Lo propio, desde sí mismos

RANQUELES

En este artículo, la autora analiza dos libros sobre el gran espectro de acciones llevadas a cabo por el pueblo ranquel en la provincia de La Pampa en el marco de la visibilización que estos pueblos han alcanzado en las últimas décadas.
Anabela Abona *
Allá por el siglo XVIII, un grupo que más tarde se conocería como Ranqueles pobló la pampa centro-este de nuestro territorio. Un pueblo con una larga historia que debió convivir, negociar y enfrentarse con los distintos mandatarios criollos que se sucedieron y que intentaban poblar de “blancos” el territorio. El avance de la frontera y las campañas militares protagonizadas por el naciente gobierno nacional en la década de 1880, “silenció” a los y las ranqueles durante casi un siglo.
Pero desde hace varios años en Argentina estamos asistiendo a una nueva época en la que el pueblo ranquel, y los pueblos indígenas en general, se han convertido en protagonistas de la historia. En la actualidad, estos pueblos desarrollan una activa militancia con fines reivindicativos por medio de distintas acciones, tanto para promover el reconocimiento de su identidad étnica como para la obtención de ciertos derechos.
Según los datos proporcionados por el Instituto de Nacional de Estadística y Censo (INDEC) en el marco del último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas realizado en el año 2010, la población que se identifica como ranquel o como descendiente de este pueblo se distribuye a lo largo de todo el país y supera los 955.000 habitantes. En la actualidad, existen alrededor de treinta comunidades ranqueles distribuidas entre las provincias de San Luis, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza y La Pampa, este último, el lugar al que tradicionalmente se asoció a los y las ranqueles y que concentra el mayor número de comunidades.
Los ranqueles han empezado a contar su historia desde una perspectiva propia, disputando los relatos de la historia “oficial” o “dominante”. En este sentido, dos libros aparecidos en los últimos años son representativos de estos intentos de reivindicación y difusión de la historia ranquel desde el propio pueblo: Los Rankülche sobre la Huella de Mansilla, escrito por Germán Canuhé en el año 2010, y Una mirada Ranquel. La cultura del olvido (olvidada), un libro del año 2016 cuyo autor es Carlos Correa.

“El gran líder”.
Germán Canuhé nació en el año 1923 a 10 km. de la localidad de Santa Isabel, en el departamento de Chalileo, ubicado en el centro-oeste de la Provincia de La Pampa. Falleció en la localidad de Olavarría, Provincia de Buenos Aires, el 7 de octubre de 2011. Desde la década de 1980 logró constituirse en referente de los ranqueles y es considerado uno de los principales reorganizadores políticos del Pueblo Indígena en la provincia al fundar las primeras asociaciones indígenas de La Pampa. En la actualidad, tanto dentro de las comunidades como en ámbitos por fuera del pueblo ranquel, el nombre de Germán Canuhé es recordado por su capacidad de liderazgo y por el reconocimiento de sus labores a favor de las reivindicaciones del Pueblo Ranquel tanto en la provincia de La Pampa como en la de San Luis.
Los Rankulche sobre la Huella de Mansilla, fue escrito por Canuhé en el año 2010 y su edición estuvo financiada por el Gobierno de la Provincia de San Luis, en un momento en que en esa provincia se estaba dando un proceso de reivindicación a comunidades ranqueles y huarpes de la región. La obra tiene como objetivo retomar la obra clásica de Lucio V. Mansilla Una excursión a los indios ranqueles. A partir de allí, el autor elabora una serie de críticas tanto al contenido histórico de la obra como a la figura de Mansilla y así avanzar en lo que, para Germán Canuhé, constituye la historia de los ranqueles. El trabajo de Canuhé también plantea otras cuestiones vinculadas con reivindicaciones y reclamos que sostienen los pueblos indígenas en general, y los ranqueles en particular. El libro reúne contribuciones de académicos, transcripciones de documentos de época y de tratados nacionales e internacionales y fotografías, que se alternan con las palabras y escritos del propio Germán y que reflejan los puntos de vista del Pueblo Ranquel, algunos de los cuales habían sido también manifestadas en publicaciones previas del autor.
Uno de los documentos más citados por Canuhé en la obra es el diario de Avendaño, quien fue cautivo de los ranqueles y vivió en sus tolderías entre 1842 y 1849. Estas memorias, sostiene Canuhé, sirvieron de base para que otros autores escriban sobre los ranqueles, aunque no habrían respetado su testimonio y lo alteraron. Uno de los testimonios más criticados es el de Mansilla. En 1870, el periodista, escritor y militar Lucio V. Mansilla realizó un recorrido por las tierras ranqueles con el objetivo de registrar la mayor cantidad de datos posibles sobre este pueblo. Por esos años, el coronel dijo de estos territorios:
“Aquellos campos desiertos e inhabitados tienen un porvenir grandioso, y con la solemne majestad de su silencio piden brazos y trabajo.

¿Cuándo brillará para ellos esa aurora color de rosa? ¡Cuándo!
¡Ay! Cuando los ranqueles hayan sido exterminados o reducidos, cristianizados y civilizados.”

Para Canuhé, no sólo la obra de Mansilla plantea errores históricos en algunos aspectos, sino que también el uso que el coronel hace de los conceptos y la forma despectiva y racista en que se refiere a las poblaciones indígenas de la región permite dar cuenta del verdadero objetivo que perseguía Mansilla en su “excursión”: conocer al pueblo que posteriormente sería atacado; brindar datos que contribuyan a la ocupación militar del territorio y al extermino de las poblaciones indígenas a favor del “proyecto genocida e invasor del gobierno de ese momento” (Canuhé, 2010: 186).
“La mirada ranquel”.
El libro Una mirada ranquel. La Cultura del Olvido (Olvidado)fue escrito por Carlos Correa en el año 2016 y publicado por la editorial local 7 sellos. Este ensayo, como lo define el propio autor, propone analizar distintos aspectos de la cultura ranquel, la familia, el pasado, la vida, sobre todo en el oeste pampeano, e insiste en la necesidad de dar cuenta de la “verdadera historia”. Según Correa, el trabajo “trata de exponer un pensamiento que nos es conocido, es decir, visibilizarnos cultural y comunitariamente desde éste lado del Salado”.Por un lado, el autor se enfoca en los aspectos culturales del presente y pasado de los ranqueles, los valores, las virtudes y aquellas cosas por mejorar. Por otro lado, reflexiona acerca de los principales aspectos de aquella historia ranquel “olvidada”, desde el punto de vista de Correa.
La obra no tiene índice, sino que se desplaza entre el pasado y el presente ranquel. A lo largo del trabajo, el nombre y reconocimiento a la labor de Germán Canuhé en pos de la visibilización de los ranqueles en la provincia se repiten una y otra vez, así como distintos acontecimientos que el autor considera destacados de la historia del pueblo.
Uno de los aspectos más interesantes de la obra es la insistencia en diferenciar la “mirada de los blancos” y la de los pueblos indígenas. El autor plantea que la mayor parte de la bibliografía sobre estos pueblos está relatada por no indígenas “que no conocían la verdadera realidad del pueblo ranquel, sino que les han servido para su propia realidad”. Por esta razón, sostiene “que no podemos, los Pueblos Indígenas recuperar, aprender, escribir, hablar de Nuestra Cultura, Usos, Costumbres y Lengua; si va a seguir dependiendo en Todo, de lo que diga el Blanco a través de sus distintos métodos y no Nosotros que somos parte Visible y Dueña de la Historia Rankül”.

¿Para qué narrar?
En la actualidad, existe un acuerdo generalizado en considerar a la memoria, a las narrativas del pasado y a la historia como construcciones culturales y sociales propias de una época. Diferentes interpretaciones del pasado conviven aunque no todas logran el mismo nivel de visibilidad ni de reconocimiento en la sociedad. Como sostiene Jelin (2002), las luchas por las representaciones del pasado se basan en luchas por el poder y por la legitimidad. En estas “luchas” algunas versiones del pasado logran accesos a los lugares de poder y de enunciación del pasado y se constituyen así en lo que conocemos como las historias oficiales, memorias hegemónicas o dominantes. Otras versiones, aquellas que “pierden” esta lucha” y que no logran el reconocimiento de las primeras, se trasforman en memorias alternativas, memorias asimiladas o memorias subalternas, entre otras denominaciones (Ramos, 2002).
De esta manera, los/las diferentes actores/as desarrollan diversas estrategias con el fin de “oficializar” o “institucionalizar” su propia narrativa del pasado y lograr que dichas narrativas sean aceptadas, legitimadas e incorporadas como propias por un grupo, que, además, se identifica con ellas (Jelin, 2002). Entendemos que los dos libros que analizamos aquí, constituyen parte del gran espectro de actividades llevadas a cabo por el pueblo ranquel en la Provincia de La Pampa en el marco de la visibilización que estos pueblos han alcanzado en las últimas décadas.
Según algunos autores (Barre, 1982; Rappaport, 2000),el rescate de la historia permite a los pueblos indígenas poder identificarse como tales ya que les permite reformular su propio conocimiento histórico como un arma para enfrentar la situación de subordinación social en la que se encuentran; y también constituye tanto una forma de conocimiento sobre los orígenes de esta situación como una fuente de información de los derechos que poseen.
Como sostiene Carlos Correa, “lo ranquel está plagado de historias iguales y diferentes. Miradas de unos y de otros. Vivenciadas, escuchadas, leídas”. Los Ranqueles ya iniciaron su camino de lucha por el reconocimiento y la historia contada por ellos mismos que pretende discutir con la historia “oficial”, instalada y reconocida por todos constituye un paso más, y fundamental, en lo que Canuhé describió como un largo camino de regreso a casa.

* Docente e investigadora, UNLPam
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