La mente colonial

Ana Martín*- Los hechos y las noticias relativos a la desaparición de Santiago Maldonado muestran una reactivación de los prejuicios sobre los pueblos originarios; pueblos que hoy reclaman, dicen y se hacen visibles modificando su antigua posición.
La nueva visibilidad resulta amenazante para quienes siguen pensando como lo hicieron los colonizadores.
Los movimientos indígenas y sus reivindicaciones son noticia porque salen de la vergüenza y del silencio y el menosprecio al que los condenara la colonización, cuando el interés comercial de la conquista los convirtiera en mano de obra de desmontes y plantaciones destinadas a alimentar las metrópolis europeas. Para acallar la resistencia de los invadidos fueron necesarias la espada, la cruz y también el conocimiento.
Bajo la convicción de la superioridad del Iluminismo sobre el pensamiento mágico y mítico, se impuso un paradigma de pensamiento que sostuvo como verdad única la del hombre blanco, propietario, occidental y cristiano, sin dar cabida a otras cosmovisiones. Religión y saberes hicieron posible la instalación del proyecto de la modernidad en las colonias donde los saberes fueron puestos al servicio de utilidad y de la eficacia de los intereses de la empresa imperial. Para ello fue necesario controlar a la naturaleza, a las personas y a las comunidades.

Sometimientos.
Los habitantes originarios fueron vistos como incultos, salvajes, portadores de la hediondez de la que habla Rodolfo Kush, y colocados en posición de sometimiento y de invisibilización como personas, a partir, dice Homi Bhabha, de la naturalización de su condición de servidores.
Puestos en el borde de la condición humana, se los clasificó según criterios raciales en un gradiente que iba desde el blanco hasta el negro, asociando piel y raza con valoración o menosprecio. Las mujeres eran tomadas como objeto para deseo sexual, sin reparos por sus lazos vinculares. Rita Segato explica así el refugio de las mujeres, así como habla del destino de los hijos de la violación. En esas condiciones se borró la posibilidad de palabra, salvo para defensa y encubrimiento frente al invasor.
Subalternidad es la palabra que utiliza Gayatri Spivak para definir la condición del colonizado, cuando se hace la pregunta que titula uno de sus libros: ¿Puede hablar el subalterno?. La subalternidad incluye la posición inferioridad en relación al europeo, y también el proceso interno de quienes incorporaron esa posición como propia, con la consecuente incapacidad de decir su palabra.
Confirmando la vigencia de la mentalidad colonial, en una reciente declaración un dirigente local se preguntaba para qué necesitaban los trabajadores de Tucumán saber y educarse, a los fines de la índole de su trabajo.

Naturalización.
La inferioridad de los habitantes de los territorios colonizados fue convertida en esencial, como parte de su ser, intrínseca en el sentido ontológico, y contrapuesta a la perspectiva de la cultura occidental, que ha dado valor a la toma de conciencia de sí mismo, hasta la exaltación desmesurada del ego propio asociada a la competencia individual.
El gran filósofo Emanuel Kant, que nunca salió de su ciudad natal Königsberg, Alemania, y se informara de los habitantes de tierras lejanas por los viajeros que llegaban al puerto local, consideró que los aborígenes eran inferiores a partir de que no podían asumir lo que se entendía un rasgo propio del sujeto moderno, la conciencia de sí mismo como ser autónomo: que no pudieran decir “yo pienso”. Esa expresión sobre la que se refiriera Jean-Paul Sartre en La nausea (1938), “era una persona sin importancia colectiva, exactamente un individuo”.
En cambio, los lazos comunitarios son el eje de la vida, del pensamiento y de la relación con lo sagrado en las poblaciones originarias.

Descolonial.
Otra característica del conocimiento eurocéntrico ha sido partir de lo local y puntual para ir a lo general, al concepto, a través de las palabras. Este enfoque, aplicado al estudio de las comunidades: los objetos y recortes arqueológicos fueron a parar a los museos europeos para ser analizados, sin tener en cuenta el aspecto relacional ligado a lo comunitario. De ahí que los arqueólogos que forman parte de los estudios descoloniales cuestionen la validez de tales procedimientos y por ende, las conclusiones.
Los estudios descoloniales proponen un cambio de perspectiva entre lo central y lo periférico, entre el norte y el sur. Revisan los mapas que fijan el sur abajo y el norte arriba, como si la tierra no girara. Revisan las valoraciones que llevaron a establecer lo que era considerado importante o accesorio, para dar lugar a otras formas de pensar, de percibir, de hacer arte, de relacionarse con la naturaleza y habitar la vida. No se trata de un conocimiento hecho, a trasmitir, sino a descubrir, para des-aprender.
En el terreno del arte esta línea alternativa de pensamiento da valor a la relación entre la obra y lo colectivo, en abierta desobediencia en relación a los cánones de lo que se entiende por arte desde los valores ideales propios del mundo occidental. Ven el arte como una experiencia que debe atravesarse desde un presente que no olvida el pasado, y que también alienta la realización de proyectos utópicos.

Por el arte.
En la misma línea están las propuestas artísticas de las que hablan M. E. Borsani y M. J. Melendo (compiladores) en el libro titulado “Arte y experiencias estéticas desobedientes”, que me ha parecido interesante compartir con los lectores, en sus títulos y en sus fundamentos:
-Soy guarango sin glamour:
Una experiencia de Patricia Hikim y M. José Melendo en la provincia del Chaco, que juega con el sentido de guarango como lo silenciado, dejado al margen. La palabra remite al guaraní, cultura que fuera aniquilada o disminuida opresivamente durante la colonia española, logrando sobrevivir a escondidas. Lo guarango, que aquí es tomado como símbolo de lo incivil, es decir falto de civilidad o cultura, y también grosero, mal educado desde la cultura urbana, busca aquí otros sentidos a través de diferentes puestas que toman problemas locales para su expresión, o se guían por las prioridades de la comunidad, utilizando los recursos artísticos de que disponen o crean.
-Museo Taller de Ferrowhite:
Dentro de la línea de revisión de los museos, los emprendimientos buscan dar lugar a la diversidad de voces. María Celeste Belenguer se ocupa de este tema, y entre otros menciona esta realización que buscó, a iniciativa de los trabajadores despedidos a consecuencia del desguace de los ferrocarriles en los años noventa, configurar estrategias de evocación y de activación a través de diferentes recursos estéticos. Está situado en la provincia de Buenos Aires, Ingeniero White.
-Museo de las cosas banales:
Se trata de un proyecto de investigación dependiente del Instituto de Ciencias Humanas de la Universidad de Pelotas, Brasil, que surge a partir de preguntas tan simples como: ¿adónde van a parar las cosas que amamos, las que nos acompañaron toda la vida? Su propósito es dar cabida a los objetos cotidianos con sus historias, preservando cualquier objeto con valor sentimental, bajo la intención de ampliar y democratizar la conformación de colecciones. Se realiza un inventario y se los hace disponibles en un espacio virtual.
-Nativas/Foráneas. Un proyecto metantrópico:
Eulalia de Valdenebro Cajiao se planteó en Colombia hacer una muestra escultórica con plantas incluyendo las nativas y foráneas. Es una experiencia de trabajo de una artista con conocimiento de botánica, que buscó dar valor a la hibridación. El nombre de la puesta remite al significado de las palabras: meta (más allá) y antropos (humano). La escultura vegetal alude a lo que está más allá de lo humano, de ese humano sobrevaluado por la Modernidad, en detrimento de la naturaleza. Abarca una superficie de sesenta y tres metros cuadrados, y está situada en Bogotá, rodeando una pequeña plaza en donde han empezado a llegar diferentes especies de pájaros e insectos.
Las propuestas hablan por sí solas. Todas ellas buscan des-andar el canon de la verticalidad elitista y su contraparte de menosprecio y de exclusión. Son apuestas a la mezcla, al mestizaje de culturas, que recuperan y abren infinitas perspectivas.
*Psicoanalista y escritora