La Babel de Borges

CRITICA - CADA LIBRO COMO UNA RESPUESTA

Borges propone la interpretación metafórica de la Biblioteca de Babel como imagen de los múltiples intentos de la humanidad para explicar el Universo. La búsqueda de sentido es emprendida en el terreno de los libros.
Gisela Colombo *
El título “La Biblioteca de Babel” remite al episodio bíblico en que descendientes de Noé, impulsados por su deseo de saber lo que Dios conoce (versión renovada del pecado original), construyen una torre tan alta como la soberbia dicta.
En castigo , el Creador les impone divergencias idiomáticas. Es el origen mítico de la división de un pueblo único en grupos diferentes que ya no se comprenden y oponen sus intereses.
En el texto, la referencia a Babel alude a la fragmentación y la incapacidad del hombre para conocer el sentido del Universo.
Borges plantea, desde la primera línea, un paralelo entre la Biblioteca y el Universo. Propone la interpretación metafórica de la Biblioteca como imagen de los múltiples intentos de la humanidad para explicar el Universo. Esta analogía revela el ámbito en que Borges ha sondeado esas respuestas. La búsqueda de sentido es emprendida por el autor en el terreno de los libros.
En tal caso, cada libro de la biblioteca sería una respuesta. Asimismo, cada libro refleja a un hombre individual que indaga en las preguntas fundamentales, porque se asume plenamente la condición de hombre en la medida en que se intenta comprender.
El narrador menciona que muchos de los libros son conjuntos sin sentido, intentos torpes que utilizan el lenguaje sin lograr articular un concepto orgánico.

Arquitectura del Universo.
La Biblioteca se organiza espacialmente como celdas de un panal, mediante unidades que describen un hexágono. Esa forma geométrica posee la capacidad de disponer sus células del modo más económico espacialmente hablando. No quedan intersticios entre unas y otras. Esa misma geometría registran los copos de nieve, los cristales de minerales, la estructura atómica de elementos (carbonos). Esta tendencia de la naturaleza a compactar las cosas en paquetes hexagonales produce un orden interno y externo eficiente.
Al unir con rectas los ángulos internos de un hexágono, se dibuja la estrella de David, también llamado “Sello de Salomón”, que consiste en dos triángulos invertidos. El primero refleja la divinidad (identificada en la Torah con Dios Padre, Espíritu Santo y el Mesías al que se espera) y es espejado por un segundo que representa la actitud humana de hacer la voluntad de Dios en la tierra. El modo de vivir a imagen y semejanza de Dios.
Borges no desconoce esta tradición hebrea. Es un admirador de su cultura. El detalle de que los libros están escritos con el alfabeto hebreo certifica la centralidad de la tradición judía en el texto. Borges confiesa que ha sido una de sus primeras fuentes literarias. Su abuela le recitaba la Biblia de memoria y él la fue aprendiendo de ese modo desde muy chico. (Recordemos que la Torah es el Pentateuco, parte importante del Antiguo Testamento, los libros históricos de la Biblia cristiana).
En el centro de cada hexágono aparece una escalera en espiral cuyo centro es un hueco por el que partirán en caída libre e infinita quienes mueran. La espiral es uno de los símbolos más ricos de la tradición artística. Ha sido identificada por griegos, romanos, neoplatónicos, surrealistas y hasta modernistas como una forma natural que, en sus proporciones áureas, revela mejor que ninguna el sello de la Inteligencia Creadora en sus criaturas. Esa presencia es lo que “splende” en lo creado con la luz de su origen.
El hecho de que por esas escaleras asciendan personajes que se mueven por el deseo de saber es otra referencia a su convicción de que el camino ascensional será por medio de los libros que logran irradiar belleza. Borges dirá que sólo lee por placer y en búsqueda continua del hecho estético. Subir por la escalera en espiral sería vivir con conciencia y en búsqueda.
Sin importar hasta qué piso se llega, hasta qué punto de conocimiento se arriba, el hombre, cada hombre, está destinado a caer igualmente por el hueco, a morir.

Problema
El texto plantea, como una tesis matemática, dos axiomas.
1) El universo es ab aeternum (es decir, desde siempre y para siempre).
2) Los libros de la biblioteca están conformados a partir de elementos limitados. Veinticinco caracteres de los cuales 22 son letras del alfabeto hebreo y las restantes tres corresponden al espacio, el punto y la coma.
¿Cómo es que la Biblioteca es infinita, pero está hecha de objetos numerosos aunque de ningún modo infinitos? Hay, además, espacios independientes, que no son anaqueles ni libros. Si los libros no son infinitos y la biblioteca sí, entonces estará en esos espacios la diferencia entre lo finito y lo infinito.
Si uno generara el paralelo de libros = hombres que buscan respuestas, cada libro resultaría una imagen irrepetible constituida por elementos que sí se repiten de un hombre a otro.
Esto recuerda la realidad del ADN. Los hombres pueden poseer los mismos componentes. Sin embargo, ninguno será idéntico a otro. Del mismo modo, los libros están constituidos por 25 caracteres únicos y la combinatoria -rama de la matemática que estudia las combinaciones posibles entre varios elementos- define numerosísimos productos. Aunque no infinitos.
Si seguimos el razonamiento del ADN, con los componentes se construye la realidad material de los seres, pero no la espiritual. La suma de las letras de todos los libros no hace a la Biblioteca. Ni siquiera refleja completo el conjunto del libro internamente. Falta en ello el “espíritu”, es decir, el sentido que describe esa combinatoria, el sentido del libro.
Esto parece reflejar la constitución humana, donde el ADN se combina para definir los aspectos físicos pero el sentido espiritual es inconmensurable (no se puede medir, es infinito). Por otra parte, fuera del libro (criatura), la Biblioteca (universo) está constituida por libros o componentes limitados, y también reúne un dato infinito que la convierte en ilimitada. Ese ingrediente aparece reflejado mediante la imagen de la escalera en espiral y algunos otros espacios comunes. Si es la espiral, que refleja lo natural en su orden impuesto por el Creador, en su sello, entonces el Espíritu que habita en todo lo creado será lo que le da el carácter infinito al Universo. El “splendor” del que hablara Platón.
El espíritu es inaprensible en términos de componentes. Esos espacios son quienes hacen la diferencia entre la infinitud de la Biblioteca y la finitud de sus libros.
Las matemáticas explican muy bien este punto: restar un número finito al Infinito dará un inalterablemente Infinito. Esta ley es consignada también por la filosofía y constituye un elemento importante en la cosmovisión borgeana.
En el texto se hacen presentes varias posturas filosóficas con ánimo hilarante, alivianando un poco la naturaleza densa del planteo. Menciona a filósofos idealistas, místicos, realistas, existencialistas, a Nietzsche, a León Bloy y la Kabalah, a los herméticos y a los “impíos” que no creen en orden alguno ni en Inteligencia Ordenadora que haya pensado lo creado. Todo ello con una ironía y un humor intelectual admirable.

Tiempo
Hacia el final, el texto, como todo cuento, intenta la resolución del conflicto.
Frente a la infinitud de la biblioteca, recuerda que los libros no lo son: sólo hay una serie limitada de combinaciones posibles de los componentes.
Resuelve entonces la vieja polémica entre ambos axiomas utilizando un concepto propio de la combinatoria, disciplina de la cual se podría decir que estudia “el modo de contar sin enumerar”.
Para él, la biblioteca es periódica e ilimitada. Como si esa finitud e infinitud se representara en una fracción cuyo resultado fuera un número periódico. El ejemplo más primario que podríamos dar es el de la siguiente fracción:
1 = 0.3333333333333…
3
Suponiendo que el numerador fuera el número finito de libros y el denominador el número infinito de la Bibioteca, los libros, los saberes humanos, jamás serán capaces de conocer completo el Universo. He aquí el agnosticismo confesado por Borges.
Sin embargo, el resultado de la fracción es un número ilimitado en su sucesión incesante, periódico.
De ello se desprende que el Universo no se dará a conocer completo a una criatura, se manifestará, en cambio, a lo largo de los siglos, en la sucesión de criaturas y libros. En la perioricidad, en numerosísimas y sucesivas expresiones personales hablará el Espíritu. Cada ser consciente será vehículo del “splendor”, del sentido expresado en imagen, un mínimo engranaje en la manifestación sensible de la cadena total.
No será la primera vez que veamos este concepto en Borges: la cifra se va construyendo verso a verso a lo largo de la historia. Es un único poema el que se escribe a sí mismo y ningún autor es más que un “escriba”, dueño sólo de los defectos de una escritura que le es dictada y él traduce a palabras torpemente.
“Sabía que otro -un Dios- es el que hiere
de brusca luz nuestra labor oscura[…]
Suyo es lo que perdura en la memoria
del tiempo secular. Nuestra la escoria.”

* Escritora

(frases grises)

“Borges confiesa que ha sido una de sus primeras fuentes literarias. Su abuela le recitaba la Biblia de memoria y él la fue aprendiendo de ese modo desde muy chico.”

“Sin importar hasta qué piso se llega, hasta qué punto de conocimiento se arriba, el hombre, cada hombre, está destinado a caer igualmente por el hueco, a morir.”