Imágenes sin palabras

Walter Cazenave* – El viejo aserto que expresa “vale más una imagen que mil palabras” bien puede ser aplicable a la Historia; más, si la comprendemos como entidad reflexiva y de orden sistemático para con el acontecer humano.
La especulación viene a cuento al ver la fotografía aparecida en los últimos días, donde se muestra el primer plano de una madre con su niño de pecho en brazos, con lo que queda de la Mosul bombardeada como fondo. El patetismo y la expresión de la imagen, aparecida en medios de todo el mundo, dejan en un segundo o tercer plano el encuadre y sentido estético del fotógrafo que tomó la instantánea, cuyo nombre no está especificado por otra parte.
Es que la fotografía periodística y las guerras o las situaciones anormales siempre han estado relacionadas y algunos de sus ejemplos, aunque dolorosos, han pasado a la historia.
Al respecto, el primer caso que viene a la memoria es la famosa toma del fotógrafo húngaro Robert Cappa titulada “Muerte de un miliciano”, en la que se muestra a un soldado de esa condición en el momento preciso en que es abatido por un balazo en el pecho, durante la Guerra Civil Española. La fotografía se hizo célebre por su expresividad y sirvió de imagen promocional del tan celebrado documental “Morir en Madrid”.
Otra toma muy conocida y promocionada es la que registra a un grupo de soldados estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, plantando en una altura de Iwo Jima la bandera de las barras y estrellas. Esa toma, emblemática para los norteamericanos, tuvo múltiples publicaciones, aun sellos postales, y fue reconstruida en un monumento emplazado junto al cementerio nacional de Arlington, en Washington.
Siempre dentro de los simbolismos fotográficos en la guerra no es de menor significación la toma que muestra a un soldado de las tropas soviéticas plantando la bandera de la hoz y el martillo en la cima del Reichstag, antaño centro del gobierno nazi, cuando los rusos ocuparon Berlín. De hecho la foto impresiona también por la situación en que fue tomada, no carente de riesgo por la altura.

Napalm y niños.
De un patetismo desgarrador es la imagen de un grupo de niños vietnamitas, desnudos algunos, huyendo aterrorizados y llorando tras un bombardeo norteamericano con napalm, durante la guerra que asoló aquel país.
De la misma contienda data una toma singular: la de una menuda guerrillera vietnamita apuntando con su Kalshnikov a un enorme soldado norteamericano, que marcha prisionero con las manos en la nuca.
Dolorosa, aunque también cargada del simbolismo de la esperanza en medio del desastre y la inhumanidad, es la fotografía tomada a un maestro que, en el descampado y con el fondo de las ruinas de Hiroshima víctima de la bomba atómica arrojada sobre una ciudad abierta, da clase a los niños en medio de la precariedad y el horror.
Hay que reconocer que varias de estas fotos, de autores anónimos o poco conocidos, en su momento procedían de la agencia estadounidense United Press, que ubicaba la expresividad y el valor de la proyección fotográfica por sobre cualquier tendencia patriótica.
No mucho tiempo atrás horrorizó y conmovió al mundo la imagen del pequeño ahogado, arrojado por el mar a las costas de Turquía. La fotografía, acaso de las más expresivas en su patética inmovilidad, es una síntesis de la tragedia de los inmigrantes del Cercano Oriente que huyen hacia Europa escapando de la guerra y la miseria en sus países de origen.

Momento exacto.
Hay que reconocer que, a veces, al oportunismo del fotógrafo se suma la casualidad. La célebre imagen de Ernesto Che Guevara -que se ha convertido en un icono de quienes idealizan la idea de un mundo mejor- fue tomada por Alberto Korda en La Habana, durante el sepelio de los muertos por la explosión del barco La Couvre, víctima de un sabotaje. La famosa fotografía ha sido considerada por algunos críticos como uno de los diez mejores retratos fotográficos de todos los tiempos y es la más reproducida de la historia. El autor confesó su sorpresa al revelar la foto y ver la expresión que había captado.

¿Espontaneidad?
Para el final, dos referencias cuanto menos curiosas. Al comienzo de esta nota se ha aludido a dos fotografías famosas: la que muestra la ubicación de la bandera estadounidense en una loma de Iwo Jima, en medio de una batalla feroz y la del preciso momento en que una bala mata a un miliciano en la Guerra de España. Al parecer las cosas no fueron tal como las pinta y sugiere esas imágenes. De la primera de ellas algunos críticos dicen, apoyándose en pruebas no del todo bien conocidas, que si bien originalmente una escena similar existió, después -ya fuera del escenario bélico- se la preparó y ejecutó hasta alcanzar la estética y expresividad deseada.
Lo de Robert Cappa parece más definitivo. Según noticias de algunos años atrás, entre las pertenencias de Cappa (muerto en 1954) se había encontrado un negativo de 35 mm. donde la muerte del miliciano se repetía con variación de gestos y posturas, lo que, obviamente, demostraba la no espontaneidad de la foto.
Lo curioso es que, más allá de estas verdades o desenmascaramientos, la elocuencia de estas imágenes ( y las de otras que se han comentado) se impuso por sobre las posibles críticas y siguen teniendo la categoría de símbolos.
* Geógrafo