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La poesía de liberación

El reciente fallecimiento del poeta Edgar Morisoli sin dudas ha tirado del piolín la cultura de esta comarca, matra de poesía, y comenzará a tintinear con más fuerza su obra que va más allá de sus libros editados e inéditos.

Silvio Tejada *

Morisoli ha escrito una vida y las vertientes que ha rumbeado están ya fluyendo desde este sur de la memoria.

“La poesía, según Edgar, dice lo que la historia calla, pues maneja saberes del corazón, de la intuición, de la visión, del sueño, del vaticinio (por eso el poeta es vate), en el marco de la más irrestricta libertad creadora”.

En esta época que vuelve a debatirse el racismo y la esclavitud, leer a Morisoli se convierte en un rumbo de liberación, su poesía es resistencia y las reflexiones surgen naturales revisando nuestros pasos oprimidos.

En “Rapsodia de los olvidos”, poema visionario del libro Tabla del náufrago (E. M. de Ediciones Pitanguá, 2008), Edgar Morisoli prefacia el relato de la historia, nos advierte su voz poética la realidad desde el Mamüll Mapu que lee desde su raíz. El poeta advierte que “la historia” de nuestros pueblos se menoscaba, que hay que ahondar y cavar para rescatar de la obscuridad del olvido el relato memorioso que trepa germinal la memoria que florece.

Es una pregunta la que abre esta rapsodia, una pregunta que resuena desde el adkintun de la poesía, Morisoli nos ubica en un territorio y nos presenta una respuesta que derrama cuestionamientos hacia nuestra historia:

“Desde las tornadizas riberas del Popopis/al austral Onashaga (después nombrado Beagle),/

¿qué cosa habrá que no se llame Roca?.

Pueblos, ciudades, calles, avenidas,/lagos, ferrocarriles, ventisqueros, kioskitos/de mala muerte, escuelas, vastas jurisdicciones/territoriales, cerros, colonias, fiambrerías/de especiosos efluvios, plazas, cines, hoteles,/todo lleva su nombre”.

La mal llamada.

Morisoli nos abanica con referencias a la presencia de imposiciones, de bautizos vacuos de un territorio que “honra” a Julio Argentino Roca. “Rapsodia de los olvidos” encuentra el rumbo de la historia al retratar el “Arreo de indios” que perpetrara la mal llamada Conquista del Desierto.

“Eran hombres rendidos: se habían entregado/a la Nación. La ‘chusma’ –es decir, sus familias–/con ellos: las mujeres, los ancianos, los niños. Pasaban de seis mil los ‘sometidos al gobierno’. E igual fueron arreados/hacia lo que llamaban los ‘Depósitos de Prisioneros’ (Chos Malal, Valcheta,/Malargüe, Trenque Lauquen, Villa Mercedes o Martín García),/de a pie, por centenares de leguas, sin descanso/ni compasión.

Caían al borde de la huella/los enfermos, los viejos, los exhaustos. Las madres/próximas o recientes. Los dos tercios/murieron en la marcha, rematados a cuchillo o a bala…”.

Este arreo de indios en el “desfile de la victoria” de la crueldad, es una postal del genocidio del estado Roquista hacia los pueblos originarios, que se ve reflejado en los discursos violentos que avalaron que la “conquista del desierto” entregase más de 40.000.000 de hectáreas a casi dos mil terratenientes vinculados con el Estado, formándose la propiedad rural bajo la tierra ensangrentada.

¿Qué cosa habrá que no se llame Roca? Resuena y Edgar le pone voz poética  a Rosario Linepeo, Félix Manquel, Laureana Nahueltripay, Antonio Calcuer a quienes dedica la trova: “Ya terminó “La Limpieza”,/la tierra quedó vacía,/o mejor dicho vaciada/de gente y alma. Baldía”.

Roca, mito nocivo.

La historia oficial de Roca se retuerce con esta rapsodia, dice Morisoli. 

¿Qué cosa habrá que no se llame Roca? Se inscribe en la búsqueda de la verdad al unísono con las voces de hacedores de la cultura que se paran en la calle anti Roca. Morisoli se atrinchera con la palabra al igual que Osvaldo Bayer, Jorge Etchenique, Daniel Bilbao, José Depetris, Marcelo Valko, Diana Lenton, Pinky Pumilla, Adrián Moyano, Valeria Mapelman y tantas y tantos que cuestionan al genocida Roca.

“Roca, mito nocivo” dijo Edgar Morisoli, “la figura de Roca es un mito nocivo de la historia argentina, un mito negro que hay que ir desarmando, pieza por pieza, y ver qué nos queda… qué poca cosa queda después…”.

“Roca debe ser analizado en su propia acción histórica y además en el carácter emblemático que tiene de último protagonista relevante de la concepción de la cruzada, él mismo lo dijo, se consideraba continuador de 300 años de cruzada contra la barbarie, es decir que por un lado hay que analizar su figura, en qué momentos interviene, contra quiénes interviene, no sólo contra los indígenas de pampa y patagonia, interviene contra las últimas rebeliones del interior federal contra el poder portuario, hay que darse cuenta de que esos dos tipos de intervenciones se identifican… Es la misma concepción, la vieja dicotomía: civilización o barbarie”.

Figura nefasta.

Morisoli visibiliza lo que representa seguir sosteniendo homenajes a quien fuera responsable de genocidio de lesa humanidad frente a los pueblos originarios, además de ser representante de la generación del 80, que dilapidó todo sentido de la revolución de 1810 y que atentó contra la clase trabajadora bajo su gobierno con la Ley de Residencia o Ley Cané (1902).

“El pequeño municipio de Huecu, ahí fue el primer lugar en donde desapareció la figura de Roca. Esa es una figura nefasta de la historia argentina, creo que es el adjetivo que mejor resume lo que yo pienso de él” (E.M).

Morisoli sentencia: “El sur está, y está en nosotros;/su vocación de resistencia instaura/su ser, y la conciencia de su ser en el mundo” (E. M. de “Cuestiones con el sur”)

* Poeta, integrante de la agremiación cultural APE