La leyenda del túnel

Luis Ernesto Roldán* – En Telén se afirma que su fundador, el estanciero Alfonso Capdeville, construyó túneles desde su residencia en "El Alto" hacia varios lugares. Tal vez como escondite o para ocultar bienes.

Fábula o realidad, algunos indicios sobre esa misteriosa construcción. En el año 1920 falleció en El Sosneado, provincia de Mendoza, don Alfonso Capdeville, aquel multifacético francés, pionero del campo pampeano, que por ese entonces estaba dedicado a la minería. A la apertura de la sucesión, sus derechohabientes se encontraron con la sorpresa del gran pasivo que gravaba el patrimonio del extinto. Patrimonio que había acumulado con trabajo y esfuerzo propio, inversión de capitales, creación de sociedades, puesta en marcha de industrias y comercios de distintos ramos, desde su ingreso a la Argentina y fundamentalmente desde su arraigo en La Pampa en los albores del año 1882.

Negocios.

Su primera explotación agropecuaria la supo realizar por la zona de Epu Pel por los alrededores de General Acha, la primera capital del Territorio Nacional de La Pampa Central.
Luego en 1890, cuando la Argentina se sumergía en la crisis, apareció por Victorica, donde en representación de la Ganadera Nacional S.A., exigió la devolución de las tierras en que se hallaba fundado el pueblo, lo que puso en vilo a todos los ocupantes, que venían reclamando sus títulos definitivos al gobierno nacional.
Su empeño por apropiarse de tierras para colonizar y ponerlas en explotación fue tenaz y audaz. Alguna vez fue acusado de utilizar métodos violentos para desalojar ocupantes de predios que todavía continuaban figurando como fiscales.
Después decidió colonizar Telén, el pueblo que fundó como respuesta al triste suceso que lo desalojó de la conducción de la intendencia de Victorica y a consecuencia del cual murieron tres personas y otras varias resultaron heridas.

El escape.
En una nota del intendente Carlos V. Renevier de Telén, fechada el 12 de febrero del año 1940, elevada al entonces gobernador del Territorio Nacional de La Pampa, en el adjunto se puede leer esta anécdota: "Cuéntase que allá por el año 1902, se acusó a Capdeville por falta de propiedad de una partida de cuerambre, que ya enfardados se disponía a remitirse a Europa, y desde Santa Rosa se ordenó su detención. El comisario encargado de tomarlo preso se presentó con varios gendarmes en la casa de comercio, pero este que se hallaba enterado de la denuncia obligó al empleado de policía a abandonar inmediatamente su domicilio, asegurándole que no se iba a dejar detener por cuanto era un complot de varios egoístas que habían engañado a las autoridades de la Gobernación".
"Muy convincentes debieron ser las razones expuestas, pues el comisario se retiró en el acto para comunicar lo ocurrido a Santa Rosa y pedir refuerzos denunciando que el señor Capdeville se encontraba atrincherado en su domicilio con varios hombres armados a sus ordenes; pero dejando un cordón policial que impidiera la huida del señor Capdeville, pues temían que se pudiera ausentar para Buenos Aires y poner en conocimiento del hecho al general Julio A. Roca, de quien era amigo personal y por entonces presidente de la República."
Continúa el escrito: "Don Alfonso Capdeville burló la vigilancia y se ausentó para Toay, donde pensaba tomar el tren. Enterada la policía de Santa Rosa se apresta para detenerlo e impedir que pueda embarcarse. Pero el fugitivo que era amigo también del gerente del Ferrocarril Sur consigue que la locomotora que debe conducir el tren, salga hasta un paso a nivel de las afueras del pueblo y lo conduzca a él hasta Naicó; queda ahí el señor Capdeville mientras la locomotora regresa a buscar el tren. A la hora que debía partir el convoy llega a la estación el vehículo particular del señor Capdeville, pero el que iba a embarcarse, no era el propio señor Capdeville, sino un señor comprador de cueros que lo había acompañado a aquel desde Telén".
"La policía quedó desconcertada. El tren partió sin que se pudiera explicar la ausencia del señor Capdeville, mientras éste aguardaba el tren en la estación de Naicó. Sigue a Bahía Blanca de donde continúa a Buenos Aires y acompañado de sus amigos Carlos Casares y Carlos Pellegrini se presentó a quejarse al General Roca. Esta aventura costó un serio disgusto al gobernador y otras autoridades del Territorio", precisa el relato.

Banco y quiebra.
La decisión de fundar el Banco de Crédito Rural en Trenel, fue parte de la guerra comercial y política contra el empresariado victoriquense, que tenía a su alcance una sucursal del Banco de la Nación Argentina desde su inauguración en 1909.
Pero su experiencia como banquero que comenzó en abril de 1910, un mes antes que la Argentina opulenta festejara su primer Centenario, terminó en una quiebra y hacia 1918 todavía la sociedad estaba en liquidación. El propio Banco del que era accionista fundador, le había iniciado un juicio ejecutivo en 1917 a Capdeville, quien ya estaba instalado en Mendoza y con todas sus sociedades en trance de liquidación.

Más negocios.
Su experiencia como productor agropecuario en el campo de la Colonia Telén, lo llevaron a sembrar alfalfa en zona marginal, a plantar varias hectáreas de viña y a comprar maquinaria en cantidad para todas las tareas concernientes a la siembra, la cosecha y el transporte.
También su experiencia como ganadero en distintas sociedades de las que participó o como inversor en tierras, fueron comprometiendo su capital.
Los fracasos de las cosechas, las bajas en los precios de los cereales y de las lanas en el mercado y sus numerosos compromisos afectaron con prendas, hipotecas y garantías personales su patrimonio, que varias veces sufrió embargos, sobre todo después que su propietario se dedicó a poblar y poner en explotación "El Sosneado". Para llegar a dicho paraje, supo alquilar autos con chofer que lo llevaban desde Telén hasta el lugar donde terminaría sus días.

Remate.
El desequilibrio económico, terminó en crisis financiera que afectó profundamente el patrimonio, dado que el pasivo se había sobredimensionado. Es muy probable que el contexto internacional de 1914, año de inicio de la Primera Gran Guerra, que impacta en los intercambios comerciales con Argentina, terminaran de afectar profundamente su proyecto colonizador de Telén. Gran parte de los colonos, algunos profesionales y técnicos de procedencia francesa vuelven a su patria de origen. Venden y liquidan sus inversiones para poder regresar.
El año 1918 es embargada la quinta Nº 127 de Telén. "Todas las referencias indican que se trataba de ‘El Alto’, la residencia de Capdeville y símbolo del progreso y pujanza de esta población. En 1924 es rematada en Santa Rosa", afirma Andrea Lluch en "Arando en el desierto, itinerario fotográfico de la colonización francesa de Telén. Pampa Central, 1900-1914".
Su hijo Enrique, nacido en Epu Pel el año 1889, que había quedado a cargo de la administración del remanente del capital de don Alfonso declaró en una entrevista periodística publicada en La Arena el 24 de octubre de 1970 que a su campo le había puesto "La Amargura", "por los ratos amargos que uno ha pasado en la vida". Ese estado de ánimo lo embargó probablemente, al descubrir que la sucesión tenía que enfrentar cuantiosas deudas de distinta naturaleza.

La leyenda.
Según la leyenda, durante la permanencia de Capdeville en "El Alto" (aproximadamente hasta 1914), este habría hecho construir, desde el sótano de su residencia, un par de túneles.
El primero habría sido antes que llegara el Ferrocarril del Oeste a Telen (1908) y según la versión, conectaba su residencia con los alrededores del cementerio de la localidad, desde donde abordaba su berlina para desplazarse hacia Toay, o Santa Rosa desde donde tomaba el tren rumbo a Bahía Blanca o la Capital Federal, donde se decía que tenía muy buenas relaciones, según lo reconoce el propio intendente Renevier en la nota citada.
Después de la llegada del Ferrocarril a Telén, en mayo de 1908 y sobre todo, luego que comenzaran las complicaciones comerciales, societarias, caídas de retorno de las múltiples inversiones realizadas en distintos rubros, habría hecho construir con su gente un túnel que conectaría "El Alto" con la estación del Ferrocarril.

¿Escape o escondite?
El túnel habría tenido en principio la intención de servir como vía de escape a la policía, la que en más de una oportunidad había intentado tomarlo preso por orden del juez.
Pero luego y ya comenzado el proceso de ejecución vía judicial, que debió enfrentar con su patrimonio escaso, comparativamente con el volumen de deuda contraído, el túnel habría sido utilizado para guardar bienes de alto valor y evitar los embargos o posiblemente la ejecución de las garantías reales que pesaban sobre ellos.
Alguien me ha contado que allí entre otros bienes de mucho valor económico, no sólo afectivo, como los oleos que solía pintar su esposa doña Berta Tartieri, había hasta un coche.
Las últimas versiones obtenidas de descendientes de antiguos vecinos de Telén dicen que entre la casa de Capdeville ("El Alto") y la casa de la familia Ayechu, vecino distante aproximadamente trescientos metros hacia el este, se había construido otro túnel, que comunicaba ambas viviendas por sus sótanos.
La leyenda se agiganta cuando alguien me asegura que para evitar que los perseguidores de los bienes intentaran husmear en el sótano o el túnel, el inefable Capdeville habría introducido alguna especie de víboras traídas por este en sus viajes al exterior, que tenían la particularidad de poseer pelos en su cuerpo.

Fábula y realidad.
Hasta aquí las versiones de la leyenda del túnel, que con el paso de las décadas se fue modificando, probablemente exagerando por la ola de rumores, adornando por la supuesta capacidad de patraña del autor, deformando por esa natural tendencia de las narraciones de las cocinas o de los boliches. Incluso fabulando en demasía, la historia de este intrépido personaje que fue don Alfonso.
Por lo pronto parece que lo del coche, no era un automóvil, sino un coche de los tirados por caballo, de los que Capdeville supo tener por lo menos dos, obviamente desarmado.
Por otro lado algunos viejos pobladores de Telén que ya han pasado la barrera de los ochenta abriles, recordaban que en su niñez intentaron ingresar al túnel Vicente V., Nicasio A. y Héctor V. desde las inmediaciones de la estación, pero que no pudieron avanzar mucho, porque no era de una dimensión que permitiera caminar parado. Según el "Gringo" G., un policía le contó que en el año 1939 ingresó al túnel que estaba provisto de farolitos y tendría 1,20 metros de alto por 1 metro de ancho aproximadamente.

Cimientos.
¿Será todo esto producto de la tradición pueblerina nada más, tendrá que descartarse porque no es más que un maravilloso relato que alimenta el misterio? ¿O habrá algo de cierto?
Algún informante me supo decir que hace varias décadas atrás, un vecino que estaba construyendo cimientos para una nueva obra habría tropezado con rastros de este supuesto túnel. Al parecer se tapó sin más trámite, tratando de sepultar definitivamente cualquier intento de investigación.
En la segunda sección del diario La Arena de fecha 4 de octubre de 1969 en la página 15 se puede leer este párrafo al final de la nota: "Aún hay en Telén quienes dicen que bajo ese parque, debe haber túneles, subterráneos que pertenecieron a la finca de Capdeville. ¡Qué pasado de luchas, misterios y conflictos no esconderían esas cavernas, de ser cierta su existencia…!".

*ESCRITOR e investigador