miércoles, 22 septiembre 2021
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Las mujeres en el cine

CINE – EL MACHISMO EN EL MUNDO DEL CELULOIDE

El cine concebido por mujeres visibiliza minorías, violencia, problemas raciales y de diversidad sexual como si la historia estuviese contada en primera persona, pues ellas conocen en carne propia la exclusión, discriminación y prejuicios.

Danay Galletti Hernández *

La realizadora audiovisual y guionista cubana Magda González Grau defiende la idea de que el mundo del celuloide es aún un predio machista, aunque las féminas ganan espacios desde la dirección, producción, edición, fotografía y sonido.
Como referencia latinoamericana de la segregación en períodos anteriores, está el caso de la cineasta brasileña y afrodescendiente Adélia Sampaio, autora del primer y único largometraje realizado por una mujer negra en la nación sudamericana: Amor maldito, estrenado en 1984. “El contexto de la región limitaba la labor de las mujeres a la creación de documentales. Para la comercialización de Amor maldito, referida a una historia con temática homosexual, debieron incrementar las escenas con dosis de erotismo e incluirla en el género cinematográfico pornochachada”, expresó.
La primera mujer en dirigir un largometraje de ficción en Cuba fue Sara Gómez con De cierta manera, en 1974. Luego Teresa Ordoqui realizó la cinta Te llamarás inocencia, en 1988. Durante más de 20 años ninguna mujer asumió la dirección de un filme hasta Rebeca Chávez con Ciudad en rojo, de 2009.
No obstante, la isla experimenta un aumento de la presencia femenina detrás de las cámaras. Según González, en las últimas dos décadas hay más de 10 filmes dirigidos por mujeres, al tiempo que el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos reúne un excelente staff de féminas en varias especialidades.
“En mi obra ¿Por qué lloran mis amigas?, las cuatro presentan problemáticas diferentes y, a su vez, practican la sororidad, término de moda referido a la solidaridad femenina. El cine, a partir de la implicación emotiva del espectador con las historias de vida, es una herramienta educativa imprescindible”, señaló.

Presencia necesaria.
Actualmente la realización de audiovisuales resulta menos compleja para las mujeres por el acceso a las tecnologías y la democratización de escenarios y prácticas, según la cineasta argentina Cristina Tamagnini, codirectora de la película El Maestro.
“La presencia de las féminas en el séptimo arte es necesaria e ineludible. Sin embargo, cuando analizas las cifras y encuestas del Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales de Argentina resulta increíble su poca participación en puestos claves del desarrollo de una película”, aseguró.
En este sentido, Tamagnini reconoció que existe una preocupación constante dentro del gremio para revertir esa situación. “Se vencen muy de a poco las complejidades y estereotipos. Pienso que los festivales futuros darán cuenta del aumento de mujeres directoras o productoras”.
La directora y guionista argentina Alejandra Marino manifestó también su preocupación respecto a las estadísticas. “Aunque pareciera que estamos totalmente incluidas, los números lo desmienten. El porcentaje de mujeres que hacen cine se encuentra aún entre el 20 y el 30 por ciento”, explicó.
A su juicio, la industria integra protagonistas femeninas en las historias de sus producciones, de acuerdo con la conveniencia de la época. Tampoco existe paridad en la distribución y acceso a los fondos, lo cual dificulta la libertad y autenticidad en el proceso de creación. “Las escuelas de cine cuentan con el 50 por ciento de estudiantes mujeres, pero solo un escaso número de ellas asume la dirección. Es preciso, además, que alcancemos aquellos roles históricamente ocupados por hombres como la dirección de fotografía y de los equipos técnicos”, advirtió.
Desde el colectivo Acción Mujeres del Cine en Argentina, Marino propone la inclusión plena en las políticas cinematográficas del país. “A nosotras se nos exige que demostremos con creces nuestra capacidad y, realmente, también somos parte de los procesos, aprendizajes y travesías humanas”, indicó.
Asimismo, aparecen luchas por derechos sociales que forman parte de la historia y la cotidianidad de los países latinoamericanos, entre ellas, la legalización del aborto, la militancia contra la violencia machista y el apoyo a la libertad de elección identitaria.
“Aunque los audiovisuales no abordan esos temas específicamente, todo está presente en la memoria, como dice la canción de León Gieco. No se trata de juzgar o evitar ciertos personajes, la idea es ponerlos en conflicto y, tal vez, lograr una reivindicación poética”, manifestó.

  • Prensa Latina