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Lélia Gonzalez, una pionera

SOCIEDAD – MOVIMIENTO NEGRO Y FEMINISTA EN BRASIL

En este artículo, la historiadora Raquel Barreto recupera la contribución de Lélia Gonzalez a la lucha de las mujeres negras.

Raquel Barreto *

No se nace negro, se llega a serlo. Es una dura y cruel conquista que se desarrolla en la vida de las personas. De ahí la cuestión de la identidad. Esta identidad negra no es algo acabado. Así que, para mí, una persona negra consciente de su negritud está en la lucha contra el racismo. Las otras son mulatas, marrons, pardas, etc.

Este fragmento se encuentra en una declaración de Lélia de Almeida Gonzalez, publicada en 1988.

Lélia fue una filósofa, antropóloga, profesora, escritora, intelectual, militante del movimiento negro y feminista.

Su obra destaca el protagonismo negro, especialmente de las mujeres negras, en la formación sociocultural del país. Sin embargo, se lee y se conoce poco sobre esta pensadora.

Lélia nació en Belo Horizonte en 1935, en una familia de pocos recursos económicos, y fue la penúltima de 13 hijos. En 1942, se trasladó con su familia a Río de Janeiro porque su hermano, el futbolista Jaime de Almeida, firmó un contrato con el club deportivo Flamengo, uno de los más grandes del país.

En una trayectoria poco habitual para las mujeres negras en los años 50, consiguió entrar en la universidad. Estudió Historia y Geografía (1958) y Filosofía (1962) en la antigua Universidade do Estado de Guanabara (actual Universidade do Estado do Rio de Janeiro).

Militancia.

Lélia fue pionera y líder del movimiento negro brasileño. Participó en el Instituto de Investigación de las Culturas Negras y fue una de las fundadoras del Movimiento Negro Unificado. En 1983 creó con otras mujeres negras el Nzinga – Colectivo de Mujeres Negras, en Rio de Janeiro.

En su percepción, la política comprendía tanto la militancia colectiva de base, en los movimientos sociales, como el ámbito institucional. Por este motivo, en dos ocasiones se presentó a cargos legislativos. No fue electa en ninguno de los intentos, pero tuvo una votación expresiva en su primera elección, convirtiéndose en la primera suplente de la bancada del PT. También integró la formación original del Consejo Nacional para los Derechos de la Mujer, creado en 1985.

Debido a su actuación y protagonismo, Lélia fue “observada” en algunas ocasiones por el Departamento de Orden Político y Social, la agencia de inteligencia policial que torturaba a los disidentes durante la dictadura militar en Brasil.

El momento más intenso de su militancia se dio durante el período de la Dictadura Militar (1964-1985), que prohibió, entre otras cosas, la organización política de la sociedad civil.

Pensamiento.

A lo largo de casi tres décadas, Lélia exploró distintas teorías como el afrocentrismo, el marxismo y el existencialismo. Dialogó con áreas de conocimiento como antropología, sociología, historia y filosofía. Desarrolló un pensamiento original sobre la formación sociocultural brasileña, desde la centralidad de los sujetos negros, especialmente las mujeres negras.

Para ella y los demás intelectuales negros de su generación era un imperativo crear un pensamiento propio. Desde sus planteamientos, mostró cómo las teorías tradicionales de las Ciencias Sociales eran incapaces de explicar la experiencia negra brasileña. Por ello, desarrolló sus propias categorías/conceptos de análisis.

Las ideas de Lélia están relacionadas con los movimientos sociales, el contexto histórico, los lugares por los que circuló y las personas con las que dialogó. Sus pensamientos no se distanciaron del momento en que vivió.

La pensadora criticaba la importación mecánica del discurso y la teoría negra estadounidense, para que no se reprodujera una lógica de dominación cultural, ya que la experiencia brasileña era distinta. Para Lélia, era necesario que los negros brasileños examinaran su interior, su experiencia y su realidad cultural, y no la de los extranjeros.

Según ella, el modelo afrobrasileño no estaba ni en Africa ni en Estados Unidos, sino en su propia experiencia histórica. La autora no ignoraba la importancia de Africa para los brasileños, sino que planteaba una posible recreación.

Su producción reflexionó críticamente sobre el lugar de los negros en la cultura brasileña, tradicionalmente considerada como el lugar del folclore, la locura, la niñez, lo primitivo. Ya que los sujetos africanos “llevados” al Nuevo Mundo fueron tratados como una masa anónima de personas sin cultura, que sólo tenían una capacidad: la fuerza de trabajo.

Desde una perspectiva innovadora, elaboró una interpretación de la cultura brasileña que rompió con la dicotomía “colonizador vs. colonizado”. Y le dio a los colonizados un protagonismo en la transmisión de valores civilizatorios a nuestra formación cultural.

Atribuyó a la madre negra, folklorizada, la función maternal de la cultura brasileña, al transmitir los valores africanos a los brasileños. “La mujer negra es la responsable de la formación de un inconsciente cultural afrobrasileño. Transmitió los valores culturales negros, la cultura brasileña es eminentemente negra, este fue su principal papel desde el comienzo”.

Legado.

Hace 26 años, en julio de 1994, Lélia partió hacia el mundo de Orun, que según la tradición yoruba corresponde al mundo espiritual (mientras que Aiyé corresponde al mundo físico).

Pese a su relevancia intelectual y política, ha recibido tímidas menciones. Todavía no se reconoció su producción. Esto no es sorprendente, ya que las referencias académicas de las Humanidades siguen profundamente marcadas por una lógica eurocéntrica que jerarquiza el conocimiento y privilegia sólo un aspecto del pensamiento, el occidental.

* Rebelión.org