La intérprete del piano en La Pampa

Hablar de Clementina Dorado es hablar de eminencia pianística en La Pampa. En su interior anidaba un intenso amor por la música, que siempre quiso y logró transmitir a sus alumnos, que así lo confirmaron.
Rubén R. Evangelista *
Los conocimientos musicales y el talento interpretativo colocan a Clementina Dorado en la historia regional, en un lugar de privilegio entre las pampeanas que eligieron expresarse a través del arte, en su caso mediante la composición y la interpretación. Fue muy conocida a través de sus presentaciones radiales y en menor medida ante los diversos públicos que disfrutaron de sus virtudes en vivo, y su figura transcurrió en un notorio nivel de modestia y humildad artística y personal, que no se correspondió con la talla de excelencia por ella alcanzada a fuerza de estudio, trabajo e incluso una intensa y extensa práctica de la docencia, que marcó gran parte de su vida.
El domingo 19 de agosto del corriente año dejó de existir en Santa Rosa la gran pianista pampeana Clementina Dorado viuda de Hernández (“Belcha”), madre de la joven y reconocida docente, pianista y arregladora musical y vocal Lía Raquel Hernández Dorado. Había nacido el 14 de octubre de 1935 en Lonquimay, cursó el Ciclo Básico del secundario en el Colegio Nacional de Santa Rosa y se recibió de maestra en la Escuela Normal de la capital pampeana en 1953, pocos meses después de haber obtenido el título de Profesora Superior de Piano, Teoría y Solfeo en el antiguo e histórico Instituto Musical Argentino, dirigido por el profesor César Rodríguez y su hija María Carmen Rodríguez, de quien Clementina fue discípula, asistente y colaboradora.
Al finalizar 1952, había rendido los exámenes finales en el Conservatorio D’Andrea de Buenos Aires, con la más alta calificación, condición ratificada en la filial santarroseña conducida por su fundador César Rodríguez, que la premió y distinguió, a su egreso, por ser la más destacada alumna de piano de su promoción.

La carrera.
En la segunda mitad de los años de 1950, iniciada ya su carrera artística, además de realizar actuaciones en vivo, llevó adelante ciclos de presentaciones en LRA3 Radio Nacional Santa Rosa, en los que su ductilidad interpretativa le permitió abordar repertorios de música clásica universal, música ligera española y folklore argentino con un mismo nivel de excelencia pianística, lo que contribuyó a la difusión de su condición de notable intérprete en toda la provincia y la extensa región de influencia de LRA3, la primera emisora del interior filial de LRA1 Radio Nacional Buenos Aires.
En el umbral de los ’60, fue invitada a sumarse al por entonces muy activo y reconocido conjunto folklórico santarroseño “Los Arrieros de Luan Lauquen”, que dirigía el guitarrista Juan Benito Caballero y que integraban además Francisco López, Oscar Suárez y Norberto Ponce, incorporando con el sonido del piano a la popular formación de canto, guitarras y bombo, una coloratura instrumental innovadora respecto de las características tradicionales que caracterizaba a la formación, teñida de no pocas reminiscencias cuyanas en su modo de interpretar el folklore argentino.
Tentada por la idea de indagar en otras forma de expresión, en 1964 tuvo un paso fugaz por el teatro vocacional, al formar parte del elenco de la Asociación Cultural y Artística “Los Amigos”, bajo la dirección de Benedicto Bengochea e integrado, entre otras figuras de la actuación, por las actrices Ofelia Díaz, Nélida Lonegro e Irene Villalba, y los actores Luis Marangón, Oscar Ruitort, Avelino Rodríguez, Osvaldo Stefanazzi, Diego Delamer y Antonio Remy.

Su Conservatorio.
En el orden privado Clementina Dorado estableció y puso en funcionamiento el Conservatorio “Gounod”, adscripto al Instituto Musical Argentino, en el que se formaron a lo largo de los años una gran cantidad de músicos pianistas, varios de los cuales accedieron posteriormente al profesionalismo artístico. Iniciada en ese Conservatorio musical, la parte más extensa de su carrera como docente la desarrolló principalmente en la Escuela de Música del Instituto Provincial de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” de Santa Rosa, en la que numerosas promociones de estudiantes recibieron de ella una alta calidad de enseñanza, siempre acompañada de sus dotes naturales de maestra bondadosa, paciente, de modales sutiles y calidez personal, refractadas en el afecto que le dispensaban sus alumnos, en quienes inculcó el amor por la música como real y genuina expresión del espíritu.
Clementina Dorado fue también compositora, condición que afloró visiblemente en 1982 durante una experiencia colectiva denominada “Ventanita Musical”, consistente en una publicación gráfica que reunió partituras y textos de treinta y dos canciones “para jardín de infantes y primeros grados de escuelas primarias” -según reza en su carátula-, escritas e ilustradas por Susana Falcone de Santos, y musicalizadas por Dora Inés Silva, Blanca Nilda Cucco de Olivero y mayoritariamente por Clementina Dorado. Se trataba del primer cancionero recreativo para niños que se conoció en La Pampa, material musical escolar, que fue elaborado artesanalmente en todas sus partes (letras, partituras e ilustraciones), y que fue aprobado por las autoridades educativas de La Pampa en el año 1983, que lo incorporaron y aplicaron ese año en las escuelas de la Provincia. Ese conjunto de canciones para chicos estaban estructuradas, entre otros, con los ritmos de vidalita, milonga, candombe, malambo y villancico.

Cancionero de los Ríos.
Dos años después, un día antes del acto de presentación de la primera edición del libro titulado “Cancionero de los Ríos” en el Teatro Español de Santa Rosa el 17 de agosto de 1985, el autor de las transcripciones al pentagrama de las canciones incluidas en ese volumen, el músico, compositor y director orquestal Gabriel Senanes, condujo en el mismo teatro una jornada didáctica destinada a músicos, docentes especiales de música, compositores, cantantes y demás interesados en las obras compendiadas en el “Cancionero de los Ríos”. Para poder desarrollar la clases, el maestro de música porteño, requirió la presencia en el piano de Clementina Dorado, quien lo asistió con ejecución del instrumento con lectura musical a primera vista. También hicieron su aporte los músicosTachiGaich, pianista, y Carlos Urquiza, guitarrista, entre otros.
En el año 2015, la Asociación Pampeana de Músicos la designó Socia Honoraria de la institución, y la homenajeó por tal condición, durante un acto en el Teatro Español de Santa Rosa, en que otros artistas de la música y el canto de nuestra provincia, recibieron también una distinción de similares características.

Herederas.
En su hija Lía Raquel Hernández Dorado, nacida el 3 de abril de 1969, también pianista, compositora, arregladora y docente de música, es ostensible la prolongación de todas las virtudes y otras condiciones de su madre en torno al arte, una heredad -la de Clementina-, de altísimo y genuino valor personal, artístico y profesional.
Lía aprendió música y piano con su madre, y guitarra con el profesor Aníbal Olié, y más adelante realizó el profesorado de Artes en Música en el IUNA, y se especializó en investigación educativa en el ISESS. Después, una serie de excelentes maestros aportaron su más alto nivel a su formación en rítmica contemporánea, piano, canto, dirección coral y arreglos. En su trayectoria musical acompañó como pianista a coros y cantantes, dirigió coros de niños, jóvenes y adultos, realizó recitales de piano e integró agrupaciones vocales.
En el año 2015 realizó, en común con la profesora María Antonia Poggi, el pautado y transcripción de 52 obras inéditas, que se incluyeron en la nueva edición -la cuarta- que la Legislatura provincial hizo del “Cancionero de los Ríos”, dada a conocer en noviembre de 2015, a 30 años de su primera versión.
En la actualidad Lía R. Hernández se desempeña como Regente del Instituto de Música en el Centro Regional de Educación Artística (CREAr) de Santa Rosa, escuela de arte creada de la fusión del Centro Polivalente de Arte y el Instituto Provincial de Bellas Artes, aquel en el que transcurrió la etapa docente más importante de su madre, Clementina Dorado.
Y Silvina Larroque Hernández, hija de Lía, a sus jóvenes 28 años -nació el 5 de abril de 1994- ya ha abrazado la música con total entrega y dedicación y se encamina hacia un mismo derrotero artístico que su madre y su abuela Clementina, para lo cual no sólo cursa el Profesorado de Música en el CREAr, sino que ejecuta bajo, percusión, guitarra y flauta traversa. Además dirige el coro “Voces” de Colonia Escalante en Santa Rosa, y el coro de abuelas “Lihué” de General Acha, en común con su madre Lía Raquel. Su profuso y joven currículum se complementa con la integración al grupo vocal folklórico “Klayen”, junto a Antonella Gallardo y Micaela Fontanillo. Mientras tanto se dedica a dar clases de iniciación musical.

El legado.
Clementina Dorado quedará en la memoria del público como una pianista técnicamente irreprochable, amalgamados susrasgos académicos con la impronta expresiva del toque popular, incorporado a sus particularidades interpretativas en el largo abordaje de los repertorios populares, principalmente en los espacios radiofónicos, con que su nombre artístico franqueó las puertas de los hogares de toda la región central del país durante décadas.Puede decirse que se corporiza ese legadoen su propia descendencia familiar, que asimiló su modo y estilo, su manera de abrazar y asumir la música como una expresión noble y plena nacida en las entrañas mismas del alma.

* Investigador de la música regional