplegar los diversos registros en que operó el terrorismo de Estado y cómo su actuación se enmarcó en una concepción más amplia que es esa Doctrina anticomunista y nacionalista que refiere Monasterolo.
Además, lo que queremos una vez más transmitir es que fue Genocidio pero que hay Sobrevivencia, que se resistió a la barbarie con esa palabra escrita que luego de más de 40 años vuelve y vuelve para estropear las victorias de los que creyeron que el pasado revolucionario se había enterrado para siempre. De las fosas comunes y de los lagos y los mares no sólo vuelven los fantasmas que nuestros enemigos supieron constituir. Vuelven también las flores renacidas en medio de la hostilidad del cemento, tal como se representa en la tapa de nuestro libro con foto de Alejando Urioste. Decimos Genocidio y Sobrevivencia, Literatura de la revolución y resistencia a la barbarie. Argentina 1970-1980 porque se trata de los dos movimientos: los que te buscaron aniquilar y que dejaras de existir también para la memoria; y los que sostuvieron su palabra, su poderío existencial, aún en los huecos de la muerte. Produjeron así sus ecos en el presente y se constituyen en esa gran masa de enunciados con los que polemizamos y nos sobreponemos ante los que siguen pensando que nos vencieron.

*Escritora e investigadora, UNLPam