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Llamado a Perón

Alicia Eguren fue la única mujer que integró la mesa de dirección del Frente Antiimperalista por el Socialismo en su quinto congreso de noviembre de 1973. Su relación con John William Cook no opacó su propia lucha militante.
Nilda Redondo *
El 22 de noviembre de 1973, se realizó en Roque Saenz Peña, Chaco, el V Congreso del Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS) cuya mesa de coordinación general estaba integrada por Silvio Frondizi del Grupo Praxis; Alicia Eguren, Armando Jaime, Manuel Gaggero y Simón Arroyo del Frente Revolucionario Peronista (FRP); Oscar Montenegro y Gregorio Flores del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores); Agustín Tosco del Sindicalismo de Base Combativo.
Asistieron alrededor de 12.000 militantes provenientes del PRT-ERP, FRP, PC (ML) (Partido Comunista Marxista Leninista), Movimiento Sindical de base, Cristianos por el socialismo, Movimientos vecinales combativos de distintos barrios y villas, de pueblos originarios y campesinos. También, miembros del Grupo Cine de la Base, revistas «Nuevo Hombre», «El Mundo», «El Combatiente» y «Estrella Roja», Mesa cultural del FAS y agrupaciones estudiantiles adheridas al FAS.
Los principales oradores fueron, así nombrados, Agustín Tosco, Marcelo, dirigente Toba, padre Ramondetti, Alicia Cooke, Montenegro de la mesa del FAS, Armando Jaime.
Alicia Eguren (compañera de Cooke), fue un alto cuadro dirigente del peronismo revolucionario agrupado en el FRP de reciente creación. Que ella haya sido la única mujer integrante de la mesa de dirección del FAS y además oradora en ese importante congreso de confluencia de la izquierda revolucionaria que se constituía en un doble poder, en un poder autónomo del Estado, es sumamente significativo en un momento en el que aún en este territorio de rupturas múltiples, las mujeres eran militantes y combatientes, pero excepcionalmente ocupaban lugares en las direcciones revolucionarias. Así y todo, nótese cómo se sustituye su apellido por el de su esposo ya fallecido en 1968: John William Cooke. Era un uso de época pero ella misma, en las 20 notas escritas en la revista «Nuevo Hombre» durante 1971, siempre había firmado Eguren.

Los dos peronismos.
Alicia Eguren centró su discurso desde la perspectiva del peronismo revolucionario, en oposición al peronismo de derecha. Ya había sucedido la masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973, en la que las bandas armadas de la derecha, el CdeO (Comando de Organización) y la CNU (Concentración Nacional Universitaria), entre otras, habían atacado a tiros a las columnas de las FAP, FAR y Montoneros y de la izquierda peronista expresada en la llamada Tendencia. Se había puesto en evidencia que la lucha de clases discurría en el seno del partido en ese momento gobernante con la fórmula Perón-Perón (Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón).
Eguren señala que desde el inicio, luego de la Resistencia dada entre 1956 y 1959, se perfilaron dos peronismos: ella se planta desde el que se vinculó a la toma del frigorífico Lisandro de La Torre en 1959 y que, luego, al ser desplazado Cooke de la delegación de Perón en Argentina, se manifestó en la primera experiencia de guerrilla rural en nuestro país: Uturuncos, en Santiago del Estero y Catamarca. La militante relata que allí ya confluyeron peronistas, cristianos y marxistas (y aún un anarquista del tenor de Abraham Guillén).
Desde esta perspectiva, la de la lucha armada para la toma del poder; desde una confluencia de clases centrada en oprimidos y explotados; y clases medias en tanto y en cuanto elijan representar a los oprimidos y explotados; desde la convicción de que no es posible la liberación sin la base peronista como tampoco lo es sin la izquierda marxista revolucionaria, desde allí convoca a todxs lxs presentes en el V Congreso del FAS a contribuir para que en el próximo encuentro confluyan muchos más peronistas.
De manera anticipatoria destaca la gran importancia que tiene para el proceso prerrevolucionario que se está viviendo, la lucha interna dada en el peronismo. Dice que la derecha «domina de una forma casi hegemónica el aparato de gobierno» y que los sectores revolucionarios en el seno del pueblo, aún con todas sus contradicciones, tienen una gran importancia: el proceso de lucha se está desarrollando y se desarrollará más rápidamente, «a tono con la violencia política monopólica y fascista y de acuerdo con el desencanto o no que el pueblo experimenta frente al gobierno que votó con tantas esperanzas». Teme por la juventud en la cual ese desencanto puede operar de manera brutal. Como vieja peronista señala que deben escuchar su propuesta que es incluirse en un frente de liberación nacional y social, desde una identidad peronista pero en confluencia con la izquierda marxista revolucionaria, tal como se puede ver en el FAS.
Recuerda que en las experiencias internacionales y continentales, promovidas desde Cuba, respectivamente la Tricontinental de 1966 (OSPAAAL Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina) y OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) de 1967, confluyeron peronistas y marxistas por la lucha armada como vía para la revolución. Concluye su discurso con ¡Viva la revolución! ¡Patria o muerte! ¡Venceremos!

Carta al General.
Eguren, en octubre de 1971, había publicado en Nuevo Hombre N° 12 «Carta al General Perón». Desde el 26 de marzo de ese año había asumido en último dictador de la saga iniciada con el golpe de Estado dado por Juan Carlos Onganía. Durante su «salida» hacia la democracia se produjeron secuestros, desapariciones y asesinatos en la calle. Los casos más conocidos y muy difundidos por Nuevo Hombre fueron los secuestros de Sara Palacio y Marcelo Verd en San Juan, el 2 de julio; el de Mirta Misetich el 13 de julio y el asesinato de Juan Pablo Maestre en Buenos Aires. Además, la prisión el 4 de julio, al fallar el intento de secuestro, de Roberto Quieto. Todos y todas habían participado en la organización de las FAR y habían estado incluso en 1970 en la toma del pueblo de Garín, acción con que se dio a conocer esa organización insurgente. El Estado estaba actuando con grupos paraestatales conocidos como escuadrones de la muerte en Brasil, México y Guatemala. Anticipan el sistema genocida que se expandirá desde 1974 y más aceleradamente con el último golpe de Estado dado por Videla.
Jorge Daniel Paladino es quien negocia con Lanusse en nombre de Perón, esta salida electoral.
Alicia le dice, entonces, al general, que opte por el pueblo revolucionario; le recuerda que hay dos peronismos y que la revolución se expande por América Latina y el mundo.
Esta Alicia peronista guevarista se posiciona desde las incipientes organizaciones armadas insurgentes y desde allí convoca a Perón a aportar a la revolución y a la liberación nacional. Le recuerda, además, que las organizaciones armadas peronistas, en ese momento FAP, FAR y Montoneros, están incentivadas por él mismo a la vez que, a través de Paladino, acuerda con los represores del Estado el tránsito de dictadura a democracia sin «revoltosos».
Es una encendida época que viene de la revolución cubana y el faro del socialismo como presente cercano. En Argentina, hemos tenido la CGT de los argentinos en 1968, los «azos» hasta culminar en el Cordobazo en 1969, la organización de un sindicalismo autónomo y combativo, organizado desde las bases, con SITRAC, SITRAM y SMATA Córdoba.

La libertad.
Alicia y John habían acompañado y colaborado desde Buenos Aires, no sólo con Uturuncos en 1959, sino con el EGP (Ejército Guerrillero del Pueblo) entre 1963 y 1964 en Salta y con Taco Ralo, origen de las FAP, en 1968, en Tucumán. En ese año fallece Cooke a los 48 años. No había dejado de abrigar la revolución en América Latina ni de sentirse parte de la procreación del nuevo hombre guevarista. Peronista, marxista y existencialista, como Alicia. Pero ella no fue sólo la pareja de Cooke. Desplegó desde 1968, hasta que la secuestraron y desaparecieron, una intensa y elevadísima lucha a favor del campo nuevo que se vislumbró, aunque luego se derrumbara. Por eso fue ella y no otro u otra la que convocó a Perón, con un último desesperado grito, a colocarse en el campo de los oprimidos y explotados, aportando su enorme peso de líder de masas a favor de una nueva vida y una nueva sociedad. Y lo hizo en 1971, cuando aún no se percibía la posibilidad de la derrota, exterminio y dispersión en el campo popular.
Alicia no pasó de manera abrupta, de un confesionalismo católico nacionalista en la primera época de su peronismo, durante los dos gobiernos de Perón entre 1946-1952 y 1952-1955 -derrocado por el golpe de Estado- a una izquierda marxista revolucionaria. Ella se formó en un existencialismo primero cristiano a través del cura Castellani; y luego ateo: el sartreano, de la mano de Héctor Álvarez Murena, quien también le hizo conocer la escuela de Frankfort (Adorno, Marcuse, Benjamín). Luego vino el aprendizaje en el seno de la resistencia peronista primero, el guevarismo y la revolución cubana, después. Por guevarista tuvo la disposición a intervenir para modificar la realidad, apelando a la voluntad y a la iluminación potente dada por la decisión y el claro pensar en los oprimidos del mundo.
La cercanía con Sartre también fue con Franz Fanon y su concepción de la violencia, como pasó ampliamente en los 60 y 70 de Argentina: si la violencia no se organiza, si no se teoriza acerca de la violencia y sólo se la ejerce, se cae en el burocratismo y el militarismo. Y las vanguardias armadas sin pueblo no pueden producir cambios y a la vez aceleran las derrotas cuando esa posibilidad se abre.
Alicia, quien había egresado como profesora de Filosofía y Letras de la UBA en 1946, fue apoyada por su padre y su madre en todas las luchas que emprendió, las persecuciones que sufrió, la cárcel que padeció enseguida de producido el golpe de 1955. Amó a su único hijo Pedro Catella Eguren, nacido en 1948, a quien protegió en Cuba: en enero de 1976 pidió a Manuel Piñeiro Losada que le impidiera salir de ese país. Ella no quiso exiliarse y fue secuestrada el 26 de febrero de 1977 por un grupo de tareas de la ESMA. Torturada, nada confesó. Le colocaron grilletes en las manos y en las piernas y la arrojaron al Río de la Plata en uno de los vuelos de la muerte, en el mes abril de 1977 cuando tenía 52 años.
Eduardo Luis Duhalde, su compañero y amigo del Peronismo de Base y de «Nuevo Hombre» y de «Militancia peronista para la liberación», siendo Secretario de Derechos Humanos de Presidencia de Nación en 2003, presentó su caso, el número 208, que fue incluido en la causa 14.217/03, caratulada «Escuela de Mecánica de la Armada s/ delito de acción pública».
Para Alicia, reconocimiento por su gran humanidad.

* Docente e investigadora (UNLPam)