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La obra de Cristian Aliaga

Una edición mexicana reúne ensayos críticos sobre la obra del escritor patagónico Cristian Aliaga. El dolor, los sueños, el sur, los viajes, entre otras tendencias, son analizadas por diferentes escritores.
Gisela Colombo *
«El saber oscuro y peligroso del poeta» es un libro de ensayos críticos sobre la obra del poeta patagónico Cristian Aliaga. Editado en México en 2020 es un trabajo de compilación de Ben Bollig y Luciana Mellado, que reúne una serie de textos críticos bastante amplia sobre la obra de un poeta, que es reconocido no sólo en Argentina sino también en ámbitos literarios de España, México, Italia e Inglaterra.
El libro está estructurado en varios apartados, que van presentando, desde diferentes perspectivas, las constantes de una poesía particular.
El primero está compuesto por aportes de tres autores. Escritos por ambos editores, y por Eduardo Milán, nos introducen en las tendencias de la obra general de Aliaga en las Palabras preliminares.
Mellado ya nos anuncia inclinaciones importantes en su poética: la presencia del dolor, que en los primeros poemas será de origen corporal, lo cual en definitiva revela lo que el autor luego dirá en entrevistas, que el dolor viene del cuerpo y se expande hacia el mundo. Pero también nos anticipa la importancia que tendrá el sueño en la obra de Aliaga. Para él, es un modo de interpretar y disponer la realidad y sus fragmentos. «Un mecanismo cognitivo que se nutre de la magia, las casualidades, la intuición, la inconsciencia como inapelables claves con que lo real nos interpela desde su sombra subterránea». Como si el sueño, como grito del inconsciente auxiliara la razón cartesiana y descubriera una franja más profunda de la experiencia. Como si estrenara un lenguaje «más anclado en la intuición, la curiosidad y la materia impalpable de los sueños».

El sur y la incertidumbre.
«La última frontera/ de esta ventana es el sueño. No aquel/mar que se come el horizonte».
Bollig abordará en esas palabras iniciales, su relación con la Patagonia y esa realidad que está al margen, en algún punto, echada a perder. Los efectos de políticas erradas sobre regiones periféricas que nadie recuerda ni atiende.
El editor asimismo se interesa por el viaje bisagra que hace Aliaga a Leeds, localidad británica, donde una serie de características propias de la poesía inglesa se incorporan a la suya. Agilidad, versos cortados, más breves o concentrados. El nuevo estilo devela una sensación distinta a la del dolor físico que desnudaban sus primeros poemas y se traslada al desarraigo existencial, al extravío y la incertidumbre.
También hace foco en la creciente atracción de Aliaga por el tópico del diario de viaje que retomará Carlos Gamerro en el siguiente apartado de este libro.
Los prólogos, estudios y presentaciones son el segundo conjunto de textos. Trabajos de diversos autores que se congregan aquí para reflexionar sobre elementos particulares de la obra. Destaca entre esos estudios el de Ariel Williams, donde es posible hallar una honda interpretación de las ideas fundantes de Aliaga. Tal es el caso del oscilar permanente entre un hastío estructural y un asombro latente que frustra inesperadamente la resignación. El hastío es la conciencia de la repetición circular de la experiencia humana. Domina el ánimo sin que el sujeto deje de esperar, aun sabiendo que no vendrá lo deseado. Y, no obstante, persiste el asombro, el quiebre de esa circularidad deshumanizante de la experiencia. Y en esos giros sorpresivos se inscriben las serendipias de los encuentros, la belleza que nunca está del todo ausente y el misterio del ser.
El iluso que sigue esperando más allá de las evidencias de que nada cambiará es quien actúa la «rebelión sublime» de dar existencia a algo que la lógica insiste en desmentir.
Y es el poema precisamente la grieta que se abre en el hastío y devuelve el misterio por medio de la belleza.
O en palabras del poeta: «Poema: dícese de lo que rompe descubriendo».
Es por ello que la duda, la permanente pregunta, es la raíz de su poesía. «La manía de persistir/ en las preguntas/ no origina respuestas, / sino cómplices/ en la duda».
Allí está la resistencia también circular frente al misterio. Las respuestas certeras son, para él, una falsedad casi siempre animada por intereses. El resto es duda. No obstante, Aliaga no parece desear ser descubierto y comprendido del todo. «Es preferible, tal vez / que pocos entiendan el discurso/ de un hastiado….»
Williams nos habla de una paradoja dada por la percepción de que hay un lector para él pero la obra no llegará a sus manos.
Es curiosa la condición que atribuye Williams al poemario de Aliaga. Si el lector que ha notado el hastío de la repetición vital y se le ha vuelto insoportable tomara contacto con sus poemas, éstos se tornarían peligrosos. Es un poco oscuro el motivo que desliza el crítico, pero se relaciona con el exceso, espabilado por una falta que posee la realidad.
El asunto de la Patagonia como espacio y representación es sondeado inteligentemente por Alicia Genovese en el prólogo de una antología llamada «Estrellas en el vidrio» cuya edición pertenece a Jorge Boccanera.

Amigo de Bustriazo.
El siguiente conjunto del libro son las Reseñas, que mantienen el interés en las percepciones críticas sobre la obra del poeta. Se inscriben en esta sección artículos provechosos sobre los aspectos que los editores ya habían mencionado en la primera sección.
Llama la atención aquí otro texto de Bollig donde se enumeran los temas fundamentales del autor, entre ellos, su admiración por la poesía de Bustriazo Ortiz. El autor hablará de eso en el apartado que sigue cuando diga: «A partir de la admiración, me hice amigo de dos grandes salvajes: Francisco Madariaga y Juan Carlos Bustriazo Ortiz, de los que aprendí mucho y fueron una inspiración». Pero también manifiesta su cercanía con Bustriazo, el hombre: «Yo he visto de cerca el sufrimiento del poeta Bustriazo Ortiz, por ejemplo. En su distanciamiento del mundo, marcado por un dolor que ya no podía comunicar, fue abandonando las palabras hasta llegar al silencio».
Así llegará el conjunto de las Entrevistas, donde en primera persona Cristian Aliaga contesta sobre los asuntos tratados en reseñas y estudios; los confirma, los explica, los elude o los amplía. La posteridad debiera estar muy agradecida de que se hayan reunido todos estos dichos que de otro modo se perderían en la inmediatez evanescente de la lengua oral.
Lo siguiente es una Antología breve titulada «Dejo todo en manos de la marea» donde se presentan los poemas más sugestivos de Aliaga, según el criterio de Williams.
El cierre es Poemas visuales de Alejandro Mezzano y Cristian Aliaga, una serie de poesías de lenguaje mixto entre el diseño y la lírica. Su génesis se ordenó a ser una muestra ofrecida por St. John’s College de Oxford en 2011 y resulta el broche ideal para un libro como el que nos ocupa.
Tan valioso como escarpado por momentos, característica habitual de los productos académicos, el texto no resulta inaccesible y leerlo podría ser una oportunidad para conocer al poeta, o para ahondar en su obra.
La magnitud del producto se expresará íntegra ante investigadores y especialistas, que le darán la trascendencia que merece a esta «summa» de inobjetable nivel crítico.

*Escritora