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La importancia de las universidades públicas

OPINION - EL DESARROLLO PROVINCIAL Y NACIONAL

Sobre la universidad argentina “gratuita”, que lo es por el Decreto 29.337/49 del primer gobierno peronista, habemos varios que pensamos que es mejor decir “no arancelada”.

Francisco J. Babinec *

Como dijo el maestro Milton Friedman, no hay comidas gratis. El Estado, o sea, todos nosotros, pagamos para que la universidad pública no cobre aranceles por los estudios de grado. Eso hoy se ve como algo natural y casi no se cuestiona, como sí era moneda corriente allá lejos en el tiempo, en mi lejana juventud medio siglo atrás. Más aún, hoy ir a la universidad no se ve como una meta lejana, independientemente de la clase social que hablemos o del nivel de instrucción de los padres. Desafortunadamente, eso no es percibido cabalmente en lo que hace por un lado al esfuerzo que hacemos todos para que así sea, y por el otro por lo que significa tanto para el progreso individual como para el de la región y del país. La Universidad Nacional de La Pampa, sin ir más lejos, nació a fines de los años 50 como una iniciativa provincial para dar una oportunidad a los jóvenes pampeanos que no podían ir a alguna de las cinco universidades nacionales que existían entonces. Se respondía a las necesidades de profesionales como contadores, ingenieros agrónomos y profesores que tenía la provincia, todo al amparo de una discutida ley impulsada por Arturo Frondizi que abrió las puertas de la educación universitaria a la iniciativa privada. Y se nacionalizó a principios de los años 70 en un proceso de descentralización de las grandes universidades que llevó adelante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse para descomprimirlas y controlar las protestas estudiantiles que desencadenó el Cordobazo. Dios escribe derecho en renglones torcidos, dicen. Luego vendría la creación de las universidades del conurbano bonaerense en los 90 bajo el gobierno de Carlos Menem, para concluir con las fundadas durante el de Cristina Kirchner. Así, en cada provincia existe hoy al menos una casa de altos estudios nacional que brinda estudios de grado no arancelados. Como se dice para otros casos a los que haré mención más adelante, estas nuevas universidades toman ventaja de su relativa juventud para corregir errores o rémoras de las más antiguas, y rápidamente consolidan tanto su oferta (que feo término) de carreras en función de las necesidades de la sociedad, sobre todo de la región de influencia o territorio, como es usual decir, como en las actividades de investigación y extensión, que junto a la docencia son los objetivos fundamentales de la Universidad.

Otras realidades.
Imposible pasar revista a todos los países, pero hay un par de notas de Gonzalo Tordini y Rubén Telechea, publicadas en Página/12 el 17 de marzo y el 23 de mayo de 2021 sobre las universidades en China y Corea del Sur, respectivamente, muy interesantes, por lo que estos dos países representan hoy. Ambas notas detallan lo duro que es el acceso a la educación superior allí, y lo que significa para las familias mandar a sus hijos a estudiar. En esos sistemas hipercompetitivos un título universitario es una vía de acceso a una inserción ventajosa en el mundo del trabajo. Más aún, es la universidad de procedencia un criterio que puede definir la escala salarial. Y por eso las familias dedican recursos y los aspirantes se preparan esforzándose de una manera que parece casi inhumana por el tiempo y los sacrificios dedicados. Tordini dice que “El rol de la universidad pública ha sido clave, tanto como institución formadora y organizadora de los recursos humanos, como centro de desarrollo, innovación y emprendedurismo [en China]”. De nuevo, la investigación y la extensión junto a la docencia son las funciones básicas de la universidad. Contra lo que se escucha a menudo, buena parte de la investigación no sólo básica sino también la aplicada se hace en los laboratorios y gabinetes universitarios, aquí y en todo el mundo, que luego es apropiada por las empresas pagando a veces montos irrisorios. Veamos dos ejemplos muy actuales y que son relativamente conocidos. Los anticuerpos monoclonales basados en los trabajos de César Milstein y Georges Köhler en la Universidad de Cambridge no fueron patentados por un error de la oficina respectiva, y dieron lugar a ganancias multimillonarias de los laboratorios. Y la patente para el desarrollo de vacunas por modificación del RNA a partir del trabajo de Katalin Kariko y Drew Weissman de la Universidad de Pennsilvania fue vendida por unos pocos cientos de miles de dólares. Hoy son la plataforma para las vacunas anti-Covid más avanzadas.

Indices.
No hace mucho se publicó en varios medios que la Universidad de Buenos Aires figuraba en los rankings internacionales de manera destacada, dicho esto aún con las prevenciones y reparos que uno tiene con la mayoría de esos rankings. Estos suelen tomar en cuenta no sólo las dimensiones académicas tales como la relación numérica docente/alumno, las publicaciones científicas, también otras como la inserción laboral de sus graduados y la calidad del sitio web. Algunos índices en cambio se concentran en la investigación (publicaciones, citas bibliográficas, patentes). Una cuestión relacionada es la evaluación y acreditación de carreras que afectan la salud o el patrimonio de la gente, tarea que en el país realiza la CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria), con el concurso de pares evaluadores, que son ni más ni menos que docentes e investigadores del sistema. Este sistema, impuesto en el país por la discutida Ley 24.541/95 de Educación Superior, ha sido muy resistido en algunos ámbitos, pero ha servido para procesos de mejora de las carreras y provee un criterio relativamente objetivo para comparar carreras y universidades. Como muestra, las carreras de Abogacía y Contaduría de nuestra universidad han pasado hace poco de manera satisfactoria ese proceso, que según los datos comparativos fue muy riguroso. Varias carreras de otras facultades ya habían alcanzado la acreditación correspondiente. También se ha difundido hace un tiempo, pero de manera menos destacada, que entre las diez universidades “nuevas” más destacadas del mundo, varias son chinas. Estas nuevas universidades surgen a partir, en muchos casos, de grupos de investigación ya formados en otras más antiguas, y tienen estructuras más flexibles y emplean relativamente en mayor grado los recursos disponibles hoy en día para la educación a distancia.
En conclusión, esos y otros países apuestan a la educación en general y a la universitaria en particular, porque no es un privilegio individual sino una necesidad social, y eso se vio en la pandemia. Y también un derecho en tanto parte de la educación a la que todos deberíamos poder acceder en tanto se cumplan determinados requisitos. Debemos hacer presente esto con mayor intensidad, y bregar para que esta oportunidad sea aprovechada plenamente. Sabemos que hoy no se llega a la universidad con el bagaje de conocimientos necesario. Pero la Universidad tiene que hacerse cargo de esto, en tanto forma a los profesores de la escuela media, tal como nos lo recuerda el filósofo, educador y ex rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento Eduardo Rinesi.

  • Facultad de Agronomía, UNLPam