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La música, protagonista

CINE – “BABY DRIVER”

La última creación de Edgar Wright, “Baby Driver”, demuestra que no se necesita tener tramas intrincadas o giros inesperados para poder hacer una película original e inventiva.

Alejandro Bazán *

Edgar Wright es conocido por dirigir películas como Shaun of the Dead (Muertos de Risa), la comedia post apocalíptica de zombies y Scott Pilgrim vs. the World, basada en la novela gráfica del mismo nombre, entre otras. Su muy particular estilo de dirección es compuesto por un fuerte enfoque en la comedia visual y un montaje adrenalínico que mantiene el ritmo frenético en sus films. En Baby Driver, estrenada en 2017 (hasta ahora su última película), Wright tomó la fórmula ya establecida del género “heist movie”, o películas de atraco, y le dio un giro que la convierte en una de las más entretenidas y emocionantes películas de robos de los últimos años.

Premisa.

Baby, es un conductor de escape (por supuesto, el mejor del negocio), que trabaja para un jefe de una organización criminal, quien contrata diferentes equipos para cada robo, con la única constante que es nuestro protagonista. Tras un accidente automovilístico que le causó tinnitus, Baby ahoga el insoportable pitido en sus oídos escuchando música todo el día, con auriculares.

El estilo Wright.

La idea de que su personaje principal necesite escuchar música continuamente le dio al director la brillante excusa para hacer del soundtrack el foco principal en Baby Driver. Esta decisión, de todos modos, dependía por completo de que la banda sonora esté a la altura del desafío y finalmente, la lista de canciones resultó un éxito absoluto, fue reconocida como lo mejor de la película y hasta recibió premios en diferentes ceremonias. Clásicos del rock y soul, junto con algunas pistas de hip hop y electrónica, le dan diversidad y frescura a las diferentes secuencias narrativas, cada una marcada fuertemente y sincronizada al compás de la música donde toda acción ocurre al ritmo de la canción que suena.

Reparto estelar.

En términos de guión e historia, Baby Driver no rompe ningún esquema y es que su trama es en esencia poco imaginativa y hasta cliché, desde el conflicto planteado, hasta su propia resolución. Eso incluye la caracterización de los personajes, en la que aquellos que más llaman la atención y parecen más interesantes, son los que carecen de trasfondo y desarrollo, y visceversa, entre los más expuestos narrativamente. Igualmente eso no impide que todos sobresalgan, gracias a una elección de casting estelar, con estrellas como Jon Hamm, Jamie Foxx y en una de sus últimas apariciones, Kevin Spacey, antes de que una polémica sobre acoso sexual acabara con su carrera. Pero las grandes sorpresas son sus dos protagonistas, Ansel Elgort, como el titular Baby y Lily James. Ambos jóvenes actores se llevan el foco con actuaciones vibrantes, casi sin sentir la presión de las leyendas que los rodean.

Efectos.

En cualquier película donde la acción sea un elemento principal en la trama, el uso de efectos especiales cumple un rol importantísimo. Tiroteos, explosiones y especialmente persecuciones de autos, abundan en este film y la gran labor del equipo de efectos le da una veracidad a la acción que resalta el enorme esfuerzo puesto en esta película. De hecho el mismo director redujo su salario para cubrir una particular escena de persecución que el presupuesto simplemente no permitía completar. Pero el simple hecho de que no se haya utilizado prácticamente nada de efectos digitales generados por computadora, es evidencia del excelente trabajo de los dobles de acción, especialmente en las secuencias de autos, algo que no es común hoy en día, por la simple logística de poder filmar y recrear las monumentales escenas.

Menos es más.

Baby Driver, si bien se define como acción/comedia, logra desprenderse del masivamente establecido género de superhéroes, el cual muchas productoras buscan exprimir para cubrir la alta demanda y hasta copiar el modelo de universo cinematográfico, y poder estrenar así diferentes películas, de distintas sagas, todas bajo el mismo mundo diegético. El reconocimiento de la crítica y éxito en las ceremonias de premiación, demostraron entonces que todavía hay lugar para proyectos de menor escala con mediano presupuesto, más aún si la calidad de realización es de altísimo nivel, algo que según la filmografía del director, Edgar Wright, es moneda corriente.

* Estudiante de Crítica de Artes – Universidad Nacional de las Artes