Inicio Caldenia La osadía de Judith

La osadía de Judith

MITOS – RECREACIONES ARTISTICAS

Pintores, escultores, ebanistas, arquitectos y toda clase de creadores han recreado escenas dramáticas que narran los libros más antiguos.

Gisela Colombo *

Entre los relatos que se consignan en los libros que componen la Biblia, algunos despertaron un interés permanente entre los artistas. Pintores, escultores, ebanistas, arquitectos y toda clase de creadores han recreado escenas dramáticas que narran los libros más antiguos.

Evitando abiertamente el debate respecto a la devoción casi nacionalista que revelan algunos textos del Antiguo Testamento o la Torah, resulta interesante observar en qué medida un gran pintor como Caravaggio rescata la osadía de Judith frente al ejército imparable de Nabucodonosor, mediante un simple engaño de alcoba.

Holofernes fue un general asirio temible. La muerte lo encontró cuando estaba a punto de conquistar Betulia (Israel).

Judith era una habitante de la ciudad, viuda muy bella y especialmente respetuosa de su dios y de su patria. Tenía el aprecio de su comunidad por llevar una conducta inobjetable. Cuando el General Holofernes la vio, quedó prendado de su belleza a tal punto que deseó conocerla. Judith, que no se dejó vencer por el miedo (lo que habría sucedido a cualquiera en su lugar) leyó en esa circunstancia inesperada una señal de la intervención divina, que debía estar preparando el terreno para algo imprevisto: invertir vencedores y vencidos.

¿Cómo habría de aprovechar esa oportunidad?, se habrá preguntado Judith. Y lo que hizo fue quitarse el luto y vestir la mejor ropa que tenía. Después, se acercó al campamento babilónico e ingresó con el general a su tienda, dejándole ver que correspondía su interés romántico. Un rato de charla y Holofernes acabaría convencido de que la mujer incluso apoyaba sus propósitos bélicos. Por medio de ese juego de seducción fue embrujando a Holofernes hasta que el hombre perdió la resistencia y se dejó emborrachar hasta perder la conciencia. Es cuando Judith, con ayuda de su criada, dio el golpe mortal con una espada que lo despojó de su cabeza de un segundo a otro.

Al amanecer, despertó Betulia con la escena tremenda que exhibía el rostro del temido General, del devastador Holofernes, sobre las puertas de la ciudad.

No es nuestra intención desconfiar de la veracidad histórica de los hechos, que seguramente la historiografía resolvió, pero el pensamiento mítico característico de los libros más antiguos, invita a pensarlo de modo analógico, como si fuera una metáfora.

Misión existencial.

La heroína Judith enfrenta los peligros y carga con los riesgos de todos sus compatriotas. La señal de la oportunidad, que encuentra en el interés romántico del general, es suficiente para que ella sienta el mensaje de su dios y emprenda, como una misión, la decapitación del ejército invasor. Así, con un pequeño ardid de alcoba logra dejar acéfalo al agresor y salva a su ciudad.

Se trata de la misión existencial que justifica en su segundo el haber nacido. La que le ha tocado según la voluntad divina, y como criatura pía, ella ha abrazado. Por eso el texto resalta que la mujer recibiría después muchas propuestas de matrimonio, pero por provechosas que fueran, las rechaza y regresa a su vida devota y a su simple existencia.

Leído lo narrado con el mismo tamiz metafórico que aplicamos en la historia de Adán y Eva, donde los hijos no eran individuos sino pueblos enteros, aquí la astucia de Judith, la inteligencia de parecer débil y ganar la confianza del enemigo para bien de todos, es casi una lección para el pueblo israelí que fragua en la máxima castiza: “Más vale maña que fuerza”. Será en los Proverbios, otro libro bíblico, donde se expliciten muchas de las enseñanzas que aparecen, por medio de relatos históricos, en un lenguaje metafórico.

* Escritora y docente