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La nueva agenda política

Ambiente, género, interrupción voluntaria del embarazo -IVE- y transparencia son algunos de los temas de la llamada «nueva agenda» que articula demandas de manera transversal y hace tambalear a los partidos políticos.

Leandro Sallaberry *

Aunque se exhiben posiciones de todo tipo, la nueva agenda surge de manera colectiva, supera a los partidos políticos y, en algunos casos, los condiciona.
En esta nota, la politóloga Paola Zuban, el consultor Mario Riorda, las diputadas radicales Agustina García y Andrea Valderrama, el legislador justicialista Espartaco Marín y la vicepresidenta segunda de Nuevo Encuentro nacional, Gabriela Bonavitta, comparten sus visiones.
En los últimos 15 años, Argentina tuvo gran impulso de iniciativas que buscaron visibilizar y poner en agenda la ampliación de derechos. Muchas fueron aprobadas por el Congreso y generaron discusiones en las calles, las redes sociales y los medios tradicionales. Estas discusiones se dieron con un fuerte protagonismo de mujeres, jóvenes, organizaciones y colectivos, con gran incidencia de la generación «Y» (nacidos entre 1982 y 1994) y de la generación «Z» (que nacieron entre 1995 y 2010). Para estas generaciones, las nuevas tecnologías son poderosas herramientas digitales de activismo y desplazan, en parte, el papel mediador de la prensa, la radio y la televisión.
Así, la nueva agenda propone una forma de construcción colectiva, horizontal y colaborativa. Incluso, sus demandas adquieren una simbología muy fuerte que pasa, por ejemplo, por el uso de pañuelos de colores que funcionan como distintivos y contienen una importante carga de contenido propio. Es decir, una definición de lo que representan y, al mismo tiempo, de lo que no representan. Se definen, a la vez, en la diferenciación con «lo otro».
Respecto a esta agenda, «lo que sucede es que en términos identitarios adquieren muchísima más visibilidad que a veces hace sumergir a los partidos adentro de estos propios movimientos, que se vuelven trascendentes. Trascienden a los partidos y son constitutivos de una identidad pública e incluso, de una oferta electoral», expresó el politólogo Mario Riorda.
Paola Zuban, por su parte, se refirió a lo que considera «el desacople entre las agendas pública y política», al expresar que «mientras la sociedad, en época de pandemia, tiene preocupaciones más vinculadas a indicadores económicos, la clase política está discutiendo la suspensión o no de las PASO y reformas a la Justicia. Esta fatiga democrática no surgió con la pandemia, sino que potenció sus efectos. Los partidos tienen amplias responsabilidades en el empobrecido funcionamiento del sistema democrático».
En ese sentido, una de las demandas transversales que protagonizan las generaciones mencionadas tiene que ver con el diálogo intergeneracional, para que se concluya con la mirada «adultocéntrica» que hoy parece primar en gran parte de las estructuras partidarias.
«La mirada adultocéntrica se ve reflejada en la baja representación juvenil, en el recambio generacional, en los distintos poderes del Estado, a nivel nacional, provincial y municipal. Una mirada que se deja entrever cuando no se discuten políticas juveniles, políticas de arraigo, políticas de acceso al empleo, a la vivienda y, también, cuando los partidos proponen la baja de punibilidad sin debatir el acceso a la educación como la principal herramienta de transformación social», expresó Agustina García, diputada de la UCR.
Bonavitta, quien también está a cargo de la Dirección de Políticas de Género y Diversidad de la Municipalidad de Santa Rosa, dijo: «Creo que hay una mirada adultocentrista en la sociedad en general, recordemos que si bien estamos avanzando, el patriarcado aún está vigente y activo. Tenemos el enorme desafío de repensar todo lo que se ha construido a la sombra de una estructura».

Salir a luchar.
La nueva agenda lleva sus discusiones a las calles y a los ámbitos de decisión del Estado. Una de las pruebas más cabales es #NiUnaMenos, una lucha transversal, en medio de un contexto marcado por el aumento de casos de violencia de género.
Al respecto, Riorda destaca: «El movimientismo articula demandas en torno a ejes concretos, demandas insatisfechas; por lo tanto, demandas concretas también, a diferencia de un partido político que generalmente se vincula con identidades sostenidas ideológicamente en el largo plazo. Esto no exime de sostener que los movimientos son ‘aideológicos’, porque de ninguna manera lo son, pero sí, en ciertos temas, admiten transversalidad».
Entre las demandas de esta agenda aparece, también, el pedido de mayor apertura respecto a las juventudes. Ahora, ¿por qué hablar de «juventudes» y no de «juventud»? Porque dada la diversidad de variables tales como economía, demografía, cultura, entre otras, es más apropiado referirse de manera plural.
Eso sí: la llamada «nueva agenda» parece no admitir grises y la dirigencia política sabe que evitar pronunciaciones claras puede constituir el riesgo de perder adhesiones y de sembrar desconfianza. Entonces, se hace evidente que es «peor el remedio que la enfermedad».
Al ser transversal, la nueva agenda se construye desde la diversidad de miradas. A propósito de ello, Agustina García dijo: «La agenda ambiental ha ganado espacios de discusión en las nuevas generaciones y es nuestra responsabilidad dejarles un mundo mejor a los que vienen. En la Cámara de Diputados trabajé con Espartaco Marín y hemos demostrado que los jóvenes tenemos la capacidad de dejar de lado nuestras diferencias partidarias». Respecto a esa «agenda verde», Bonavitta expresó: «El ambientalismo es la gran agenda que se está impulsando y es más que necesaria».

Partidos y sus agendas.
Sobre el lugar que tiene esta nueva agenda en los partidos, la joven diputada García expresó: «Se ve un estancamiento de los espacios políticos respecto a estos temas que están dentro de la agenda de los jóvenes. La falta de apertura deja entrever que los distintos espacios partidarios no debaten políticas públicas, sino los nombres para ocupar un cargo».
En tanto, el diputado Espartaco Marín consideró que «la nueva agenda se impuso por sobre los partidos; por lo tanto, no les queda otro remedio que adaptarse». A su turno, Bonavitta sostuvo: «En los últimos años, los partidos tuvieron que revisar sus agendas. Toda propuesta que no contemple oportunidades y derechos para todes es una propuesta que se estanca. Todavía nos falta muchísimo, pero en los últimos años sentamos base y de ahí no se vuelve».
En tanto, la diputada Valderrama expresó: «Como todo lo nuevo, no siempre es fácil instalarlo en los partidos que, en general, se caracterizan por tener una estructura tradicional y conservadora. A pesar de ello, es imposible no dar el debate. Paradójicamente, ello se debe a la militancia no partidaria; es decir, a la militancia de organizaciones ambientalistas, grupos feministas o personas sin pertenencia partidaria».
Cuando se les consultó cómo funciona la agenda en sus organizaciones, hubo espacio para la autocrítica. Al respecto, Valderrama señaló: «Los partidos tradicionales, y aquí incluyo a la UCR, no han priorizado el debate de estos temas, ni le ha dado un lugar preponderante en las plataformas electorales. Lamentablemente, los debates se dan primordialmente en torno a las candidaturas. A veces, se dice o se piensa lo que electoralmente conviene. Y también agregaría la mirada patriarcal, que sucede en la sociedad argentina en general».
Respecto a una visión con perspectiva de género, Marín expresó que «le ha costado al PJ avanzar porque no teníamos Ley de Paridad y se dio el avance al sancionarse. De a poquito se van adaptando los partidos». En tanto, en relación al ambiente, el legislador dijo: «Lo venimos trabajando con diputados de otros partidos políticos, porque es un tema transversal desde lo ideológico. No puede ser visto como un tema municipal; el tema ambiental es un tema mundial». Por otro lado, Marín agregó: «La IVE es un tema transversal. Las generaciones nuevas están siendo atravesadas y mucho más concientizadas que generaciones anteriores».
A su turno, la diputada García destacó: «En la UCR hemos dado el debate respecto a la paridad de género y fue aprobado por la Convención Provincial en 2019, después de dos años de pedir su incorporación. El debate en torno a la IVE fue relegado por la mayoría de los partidos y se ha dejado que los legisladores nacionales decidan su voto respecto a su postura personal, influenciada en muchos casos por opiniones religiosas, éticas y morales».
En tanto, Bonavitta expresó: «Elegí militar en Nuevo Encuentro porque la agenda política siempre estuvo conformada por la ampliación de derechos, la militancia activa de lo que hoy llamamos campo popular; un partido que hizo de la transparencia, el ambientalismo, los derechos de las mujeres como sujetas políticas y las necesidades de la comunidad LGBTI+, ejes centrales que conforman nuestra identidad partidaria».
Por su parte, la politóloga Paola Zuban destacó: «Los avances, sobre todo en materia de género, producto de las largas luchas de los movimientos feministas, tienen poco peso en las preocupaciones partidarias. Los partidos ejercen un poder feudal en las decisiones y han excluido a las mujeres y disidencias, y hasta las han expulsado de los espacios públicos históricamente. Aún, las leyes de paridad han sido concebidas con distintas ‘válvulas de escape’ que hacen trampa a la ecuación e impiden el acceso equitativo a las mujeres. Con todo, la paridad numérica es importante pero no es suficiente».

Los desafíos.
Espartaco Marín, quién también ocupa la secretaría de Formación Política del PJ, expresó que más allá de las interrupciones de las reuniones en virtud de la pandemia, se llevaron adelante encuentros virtuales donde se abordaron temas ambientales, paridad, educación financiera, IVE, entre otros. Asimismo, como desafío, el diputado propuso: «La formación política en el PJ tiene que ser bastante amplia en estos temas, como IVE, ESI (Educación Sexual Integral) y temas ambientales. Como materia pendiente para este año es incorporar algunos de estos temas a las discusiones partidarias».
Agustina García destacó: «Los partidos y la política en general tienen una deuda inmensa con las y los jóvenes. El año pasado, en particular, se vio la falta de sensibilidad con nuestro sector. La juventud no estuvo diseñando y armando la agenda para la crisis sanitaria ni fue escuchada. Fue elaborada por adultos para jóvenes y no de jóvenes para jóvenes». En tanto, Andrea Valderrama señaló: «A los jóvenes y a las mujeres les cuesta más tener participación y ocupar lugares. Las legislaciones locales e internacionales bregan por un cambio de paradigma que abandone el adultocentrismo. Vamos en ese camino, pero todavía falta muchísimo».
Respecto a los desafíos, Bonavitta dijo: «Construir una agenda que contemple un abordaje integral de las problemáticas más urgentes, con un abordaje transversal desde los géneros y desde allí avanzar por la conquista y accesibilidad a los derechos que aún no están garantizados. Las militancias del campo popular tenemos el enorme desafío de defender esta unidad que nos llevó a gobernar Argentina, porque del otro lado está esperando un modelo de país que alcanza a muy pocas personas. En este camino, las mujeres, lesbianas, travestis, trans, estamos ocupando cada vez más espacios, no sin dificultades, pero cada vez mejor plantadas y organizadas».

Más democracia.
A modo de conclusión, Riorda agregó: «El problema de los partidos no es tanto acercarse o alejarse de los movimientos, sino conseguir liderazgos que se acerquen a las demandas concretas que plantea la oferta movimientista. Los extremos que plantean los movimientos dejan a los partidos políticos apretados y en el medio, muy faltos de identidad y como estructuras mucho más pesadas y menos dinámica en el ejercicio del debate público».
En tanto, para Zuban, «en la práctica quedan fuertes obstáculos, como estereotipos, falta de financiamiento, prácticas poco transparentes, pero el más poderoso es la indiferencia y apatía con que estos temas. Y, entonces, pareciera que debemos volver a discutir algunos temas que parecían superados. Pues está en juego la gobernabilidad».
También, la politóloga se pregunta cómo se resuelve esta cuestión, a lo que manifiesta: «La respuesta es simple y compleja al mismo tiempo: con más democracia. Normalizar la idea de que a las mujeres les gusta ejercer el poder y que ese poder construye más y mejor democracia. Quizás sea lo más aconsejable comenzar por democratizar la palabra, incorporar las voces de las mujeres y hacer realidad, así, las oportunidades para ser verdaderos agentes de cambio en lugar de simular serlo. No hay democracia posible sin igualdad de género».

* Consultor y magíster en Comunicación Política