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La «larga marcha» al poder en China

Hace setenta años, el primero de octubre de 1949, en Pekín, ante cientos de miles de personas, Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular. Los combates con los restos del ejército nacionalista del Kuomintang de Chang Kai Shek continuaron por algunos meses, hasta su huida a Taiwán.
José B. Guardia *
La victoria del Ejército Popular de Liberación llegó luego de más de tres décadas de guerra civiles y guerra contra la ocupación japonesa, con un saldo de millones de muertos y un país devastado a niveles muy difíciles de imaginar. El Partido Comunista Chino (PCCh) se había fundado en julio de 1921 en Shanghai. A ese primer congreso asistieron doce delegados representando a un magro total de cincuenta y siete afiliados. Entre los representantes se encontraba un joven de 28 años, originario de Hunan, que había trabajado como maestro y bibliotecario, Mao Zedong. La dirección fue ocupada por Chen Duxui y Mao fue destinado a trabajar a regiones alejadas de Beijing regresando, finalmente, a su provincia natal de Hunan.
El PCCh se formó, como muchos partidos comunistas en el resto del mundo, en el clima de entusiasmo y esperanza revolucionaria nacido del triunfo bolchevique en Rusia. La conformación de la Internacional Comunista o Tercera Internacional con centro en Moscú fue determinante para organizar a los flamantes partidos de acuerdo a los principios leninistas. La Internacional mantuvo, durante los años siguientes, una importante influencia sobre la estrategia política adoptada por los partidos comunistas en todos los continentes. En el caso de China, se impulsó una estrecha colaboración con el Kuomintang, partido nacionalista dirigido en ese momento por Sun Yan Tsen, surgido de la revolución de 1911 que había terminado con la monarquía de la dinastía Manchú. Así es como el PCCh formó una alianza con el Kuomintang, sus militantes se incorporaron al ejército nacionalista y colaboraron de manera decisiva en las campañas militares contra los distintos «señores de la guerra» (señores feudales y gobernadores provinciales, prácticamente autónomos) que se disputaban el fragmentado territorio en la caótica guerra civil que atravesaba el país desde la caída del emperador.

Proletariado.
El PCCh, se concebía a sí mismo como el partido del urbano proletariado industrial y pretendía imitar en los aspectos centrales a la Revolución Rusa, desde la ciudad al campo. Su trabajo, durante esos primeros años de existencia, se concentró en la organización y el crecimiento en las principales ciudades industriales como Shangai y Guanzhou. En abril de 1927, el Kuomintang, con el general Chang Kai Shek a la cabeza luego de la muerte de Sun Yan Tsen, rompió intempestivamente los acuerdos y se lanzó a una brutal represión sobre los comunistas, con un saldo de decenas de miles de muertos que dejó al partido al borde de la extinción.
Mao había escrito, un mes antes de estos acontecimientos, su Informe sobre la situación del movimiento campesino en Hunan, una investigación sobre el movimiento que estaba protagonizando virulentas rebeliones contra los terratenientes locales. Ahí propone a la dirección del partido dedicar sus principales esfuerzos a ponerse a la cabeza del movimiento campesino, dejando en segundo plano las tareas organizativas en las ciudades industriales, haciendo propia la violencia y decisión con las que luchaban las incipientes organizaciones campesinas. De este trabajo es una de sus famosas citas: «hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan tranquila y delicada, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es una insurrección, es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra.»

El soviet de Jianxi.
El ataque de Chang Kai Shek y el desastre político que conlleva para el PCCh, llevó a Mao a retirarse a la región rural de Jianxi, donde logró organizar una comuna y avanzar en las medidas de reforma agraria exigidas por los campesinos.
La relativamente breve y exitosa experiencia de la República Soviética de Jianxi, fundada oficialmente en 1931, tuvo en su momento de máxima extensión una población de 5 millones de habitantes y un ejército de unos 140.000 hombres y mujeres. Este período, bajo la dirección de Mao y a contramano de la línea impulsada por la conducción del PCCh, permitió a los comunistas aumentar de manera exponencial su cantidad de afiliados y comenzar a organizar un nuevo Ejército Rojo, mucho más eficiente y aguerrido. Con grandes costos humanos y materiales, las fuerzas militares comunistas se forjaron en el enfrentamiento contra los nacionalistas del Kuomintang que lanzaron sucesivas campañas de cerco y aniquilamiento para terminar con la base revolucionaria.
En julio de 1934, bajo el asedio de las tropas de Chang Kai Shek, la dirección nacional del partido se trasladó a Jianxi, desplazó a Mao de sus cargos y lo puso bajo arresto domiciliario por algunas semanas. En octubre, frente a una nueva ofensiva del Kuomintang que parecía imposible de resistir, deciden romper el cerco enemigo y emprender la retirada hacia el oeste. Comenzaba la Larga Marcha.

Ascenso de Mao.
Durante la madrugada del 16 de octubre de 1934 comenzó la operación de salida de las tropas comunistas. Unos 100.000 hombres y mujeres debieron sortear el cerco del millón de soldados nacionalistas que rodeaban a Jianxi. Llevaban consigo lo que pudieron rescatar del pequeño estado que habían construido en esos años, dejaban atrás a los miles que no estaban en condiciones de emprender el camino y a las tropas necesarias para cubrir la retirada. Entre los que quedaron y sufrieron las brutales represalias de Chang Kai Shek, se encontraba Mao Zetan, hermano menor de Mao. Fue ejecutado en noviembre y su cuerpo mutilado exhibido en las calles. En la retirada, Mao también debió dejar al cuidado de familias campesinas a sus tres hijos más pequeños con quienes nunca se pudo reencontrar.
La Larga Marcha fue una prolongada retirada hacia el interior de China (en perspectiva, la distancia equivale a la que separa La Pampa de Alaska), franqueando las zonas más montañosas del oeste, en un recorrido que no estaba previsto de antemano, modificado constantemente por las batallas contra el Kuomintang.
En una de las paradas de la campaña, en la ciudad comercial de Tsunyi, en enero de 1935, se realizó la célebre reunión donde Mao fue proclamado como líder del partido y triunfaron sus propuestas respecto a la estrategia política y militar. Estas decisiones serían la base de la futura victoria.
Tal como sintetiza el recientemente fallecido Otto Vargas, principal dirigente maoísta de la Argentina, «en la Larga Marcha el Ejército Rojo recorrió 13.000 kilómetros, atravesó dieciocho cadenas de montañas, once provincias, derrotó a un millón de hombres, combatió todos los días, sufrió hambre y todo tipo de dificultades. Fue una de las más grandes empresas militares de la historia, al lado de la cual incluso la de Aníbal empalidece. En esa Larga Marcha, en 1935, en la reunión de Tsunyi, triunfó finalmente la línea de Mao de la guerra de guerrillas, de la guerra del campo a la ciudad, de crear las bases rojas de apoyo y se derrotó la vieja dirección oportunista de ‘izquierda’ y de derecha.»
A la ciudad de Yenan, en la provincia meridional de Shaanxi, destino final de la Larga Marcha, llegaron menos de ocho mil personas de las cien mil que habían comenzado un año antes la retirada. Diezmado por los combates, las enfermedades, el hambre y las deserciones, el partido, sin embargo, salió fortalecido. Forjado en una lucha despiadada había adoptado la estrategia impulsado por Mao, transformando una derrota desastrosa en una victoria.
En Yenan, comenzó la construcción de una nueva base campesina, el soviet de Shaanxi. Luego de la Larga Marcha y alejado de las grandes ciudades costeras y de sus centros industriales, el PCCh se unificó bajo una nueva base teórica y el liderazgo de Mao que escribió en este período dos de sus obras filosóficas más importantes: Sobre la práctica y Sobre la contradicción.

Victoria comunista.
En julio de 1937, mientras Chang Kai Shek robustecía sus fuerzas y avanzaba en el control del país preparándose para intentar derrotar definitivamente a los comunistas, Japón inició la invasión del este y centro de China. Extendiendo, así, su dominio más allá del Estado títere que había establecido en Manchuria, al norte del país, en 1931. Ante el cambio de la situación, el rápido avance japonés y las enormes pérdidas del ejército del Kuomintang, Chang fue obligado por sus generales a aceptar el ofrecimiento de Mao de llegar a un acuerdo para establecer un frente común frente al invasor. Luego de arduas negociaciones en las que los comunistas debieron ceder en importantes aspectos, especialmente en relación a la dirección de la guerra, se formó el Frente Único Antijaponés.
Hasta la derrota japonesa de 1945, 20 millones de chinos, la mayoría civiles, murieron durante la ocupación. Uno de los episodios más tristemente célebres del genocidio ejecutado por los japoneses fue la Masacre de Nankín, perpetrado por las tropas japonesas al entrar en la entonces capital del gobierno del Kuomintang.
Según distintas fuentes, entre diciembre de 1937 y febrero de 1938, decenas de miles de mujeres y niñas fueron violadas, medio millón de civiles y prisioneros de guerra fueron asesinados en la ciudad y sus alrededores de las formas más atroces.
En el transcurso de los ocho años de guerra contra Japón, las tropas nacionalistas se debilitaron en relación al Ejército Rojo. Al finalizar la contienda, los comunistas chinos contaban con una cohesión, disciplina y moral mayor, además habían capturado gran parte del material militar japonés. Estaban dadas las condiciones estratégicas para un relativamente rápido triunfo en la «segunda guerra civil revolucionaria» que estalló luego de fracasadas las negociaciones de paz para establecer un gobierno de unidad nacional entre Mao y Chang posteriores a la derrota nipona.

El socialismo.
Después de lo que parecieron avances nacionalistas categóricos hasta mediados de 1947, los comunistas iniciaron un contraataque desde las zonas rurales que fue capturando, sucesivamente, las principales ciudades del país hasta que entre abril y octubre de 1949 liberaron Nankín, Shanghai, Cantón y Pekín. Las tropas nacionalistas huyeron en diciembre hacia la isla de Formosa (Taiwán) y Chang, con el apoyo de Estados Unidos, estableció su propio régimen. El nuevo gobierno revolucionario encabezado por Mao se estableció en Pekín y comenzaría un nuevo período en la historia de China, no menos complejo, el de la construcción del socialismo.

* Estudiante adscripto (FCH-UNLPam)