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La Pampa es un viejo mar

Hace 100 años nacía Juan Ricardo Nervi. Llegaba su alma, su espíritu, su ser, el 19 de agosto de 1921 a la entonces «Colonia Castex», para recorrer variados paisajes humanos y de los otros.

Ernesto Del Viso *

Andariego su acento y su pluma, siempre retornaba a Eduardo Castex. Lo hacía en revueltas de utopías, con mirada tal vez detenida en su juventud pueblerina, sin desconocer que habían existido cambios, mutaciones y hasta desapariciones de aquellos sitios que él creía encontraría superados, crecidos pero nunca ausentes como su ser los hallaba después de larga ausencia. Unos pocos cuidaban una pequeñita llama de aquella fogata de los 30 y 40 del Siglo XX, pletórica de creatividad y expansión cultural.
Lo lastimaba el arreo de banderas culturales que sabía bienhechoras para su pueblo; no resignaba sus intereses de solidaridad popular, poniendo siempre a disposición de los que no oyeron su propuesta nunca, su experiencia, sus ganas inconmensurables de dar y dar en pos de una identidad, que seguramente era su creencia y se desfasaba con las actuales y reinantes en su Castex natal. Pero está toda su obra que merece ser puesta otra vez en valor y en forma sostenida.

Si usted no conoce el sur.
Muchas veces nos hemos preguntado qué es eso de que La Pampa es un viejo mar, cuando en realidad, por siglos no se ha caracterizado por ser un territorio bendecido de humedad.
Hace muchos años, me lo contó Nervi y dijo: «eso del viejo mar, más bien se trata de un hecho científico tal como lo establecen no pocos investigadores de antaño y hogaño, tales como Florentino Ameghino, Frenguelli, Charles Darwin, por citar algunos». Por otro lado, aquí en La
Pampa, hay evidencias prehistóricas, hay certeros testimonios que acreditan la mentada situación.
Enseguida Ricardo, apela al vuelo de las gaviotas y su hábito de ir detrás de un arado, picoteando los terrones en procura de gusanos para alimentarse. O se corre hacia tiempos pretéritos donde reside el hallazgo de un ancla, en el Salado o de bidones y tinajas que otrora transportaran aceite.
Pero como si todo lo anterior supiera a poco, una moneda o medalla fenicia, hallada en el sitio denominado «Potrillo Oscuro», al momento de realizarse una excavación para proveer de agua potable al lugar, se erige en otra probatoria de que este territorio, donde pone sus reales la provincia de La Pampa, ha sido un mar. Lo de viejo suena a cosa añeja, a un ayer cierto pero muy lejano. Un otrora veraz de salinidad poblando el mal calificado a veces desierto, extendida en lagunas como las del «Parque Luro», al sur de la capital de La Pampa donde el paso atento y buceador de pasados, tropezó con caracoles marinos petrificados allí.
También acercan intentos de descifrar un ayer «marino», los grandes salitrales, que con sus manchas blancas en la planicie aparecen aquí o allá en el sur de la provincia.
Es cierto, que esto de que la Pampa es un viejo mar, no fue algo nuevo cuando apareció el poema que musicaliza Alberto Cortéz en los años 80 del Siglo XX. En sus libros «Gleba» (1951), «Otra vez la gleba» (1961), «Rastro en la sal», o en «Canto a La Pampa» (1961), ya Nervi, nombra la situación «marítima» del paisaje pampeano.
En «Canto al trigo» de hace sesenta años, dice: «la sal de tu amor abandonado agrandó tu horizonte de gaviotas».

Charla con Ricardo Nervi.
Traemos, a través de tantos años, la charla que tuvimos con Ricardo sobre esta canción tan difundida, tan interpretada en nuestra provincia como en Latinoamérica toda: «La Pampa es un viejo mar».

– ¿Cómo nació tu poema «La Pampa es un viejo mar»?

Nervi: La verdad que esta letra estaba entre mis papeles y antiguos poemas inconclusos. Una tarde, tomando unos mates con Alberto (Cortéz), «la rescata» y me pregunta: ¿Qué es esto Ricardo?, y yo la verdad que mucho no me acordaba del poema, y entonces me lo pide, y al parecer sintió el tema como suyo, con la hondura de su entrañable cariño por su terruño natal, ese Rancul que nunca olvida, esa cuna inalterable en su sentimiento. Te recuerdo Ernesto, que la escena que estoy recreando, era en la casa que yo tenía en México.
Pero todo quedó ahí, yo seguí con mis cosas y él debe haber partido hacia sus interminables giras.
La verdad, me despreocupé de lo que había ocurrido aquella tarde. Y me reencuentro con el texto muchos años después, cuando recibo su disco «Entre Líneas» de 1985, junto con otra letra mía, que tal vez se llevó aquella tarde de la que te cuento, no sé.

– ¿Cuál era la otra letra tuya incluida en el disco «Entre Líneas»?

– Ah, si, era «Canción para mis manos», que parece tuvo un éxito extraordinario, por aquellos tiempos, en Varadero (Cuba), tal es así que Alberto (Cortéz), me cuenta que se la hicieron repetir varias veces. Esas manos que plenas de aliento cálido ayudaron a modelar un amor que yo creía imperecedero, en lo terrenal claro está, pero que otro día, de cuajo, lo arrancó de mi lado, lo pereció y esas mismas manos adquirieron la calidad del mármol: frías.

Bueno es recordar que ya en 1980 y en el disco «Castillos en el aire», Cortez presenta en el último surco del lado B (disco en vinilo aunque ya suene antiguo pero que tengo entre mis manos), el «Soneto en verde» una guajira para el poema de Nervi que podemos ubicar en su libro «Rastro en la Sal» (edición La Arena), con prólogo de Edgar Morisoli. Luego en 1983, en el disco «Como el primer día», Cortez le musicaliza a Ricardo: «Letanías del Sembrador Ausente», todo un alegato a ese italiano que llegó a esta «Aldea Gringa» a quebrar su cuerpo y trazar una melga, y sembrar la tierra y poblar de frutos esta parte del este de La Pampa. Pero en ese mismo disco hay una muy bella canción que Cortez bautizó «Flor de Cardo»; originalmente ese poema estuvo dedicado por Nervi a sus padres inmigrantes y lo tituló «Trova de amor campesino»: «De luna y estrellas / de surcos y espigas / una flor de cardo, estás hecha amiga/ y porque estás hecha,/ de surco y espiga /al pie del arado soy tu amigo / amiga».
Con «La Pampa es un viejo amor» se cierra una tarea en conjunto entre estos dos pampeanos -Nervi y Cortez- uno de Castex, el otro de Rancul, que nos deja cinco obras maravillosas, para volver a pasar por el corazón cada tanto.
Un sábado de diciembre de 1995, en pleno ensayo de Cortez, Nervi va a su encuentro. Alberto andaba con Facundo Cabral; eran pasadas las 18 horas cuando en el Club Estudiantes de Santa Rosa, Cortez mira a su izquierda y lo ve a Ricardo Nervi con su mano derecha metida en el saco marrón que lo está semblanteando, inmediatamente suspende la prueba de sonido el cantor diciendo: «Paramos un rato, acaba de llegar el profesor Nervi». Fui testigo de semejante momento pleno de emoción, pero esta ya es otra historia que algún día contaré.

¿Cuál es el mensaje lírico de «La Pampa es un viejo mar»?

– Tal vez ese mensaje ni exista. En realidad, todos mis poemas, suman un largo, tenaz, inacabable «mensaje», que surge del tremendo amor que tengo sobre esta tierra donde nací, amor vastísimo sobre «la Patria chica» testigo de mis primeros pasos, de mis primeras lecturas, de mis inicios en el amor, de mis veleidades de futbolista o boxeador. En fin esa «Patria del Corazón» de la que Edgar Morisoli suele hablarnos.
Cuando en la canción señalo «Usted no conoce el sur? / y piensa que es el desierto», lo que deseo es afirmar que solamente la vivencia de lo «pampeano» le hará saber a tanta de esa gente «que pasa y se va», que aquí el paisaje tiene su protagonista, el hombre de La Pampa y que más allá de la desolación y la inmensidad y del tremendo silencio de la llanura, existe un espacio de sosiego íntimo y fraternal, que refleja un estado de ánimo peculiar en aquello que por ejemplo sepan escuchar «las trutrucas del pampero».
Un llanto de sangre y sal.
Nervi: ya en mi «Canto a La Pampa seca» (del libro «Otra vez la Gleba»), refería este tema al decir «Alambradas de púas / circunscripta / por un río de sal y otro de sangre / en vano derramado». Aquí cito al río Salado y al Colorado y al «desperdicio» de ambos, que morían al dar, inútilmente, sus aguas al mar. Aclaro que esto yo lo decía por inicio de los años 50′ y era toda una utopía el aprovechamiento del Colorado, como después se concretaría. La verdad que aquello del río muerto, es en cierto modo, toda una premonición hasta tanto los mendocinos no hagan las sueltas que la ley ya ha dispuesto.
Pero esta canción es todo un canto esperanzado y enamorado, a través del cual ellos dos, Nervi y Cortez (el pampa García Gallo), expresan su sentimiento de fidelidad y filialidad hacia el suelo donde nacieron. Hoy, a la vuelta de la vida y de la muerte, ya están en sus propios terruños.
«La Pampa es un viejo mar», es todo un canto a la identidad de nuestra comarca. Señala mojones que debemos revisar para saber quiénes somos y por qué somos así. No solamente los que pasan de largo, como turistas, no alcanzan a saber de esta Pampa, también están sus propios habitantes que se estacionan cómodamente en la supuesta languidez que inspira la extensión de la llanura, en «la posible tristeza» que infunde, y ello sucede porque unos -los turistas- como otros, mis coterráneos, ignoran su secreto y ya es tiempo que los revelemos, porque son nuestros. Sino parece como que hemos pasado toda nuestra vida sin saber quiénes somos, no?… Es una letra que nos insta, a cada paso de su desarrollo a hallar nuestro sentido de pertenencia a esta tierra.
Nervi es nuestro guía, nuestra brújula sencilla, sin petulancia ni arrogancia, nuestro «aparcero», el que es capaz de decir: «verá un manantial de luz / en el corazón del médano».
«La Pampa es de áspera piel, pero jugosa por dentro».

* Músico

«La Pampa es un viejo mar»

Letra: J. Ricardo Nervi
Música: Alberto Cortez

Si «usté» no conoce el sur
y piensa que es el desierto,
no sabe lo que es La Pampa
porque ignora su secreto:
La Pampa es un viejo mar
donde navega el silencio
«usté» que pasa y se va
puede bajarse sin miedo
podrá escuchar como suenan
las trutrucas del Pampero.
Si «usté» no ha «estao» por aquí
no sabe lo que es el viento.
Tierra para estar de pié
con las vigilias del tiempo.
A veces entre los cardos
se va desangrando el suelo
y un llanto de sangre y sal
le llora su río muerto.
Busque en el pobre hachador
su caracú jornalero
la médula de un Caldén
hallará si escarba el hueso:
con sus raigones de fe
son plantas mirando al cielo.
Deje que llueve nomás
sobre este cultrum reseco
ya verá como florecen
los surcos del chacarero:
con sus muchachas en flor
el trigo se da en un beso.
Venga conmigo y seré
Para siempre su aparcero
Verá un manantial de luz
En el corazón del médano:
La Pampa es de áspera piel
pero jugosa por dentro.
Si «usté» no conoce el sur
y piensa que es el desierto
mire bien ese horizonte.
«¿No ve mil barcos veleros?
¡La Pampa es un viejo mar
donde navega el silencio!