Jolly Land: la chica de la sonrisa

Claudio R. Gómez *
A veces resulta dificultoso descifrar las letras del rock. El álbum “Artaud” de Spinetta (aunque salió a la venta con la autoría de Pescado Rabioso por cuestiones de mercado) es un claro ejemplo de ello. Allí se celebra el misticismo críptico del poeta francés Antonin Artaud, a quien Spinetta estaba leyendo en aquel tiempo. Era el surrealismo. Antes de Spinetta, en 1926, el escritor y poeta André Breton, definía al surrealismo como un “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. El rock, muchas veces recogió ese desafío, al punto extremo de que algunas de sus letras resultan casi incomprensibles, pero se cantan igual. Sin embargo, este procedimiento artístico puede ofrecer una cara y -como toda moneda- una cruz: la de las narrativas que parecen complejas, pero son bien simples si conocemos un poco del pasado que las inspiró. Es el caso del tema de Serú Giran, en el que se alude a un fenómeno musical de los años 60 y se titula “Mientras miro las nuevas olas”. Es oportuno transcribir su primera estrofa para entender la referencia: Saben los que te conocen / Que no estás igual que ayer / ¿Te acuerdas de Elvis cuando movió la pelvis? / El mundo hizo ¡Plop! y nadie entonces podía entender / Qué era esa furia / Pues bien el muchacho se hizo rico y entonces / Las dulces canciones conquistaron las señoritas / A papá y mamita / ¿Te acuerdas del Club del Clan y la sonrisa de Jolly Land? / La música sigue pero a mí me parece igual.

Olas.
No es necesario ser un agudo historiador para entender esta letra. Basta con consultar a algún adulto mayor de 60, para que la cuestión se aclare. En este caso, la pregunta es simple ¿Quién fue Jolly Land como para que su sonrisa ocupe una línea en la composición lírica de Charly García?. El título de la canción (“Mientras miro las nuevas olas”) nos sugiere la vista de alguien sobre el correr de las modas. Olas es modas. Alguien está reflexionando al tiempo que recuerda la manera en que las costumbres se suceden una a otra y elige describir la primigenia, la que guarda en su nostalgia, por eso quienes conocen a su interlocutor abstracto “saben” que no está igual que ayer. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismo”, diría Neruda. Tanto es así que Jolly Land ya no está físicamente entre nosotros, pero el autor aún recuerda su sonrisa como una marca de época, como una huella profunda. Y, otra vez ¿Quién fue Jolly Land?.
De rostro regordete, nada especial para una era televisiva en la que la flacura insensata no era un mérito sino falta de olla, Jolly supo ganarse un lugar entre las más importantes figuras de la música entre los 50 y, sobre todo, en los 60, cuando llevo su gracia al programa juvenil “El Club del Clan”, que transmitió Canal 9. Hablar de ese club de cantantes-bailarines es hablar de un furor, tan emotivo y exagerado como el que expresaban los fanáticos de Elvis u otras bandas. Las uñas de las chicas se clavaban en su propio rostro y en sus dedos dejaban mechones de cabello cuando asistían a las citas del Club del Clan. Allí, donde como en una película de roles, donde cada actor encarna un estereotipo, Land era “La chica de la sonrisa”, mientras otros, usaban pulóveres extraños o camisas hawaianas. Ese era su mote y su karma: no podía nunca, bajo ningún pretexto, dejar de sonreír.
Una vida.
Había nacido en Rosario con el nombre de Yolanda Magdalena Puccio. A los 21 concursó para cantante en un certamen organizado por la radio LT8. Se casó y, rápido, se separó. Ese no fue el único vértigo de su vida: decidió viajar a Buenos Aires. Yolanda se convirtió en Jolly y pasó a cantar jazz en algunos boliches nocturnos de la concurrida cartelera porteña. A los 26, cantó en Radio Splendid. Un año después consiguió lugar entre las huestes de Blackie (una especie de Susana más inteligente) e ingresó al Canal 7. En ese canal tuvo su propio programa: En lo de Jolly a las 20. En 1960 trabajó en el programa Tropicana. En noviembre de 1960, el empresario ecuatoriano Ricardo Mejía -gerente artístico de RCA Víctor Argentina- la contrató para grabar un disco junto a Violeta Rivas y Mariquita Gallegos, todas enroladas en el asunto de la “nueva ola”. Land estaba en el peldaño más alto de su carrera cuando se casó con Mejía. Juntos pensaron y llevaron adelante El Club del Clan. Un éxito de proporciones. Pero otras inversiones de Mejía no resultaron tan exitosas: un día dejó el país, a Jolly y un montón de deudas para radicarse en los Estados Unidos. Mientras tanto, Jolly consiguió trabajo en la sede rosarina del Ministerio de Bienestar Social. Más que en algún programa de TV evocativo, no consiguió pantalla. Falleció en Buenos Aires el 29 de agosto de 2008, un día igual que hoy.
* Periodista y docente de la UNLPam.