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La magia de la música

MUSICA – LA ALEGRIA TRANSMITIDA

Está con nosotros desde que nacemos, atraviesa con emoción nuestro ser, pero sin embargo, no la estamos aprovechando eficientemente. ¿Qué nos produce la música? ¿Escuchar música es lo mismo que tocar música? ¿Para qué se inventó la música?

Juan Pedro Tamburelli *

Hay estudios que dicen que cualquier cosa que compremos u obtengamos nos dará una felicidad aproximada de tres meses. Un par de medias, un auto, lo que sea dará una sensación de alegría con poca proyección en el tiempo, no es seguro que nos haga feliz, solo nos dará un chispazo de alegría.

Ahora voy a pedir que hagamos un poco de búsqueda en nuestro interior y pensemos. Hay algo que todos tenemos, no recordamos cuando la obtuvimos y seguimos disfrutando de esto y de esto el cansancio nunca llega… ¿Ya te diste cuenta qué es?

Desde muy pequeños escuchamos música y su compañía se mantiene a lo largo de nuestra vida de manera casi intacta, como si nunca nos cansáramos de ella.

Algunos la utilizan para despertarse, otros para dormir. Muchos otros la usan para recargar energías mientras hacen actividad física e inclusive para volver a la calma. Todos disfrutamos de la música y la razón es muy fácil. Porque es un juego. ¿Acaso nadie ¿jugó a ser cantante bajo la ducha? El tenor español José Manuel Zapata dice “quien no canta en la ducha no es de fiar”.

Si bien la música y las emociones presentan una estrecha relación y uno puede dedicar toda una vida a tratar las diferentes aristas, solo nos vamos a concentrar en la capacidad de la música de transmitir alegría.

No importa la edad que tengamos, si son algunos meses de vida, 20, 40 o 90 años, todos al escuchar buena música se nos activa en el cerebro el llamado ‘circuito de recompensa’. Esto lo podemos observar cuando escuchamos una melodía y se nos pone la piel de gallina ¿alguna vez te pasó?

La magia musical.

Al escuchar una canción o una obra musical involuntariamente, puede que alguno de nuestros pies empiece a marcar el ‘pulso’ de la canción. El pulso en música es al igual que en la vida misma, lo que nos da vida, lo que da movimiento. Hay pulsos lentos y pulsos acelerados, pueden acelerarse de repente o escalonadamente. En la música sucede lo mismo.

Si escuchas en YouTube, Spotify o en la radio una canción que te guste mucho, probablemente de manera inconsciente empieces a mover tu pie marcando el pulso o quizás no puedas evitar cantar aunque sea un fragmento del estribillo. En los niños el efecto es peor, casi no podrán controlar las ganas y se moverán al ritmo de la música. La razón es sencilla y compleja a la vez; la actividad cerebral aumenta; escuchar música es una de las pocas actividades que ponen en funcionamiento ambos hemisferios a la vez.

Ahora bien, ya sabemos porque lo hemos vivido más de una vez, esa alegría o mejor dicho ese “chispazo de felicidad” que sentimos al escuchar música. Pero, y si tocamos un instrumento ¿la sensación de felicidad no puede aumentar?

Solo las personas que han tenido un arco de un cello han podido sentir ese cosquilleo que ocurre dentro. Saben que no hay sensación similar al momento de apoyarlo sobre las cuerdas y si lo frotan, haciendo vibrarlas llenan cada rincón del ambiente con ese timbre único e irrepetible. ¿No me crees? ¿Pensás que exagero? Solo basta observar a cualquier persona que toque el piano y ver como sus ojos brillan; un guitarrista sonríe mientras hace un solo, y el cantante cierra los ojos mientras se enreda en su interpretación.

¿Sigo exagerando? Pruebo de nuevo. Estás en un teatro, hay decenas de músicos en el escenario, todos agrupados por familias. Las cuerdas, violines, violas, cellos y contrabajos. En otra están los vientos, distinguimos flauta, trompeta. Mientras un hombre se pone frente a ellos, y a simple vista, sin ningún instrumento. El público lo conoce como director, los músicos le dicen maestro, pero ¿realmente no tiene un instrumento? ¿qué hace? ¿cuál es su función como director? Y si bien responder esto es algo complejo, podemos decir que las funciones son distintas durante el ensayo y un concierto. Pero, me permito decir que en las dos instancias, es el encargado de manejar y controlar la energía entre los músicos y el público.

Pensemos desde otro punto de vista; los pilotos de avión atraviesan un momento crítico que es el despegue, no están solos, llevan a cargo varias personas y no hay margen de error, salvando las distancias y las consecuencias posibles. En la música sucede lo mismo; el inicio es lo más difícil. Tenés una orquesta de 60-80 músicos y a veces además un coro de 40, 60, 80 personas más; tienen que empezar y terminar todos juntos, respirando al mismo tiempo, conectados, sintonizados en el mismo canal. Piensen un ejemplo casero, cuando estamos en un cumpleaños, sin usar palabras, ¿qué tan fácil puede ser indicar el comienzo, dar la entrada para todos empezar a cantar al mismo tiempo el “feliz cumpleaños”? Si no, el resultado será “Q, Q, que los cu, cumplas”. Parece difícil pero no imposible.

Todo esto con un simplemente movimiento de manos; el director levanta un brazo, la música a empieza crecer y sonar más fuerte; empieza a cerrar los ojos y la música disminuye, baja de volumen, suena más suave, más piano. ¿Acaso eso no será por acto de magia?

Movernos juntos.

La música en grupo es el último nivel de hoy; cuando un grupo, una orquesta, un coro, hace música. Su atención está en un mismo punto, su objetivo es uno solo, su plan es el mismo. Su respiración sincronizada; ninguno se quiere equivocar, saben que si uno comete un error individual afecta a todos, y para el público “la música es una sola” y no va a decir “fue el de la flauta, allá al fondo” sino “algo sonó mal”.

Se cree que la música surge por la necesidad de movernos juntos y esto desencadena un fin evolutivo. Cuando las personas se mueven de manera sincronizada hay una tendencia a actuar con altruismo y estar unidas. Sin duda nuestra vida está llena de música, pero evidentemente aún falta más.

* Colaborador