miércoles, 16 octubre 2019
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Jozami o la ficción como germen

"HUESO AL CIELO", NUEVA PUBLICACION DE AUTOR PAMPEANO

Hueso al cielo es un libro de cuentos de Nicolás Jozami que llega después de La quimera, El brillo gemelo y La Joroba del Edén. Temáticamente, los relatos parecen constituir una reflexión sobre el acto de escritura, la ficción literaria, en lo que tiene de actividad contemplativa.
Gisela Colombo *
Ese mirarse al espejo suscita otros subtemas de reflexión psicológica.
«Hueso al cielo», el primero de los cuentos, narra la historia de una pareja que ve interrumpida su siesta por algo que el mismo narrador advierte «Tal vez es un sueño.» Una nave espacial se ha instalado sobre los edificios como una amenaza del desembarco inminente de alienígenas. El discurso fusiona las expectativas con que la ciencia ficción concebía el futuro en los albores de la era tecnológica, y la realidad actual, su definitiva realización.
La referencia directa a la ciencia ficción cinematográfica y a Elige tu propia aventura, la colección de libros interactivos de los ochenta, hacen pensar en un episodio que tal vez no sea un sueño, sino una lectura. «[…] coinciden en que la cosa que está en el cielo tiene algo raro, como algo antiguo que quiere imponerse al presente. O dicen palabras que tienen ese estilo y ese tono…»
Verónica desaparece del departamento. La incomunicación entre ellos, y entre unos vecinos en la misma condición, se explicita en el hecho de que ninguno lleva consigo el teléfono personal. Desde el punto de vista alegórico, esa nave podría ser el temor antiguo a la tecnología, pero también la red que nos vigila desde los satélites, cuya existencia imaginaba la ciencia ficción y hoy es una realidad deshumanizante, aunque su presencia no sea tan visible como la nave.
Muchas de las ficciones futuristas de años ha describen un porvenir gris. Aquí la omnipresencia de ese color parece referir a lo mismo: «[…] que el reencuentro de ellos se demore tanto como esa innegable verdad del corazón, sentida por él en una siesta gris de verano.» Los dolores actuales no son tan espectaculares. No será una invasión alienígena la caída. Lo íntimo, lo cotidiano es lo que terminan matándonos.
El autor nos invita a observar cómo un hecho extraordinario o la simple imaginación de un hecho extraordinario (ficción) produce el cambio de perspectiva necesario para ver genuinamente. En la inercia del mundo diario, las situaciones se aceptan con cierta resignación, como las únicas realidades posibles. Pero cuando un hecho sacude el tiempo ordinario, se manifiesta la verdad. En este caso, la disolución de ambas parejas.
La ficción es reveladora de la verdad esencial, si se lee con atención.

Los contrarios.
«Mordiscos» es un cuento signado por los contrarios, por ese contrapunto entre la mirada cotidiana y un poco banal y la irrupción de verdades que llegan desde el mar, desde el pasado, desde la tragedia. Específicamente desde el hundimiento trágico del Crucero General Belgrano en la guerra de Malvinas. Un bañero de Mar del Plata comienza a hallar una tras otras dentaduras postizas en medio del mar. Como trasfondo, «La punta de las olas, blanca, su caída torpe pero elegante antes de hacerlo, con movimientos azules, son mordiscos que el mar le mete a la costa, sin comérsela nunca, como queriendo decirle algo.» Aquí parece que la eternidad del mar desde la muerte roe un poco las frivolidades de los hombres comunes.
«Las veo. Las dentaduras son como bebés. No pueden hablar. Pero guardan, o deben guardar lo que sus dueños se olvidaron de decir.»
Son el recuerdo de quienes murieron en Malvinas. «Pero hay gente y gente. La dañina y de la otra. La que se acuerda y la que no.» El mordisco es ese dolor que, por ignorado, regresa una y otra vez como las olas del mar eterno. Aquí, la mirada del que prefiere olvidar, el que piensa que cuando la verdad resulta dolorosa es preferible olvidar.
Por ello, el epígrafe reza «La verdad es la primera víctima de la guerra.»
La ficción es, en ocasiones, la voz de los dolores olvidados o evadidos, de aquello que se ha silenciado.

Lo perverso.
«Ese gato sonreía» es un relatoque sugiere la analogía entre la animalidad humanizada en el sonreír del gato y la humanidad animalizada de quien abusa de un sobrino menor. La mueca del animal es imagen de lo perverso. «Para mí que ella también había visto a Ludovico en ese gesto. Era adulta, y si no decía nada, yo entendía que un secreto que guarda un grande es intocable para que lo largue un chico así porque sí.» La mujer somete al niño a un silencio amenazante. «La tía me dijo que cuando los gatos no están, es porque van a aparearse, o a veces se van y no vuelven cuando saben que se van a morir».Sutilmente planteado, el niño bien podría interpretar la obligación de optar, como el gato, entre la sexualidad y la muerte.
La ficción también habla en el lenguaje de la imagen. Los símbolos y alegorías conviven con el plano literal. Y en la literatura de Jozami son señales permanentes para una hermenéutica profunda de los textos.

Nuevas palabras.
«Neologismo» propone la mayor señal para comprender el carácter de reflexión sobre la literatura que constituye «Hueso al cielo».
El orden establecido en un grupo de jugadores de truco incomoda a Octavio, quien detesta a Ismael Alarcón en reserva. Su ardid consiste simplemente en incorporar un elemento nuevo al grupo para desafiar el equilibrio frágil en el que se sostiene. Equilibrio que permite las bravuconadas de Ismael y obliga a los demás a someterse.
«Así funcionaba el razonamiento de Peralta: ante una nueva necesidad -el odio a Alarcón-, había que crear algo nuevo, -eliminar a Alarcón-; para ello había que inventar una nueva palabra, un nuevo modo de relación que moviera lo dado; eso se conseguiría trayendo y manteniendo a un nuevo integrante en el grupo. Y eso se produciría hasta que ese neologismo, esa novedad en el grupo de paisanos, volviera a poner en orden las cosas;»
Creación de nuevas palabras como armas de combate.
Octavio simplemente invita a un nuevo jugador a las partidas y con ello rompe el equilibrio de la estructura.
Las nuevas tecnologías, el descubrimiento de objetos que no se conocían y otras novedades por el estilo van generando necesidades expresivas nuevas. Para buscar en «google», «googleamos», por dar un ejemplo. Así, hemos incorporado palabras de origen extranjero que flexionamos de modo castellano, como verbos de primera conjugación, terminados en -ar. Las sociedades incorporan, tarde o temprano, neologismos que acreditan la condición de organismo vivo y abierto que tienen tanto las lenguas como las literaturas.
«Más bien se centró en eso que había descubierto: ante una necesidad nueva, hay que crear algo que la satisfaga; se llamaba neologismo. […] Para expresar algo que las palabras que existen no pueden expresar, hay que inventar nuevas palabras.»
La ficción roza la polémica entre tradición y novedad que construye el proceso de las lenguas vivas y también el ejercicio literario.

Opresión.
«Sabores» es un cuento en el que un hombre sale en pleno invierno a comprar helado de menta y limón para su esposa y una serie de enredos va atrapándolo en una tardanza que le preocupa no poder justificar. Sin importar cuál es la verdad, el personaje se desespera pensando que no logrará convencer a la mujer de su inocencia. Es una especie de relato humorístico de enredos donde prevalece el sinsentido y el absurdo. Las peripecias o pruebas del héroe están alivianadas por el humor y cierto ridículo de los desafíos.
El dominio psicológico ejercido por la mujer se torna el soberano pero también el juez al que el sujeto masculino está sometido. Pero el exceso de presión interior se manifiesta finalmente en una rebeldía no buscada que sin conciencia escoge el individuo precisamente para no dejar de serlo.
La ficción desnuda la posibilidad de diversas perspectivas sobre un asunto y en ello se constituye en «maestra» de la vida.
«Te espero»
«Si alguna vez fueron abismo, seguramente me entenderán.»
El protagonista de esta historia contada en primera persona reproduce la necesidad de dar por terminado un vínculo que ahoga, aunque desde la más pura pasividad. Desea ilusamente que su mujer desaparezca, que le deje el camino libre a una antigua novia que regresó en la condición de amante. Fantasea con un accidente automovilístico que resuelva todo, sin que él tenga que hacer el trabajo sucio.
La ficción consigna deseos reprimidos, pensamientos inconfesables que dan efectividad al texto porque animan el entusiasmo propio de lo veraz. Procesa conflictos y transmuta conciencias como si de un viaje iniciático se tratara.

Presagios del hoy.
En «Pueblo adentro» un niño dibuja presagios para sus conciudadanos. Son, en realidad, retratos del interior de cada quien, de sus complejos, sus sensibilidades, sus obsesiones. No retratan un futuro sino lo que ya está en ellos como germen. Del mismo modo actúa la ficción para Jozami.
La ficción es una fotografía emocional, un mapa de las ideas e impresiones totales del ser.»Algunas personas, cuando encuentran eso que los frena, los atormenta, se ven en espejo…»
La ficción puede anticipar lo que vendrá, simplemente porque echa mano de una napa más profunda de la existencia.
«Tenía el dibujo adentro suyo, como un álbum traspolado y proyectado de su vida.»
Es cuando irrumpe el concepto de «intercambio», al que alude el autor como la retroalimentación por medio de la lectura/escritura. Las emociones leídas con sentimiento se internalizan como si de experiencia propia se tratara. Así, vivir y leer son equivalentes. También esto descubre el velo sobre el poder transformador de la ficción. Y ya nos anticipa el octavo y último cuento.

«Lo pactado».
En una reunión se encuentran en casa del primero un escritor añoso con un joven periodista. Encuentro que se produce dentro de la casa del autor, es decir, por medio de una lectura de su obra. Con ciertas referencias a Goethe, se menciona «lo pactado», que no es sino un acuerdo tácito de intercambio profundo por medio de la interacción literaria con otras generaciones. «Nietzsche se equivocó: no hay hechos, hay intercambios.», dirá.
En la aceptación de «lo pactado» el joven acepta ser un eslabón más de esa larga tradición que concibe el acto de escritura y el de lectura como mecanismos de introspección y transformación interior.
El escritor maduro podría haberse inspirado en Abelardo Castillo y «Crónica de un iniciado», ejemplo de transformación interior por medio del arte literario. Allí se recoge asimismo a Fausto y su pacto.
El joven se olvida en el departamento el grabador. Pero reconoce no necesitarlo. La experiencia del viejo fue asimilada y hecha carne propia en él. De allí que se cumpliera el pacto, esa comunicación secreta y esencial que suscita la ficción cuando es efectiva.
La de Jozami lo es. Desde una estética cotidiana nos sumerge en preguntas fundamentales, añadiendo su hueso, su humanidad, al cielo literario con el que conversa más allá del tiempo y el espacio quien frecuenta la tradición.
* Escritora