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La estética de la ética

Se cumplen 50 años de la publicación de Las venas abiertas de América Latina y es importante la resignificación de este libro para el debate político actual en Latinoamérica y en el mundo.

Sergio De Matteo *

En ese sentido, hemos tenido un intercambio de conversación grabada con Jorge Majfud, escritor, investigador y docente de la Universidad de Jacksonville, amigo de Eduardo Galeano, que reivindica no sólo el valor y la valentía del libro sino la importancia del pensamiento de su coterráneo de la Banda Oriental.
Al respecto, hay alusiones y homenajes, como el libro Oro, petróleo y aguacate. Las nuevas venas abiertas de América Latina, del periodista Andy Robinson, la reedición de Las venas por parte de Siglo XXI con viñetas de Tute, o la obra La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina, que el propio Majfud dedica a Galeano.

– En 1971 Galeano pasa el cepillo a contrapelo de la historia y pone en evidencia el continuo saqueo de los recursos naturales de la región, aunque 7 años después realiza otra lectura donde el hambre y la pobreza siguen multiplicándose, pero ahora profundizados por las políticas económicas de las dictaduras militares que transformaron las estructuras de producción y acumulación financiera de la región. ¿Qué análisis podríamos hacer hoy teniendo como base este libro de lectura popular pero que apeló a la economía política para divulgar lo que el poder hegemónico escondía o tergiversaba?

– Es cierto que se puede definir Las venas abiertas de América Latina como un libro de lectura popular. Generalmente esta definición tiene cierta connotación negativa y muchas veces está justificado. Los bestseller están hechos para distraer y anestesiar, es decir, los productos de la industria cultural, ya sea una película, un libro, una canción, o cualquier bien cultural, están pensados para entretener y distraer, para reproducir el modelo de la sociedad del sistema económico e ideológico. Entonces son anestesias, son distracciones y los bestseller no cuestionan la realidad social ni la realidad individual o existencial, porque eso no es arte, es simplemente un producto comercial y cultural para vender. Pero hay algunas excepciones, por ejemplo, de grandes lecturas que se volvieron clásicos como el Quijote, que fueron incluso, en su momento, bestseller o de lectura popular. Aunque tenían esa virtud de incluir diversas dimensiones y una gran profundidad en la exploración del individuo y de la sociedad. El Quijote rebasa de filosofía humanista y trata varios problemas políticos y sociales de la época; la Divina Comedia, también está llena de política, incluso la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Angel, retrata problemas políticos y de amistad.
Las Venas también fue un bestseller. Recuerdo que Eduardo (Galeano), en una reunión que tuvimos en Filadelfia, dijo que Las Venas recibió una especie de bonus propagandístico, de publicidad, al ser prohibida por los mismos dictadores. Es una práctica común del poder que muchas veces quiere reprimir o censurar algo y termina teniendo un efecto contrario. Eso pasa desde Sor Juana Inés de la Cruz, a fines de siglo XVII, y continúa sucediendo. Sucedió lo mismo, incluso, con el asesinato del Che Guevara, que tenía el objetivo de reprimir sus ideales y acciones, pero terminaron amplificando su voz. Ese fue el caso también de Las venas abiertas América Latina.
Galeano, de visita en Brasil, dijo «que estaba un poco cansado de Las Venas», porque, claro, todos leían e insistían sobre Las Venas y lo relacionaban sólo con ellas; y él tiene muchísima obra, también valiosísima. Después aclaró que no negó Las Venas; pero el New York Times, otros medios europeos, y antagonistas salieron a festejar y a decir que el gran mogul de la izquierda se arrepiente de su libro Las Venas… Nada de eso fue real pero sí se convirtió en títulos de diarios. El no se arrepentía de Las Venas, pero ya escribía cosas diferentes, como lo hizo en los últimos tiempos, o a partir de los ’80. Su estilo cambió muchísimo, pero la ética continuó siendo la misma, cuando muchos negaron sus ideas después de la caída del muro de Berlín, él continuo siendo consistente y, justamente, su consistencia no fue apoyar el sistema soviético, por ejemplo.
Las venas fue un libro valiente para su época, esclarecedor. No hubo muchos libros como ese. Este año también se cumple el cincuentenario de otro libro, de Ariel Dorfman, Para leer al Pato Donald, que también es un libro muy importante y que ha sido denostado y criticado al igual que Las venas. Prácticamente responsabilizan a Galeano del subdesarrollo de América Latina, cuando Galeano se concentra en los más poderosos, pero éstos dejan que sus vasallos hagan el trabajo sucio y se han encargado muchísimo, no solamente ninguneándolo en los grandes premios literarios, por ejemplo. Es una obra literaria que muy pocos escritores podrían llegar a concretarla, pero hay escritores que están llenos de premios y Galeano no. Pero su obra literaria va a perdurar, porque es gigantesca y, además es, solamente desde el punto de vista literario, muy refinada, pero también desde el punto de vista de las ideas es muy defendible, es fuerte y valiente. Es decir, creo que Galeano representa, igual que Roque Dalton u otros poetas y escritores latinoamericanos comprometidos, «la estética de la ética». La cantante Mercedes Sosa, por ejemplo, no es solamente una voz, no solamente son letras, sino que además es una estética, la belleza de la ética, de la resistencia. Galeano es uno de esos casos.
Se escribieron libros en su contra. Entre ellos, Manual del perfecto idiota latinoamericano, donde participa el hijo de Vargas Llosa; también Las raíces torcidas de América Latina y otros libros que, posiblemente, fueron financiados por la CIA. Porque la CIA siempre tuvo una práctica de apoyar determinados libros, con dinero, con traducciones, con propaganda, para hundir en el ostracismo a otros títulos que consideraban inconvenientes. Ha sido una práctica común. Aquí en Estados Unidos se llamó Operation Mockingbird, u Operación Sinsonte en América Latina. Esto representa el interés y la inversión en «cultura» políticamente correcta o conveniente, que luego llaman «el arte por el arte», la literatura por la literatura, como si fuera algo totalmente despegado de la problemática humana, llamándola también «política». Sin embargo, si vemos los grandes clásicos de la literatura todos tenían conflictos políticos y todos tenían una determinada posición política; y no estoy hablando de una política partidaria sino de la gran política.
En el caso del libro de Galeano, Las Venas siguen vivas, es un libro que fue muy valiente y es un libro muy vigente hoy en día por muchos aspectos que, incluso, hasta la Academia está volviendo sobre algunas de esas ideas. Y lo del imperialismo no es simplemente una fantasía de la izquierda, se la intentó pasar como conspiración por los mismos agentes de la CIA que trabajaron en América Latina. Ellos promovían esas ideas, desde ya, muy secretamente, porque plantaban artículos, plantaban editoriales en los grandes medios para promover determinadas ideas y para demonizar otras. La valentía de estos libros que citamos continúa viva y Las venas abiertas de América Latina, y su autor, continúan vivos, y lo harán por mucho tiempo, cuando otros mercenarios no pasarán de un recuerdo vergonzoso.

– Has ido publicando artículos en diferentes medios que integran el texto «La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina», que está dedicado a Eduardo Galeano. ¿Podrías contarnos de qué trata la obra?

– El libro lo escribí de una forma bastante rápida, en parte basado en mis cursos de estudios internacionales que brindo en la Universidad en EE.UU. Pero cuando me puse a escribirlo no pensé que iba a ser un homenaje a los 50 años de Las Venas. Fue estimulado por la matanza en el Walmart de El Paso en agosto de 2019, cuando el asesino, que mata 23 personas hispanas, deja una declaración de intenciones culpando de la invasión a los hispanos al país. Incluso, muchos hispanos inmigrantes se repiten ese discurso: «este es un gran país de la democracia, de la libertad», cuando realmente ha promovido dictaduras y la democracia interna de Estados Unidos no es modelo por muchas razones. En el pasado aún peor, por ejemplo, cuando se dice que nunca hubo una dictadura es ridículo. Estados Unidos fue una dictadura por mucho tiempo, clarísima, por lo menos antes de Lincoln, por cien años, luego de Lincoln, cuando los negros se convierten en ciudadanos, en seres humanos, de hecho. Eso se atenúa un poco porque tienen derecho a votar y a ser votados, por ejemplo; pero las nuevas leyes comienzan a restringirlo. Aún hoy existe, si vemos el caso de las nuevas leyes de Georgia tratando de limitar ese hecho democrático.
El punto central en este libro, La frontera salvaje, va en torno a esos 200 años de fuerte intervencionismo, de invasiones, no sólo a las naciones indígenas sino a todo el resto de América Latina, de la expansión territorial, de la expansión económica, de la corrupción, de todos los demás países y protectorados. Aún hoy existe, podemos pasar por la guerra fría, pero aún fue más terrible la serie de golpes de estados militares en América Latina en nombre de la democracia y la libertad. Los contras, por ejemplo, en Nicaragua, eran llamados por Ronald Reagan los padres fundadores; similares a los padres fundadores de Estados Unidos por la libertad, y eran terroristas. Grupos de estadounidenses iban a luchar con dinero de las grandes iglesias, a promover el terrorismo en países que decidían tomar un camino diferente; porque nadie puede tomar un camino diferente en América Latina si no le pide permiso a Estados Unidos, o mejor dicho, a Washington. Esta es una diferenciación que hago en el libro. Estados Unidos es un país enorme y muy diverso, hay gente que piensa muy distinto, pero ha sido secuestrada por aquellos grupos, aquellas sectas que creen que existe un estadounidense legítimo y todos los demás son imperfectos o traidores. Lo cual es parte de ese fascismo típico.
Básicamente el libro es una respuesta a esa retórica victimista norteamericana «en la cual fuimos atacados y debimos defendernos, por eso hicimos esto y aquello»; lo cual empieza en el siglo XIX y continúa hasta hoy. Entonces, por eso son 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina, donde recorro año tras año ese fanatismo con toda esa retórica que no tiene nada que ver con la realidad, pero que se hizo realidad y sometió a países más débiles. Aunque tuvo algunas derrotas con países débiles, obviamente, que se transformaron en traumas para la cultura y la política estadounidense; pero, básicamente, fueron intervenciones de Washington y de las grandes empresas estadounidenses que decidieron por las políticas de intervención.

* Colaborador

DESTACADO:

«Su obra literaria (la de Galeano) va a perdurar, porque es gigantesca y, además es, solamente desde el punto de vista literario, muy refinada, pero también desde el punto de vista de las ideas es muy defendible, es fuerte y valiente.»