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La calandria peronista

En la década del 70, el periodista Aníbal Ford visitó La Pampa interesado por la problemática del río Atuel. Este simpático relato, recuerda su sorpresa al encontrarse una calandria que le silbó la marcha peronista.
Walter Cazenave *
Hacia comienzos de la década de 1970, y ante la carencia efectiva de una entidad oficial que entendiera el tema del río Atuel, el Ente Provincial del río Colorado decidió iniciar una campaña de conocimiento y difusión del problema. Por entonces el caso era apenas conocido a nivel nacional por lo que dispuso la promoción en los medios nacionales más importantes. El autor del cuento publicado en esta página fue comisionado para esa tarea.
Por esos años se destacaba largamente en el periodismo nacional la revista Crisis, integrada por una redacción de brillantes intelectuales argentinos y abierta a los problemas del país; la dirigía Aníbal Ford, a quien entusiasmó el tema, cuando le fue sintéticamente expuesto, y lo consideró como un ejemplo de la Argentina ignorada y profunda, un interés permanente de la publicación.
Ford aceptó la invitación del gobierno pampeano para conocer de cerca el problema y viajó a nuestra provincia, que recorrió en su parte noroeste durante varios días, percibiendo la desertificación regional a través del paisaje y su gente. A su regreso a Buenos Aires publicó una de las notas más completas que se han escrito hasta hoy sobre el tema: «Allá en la costa ‘el Atuel no hay corderos pa’comer», título extraído de una de las canciones de «Tuta» Cuello, a quien escuchó cantar en su puesto del Paso de la Rama, a orillas del río seco.

El canto de la calandria.
Durante la andanza, una noche de campamento junto al Arroyo de la Barda, escuchó al atardecer el canto de una calandria, pájaro que no conocía. Quedó maravillado, máxime cuando sus acompañantes le hicieron conocer las capacidades imitativas del pajarito. Hubo silbidos para ejemplo que el ave respondió puntualmente; el propio Ford, en medio de su asombro, quiso probar.
El relato que sigue es el epílogo de aquel sencillo y a la vez maravilloso momento.

Pajarito compañero.
«La calandria peronista que embrujó a Aníbal Ford», por Walter Cazenave, para Aníbal Ford, testigo y enamorado de caminos:
El atardecer anunciaba una noche oscurísima. Parados a orillas del río Atuel, el porteño y yo compartíamos el silencio mientras, un poco más allá, el conductor de la camioneta encendía un fuego para el asado.
Aguzando el oído se escuchaba el rumor del agua por el cauce, mansa, tranquila.
De pronto un canto hermoso rompió el crepúsculo y vimos la silueta grácil sobre unas ramitas, alejándose de a poco.
– ¿Qué pájaro es ése?- preguntó el porteño.
– Una calandria- le dije- ¿Te acordás de la descripción que hace Hudson cuando descubre su canto…?
Algo se acordaba, pero no sabía nada de las facultades imitativas del pajarito. Yo hice dos o tres silbidos torpes y al cabo de unos segundos, como si los hubiera asimilado, el eco volátil me los devolvió, mejorados. Silbé los compases de una o dos canciones infantiles y la calandria, juguetona, las repitió puntuales.
El porteño empezaba a fascinarse.
¡Contesta -decía- contesta…!
El mismo, mejor silbador que yo, ensayó un par de músicas que el ave repitió en lo elemental de la melodía.
– A ver si es nacional y popular -me dijo- y ensayó las notas iniciales de la marchita. La oscuridad era ya casi absoluta. Como en los otros intentos la calandria se tomó su tiempo y al cabo de algunos segundos arrancó con «Los muchachos…». El porteño se quedó encantado.
– Cuando lo cuente no me lo van a creer- decía.
No quiso romper la magia del momento y dejó de silbar canciones. La calandria, por su parte, se llamó a silencio saludando el último vislumbre del sol. Empezamos a caminar hacia el fuego que crepitaba, tiñendo de reflejos el agua de la orilla. A lo lejos, muy lejos, se oyó un grito de tropa, o de saludo.
El viento soplaba de la costa saladina. Costas del Atuel y Santa Rosa, 1973.

* Colaborador de Caldenia

Aníbal Ford

La figura y producción de Aníbal Ford, sus trayectorias y diálogos, pueden situarse en el cruce entre su condición de escritor comprometido, intelectual militante e investigador, en el que se anudó una producción teórico-académica y una labor política que interpela, desde ayer hasta hoy, al campo de la comunicación y la cultura en Argentina.
Preocupado siempre por la vinculación entre el periodismo, los medios y las culturas populares de nuestro país, hizo de la conjunción entre su literatura y sensibilidad política, una trinchera posible para narrar la realidad social desde los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI.
Con gran trayectoria en el campo editorial, dirigiendo la primera Eudeba, el Centro Editor de América Latina, La Opinión Cultural, Crisis, Noticias… aprendió lo que un militante de la política nacional y popular concibe como las contradicciones que hacen sólidos los deseos de emancipación y construcción de una cultura nacional.
Pensó a los medios, a las industrias culturales y a sus clases en la UBA, como una oportunidad para tensionar los sentidos de una cultura internacional hegemónica, y aquella otra que urgía ser escuchada desde sus márgenes.
Ford fue parte de una generación que vivió la cultura popular desde su infancia, marcados por la radio y la emergencia de la televisión, en un marco de tensiones y debates que vio emerger posteriormente a un conjunto de intelectuales, que hicieron de los estudios sobre los medios de comunicación, la política y la cultura, un intersticio para hacer de la academia, la literatura y las universidades una nueva lectura que aportara a la recuperación y construcción de una cultura nacional y popular.