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Lo que sabemos hacer quietos

RELATOS – PASAR EL RATO

Crónica de lo que ocurre adentro o alrededor de nosotros cuando no podemos viajar por fuera y lo hacemos por dentro.

Lucía Argenchina *

A veces recuerdo cosas que aprendí estando quieta, y la ferocidad del rumiar mental se va. De pequeña pasaba mucho tiempo mirando por los lados una misma cosa. A los cuatro o cinco años desguasé un cubo rubik (esos que tienen cuadraditos de colores y hay que formar el lado entero), despegando y volviendo a pegar el papel contac de cada cuadradito hasta formar los lados… Me demoró toda la siesta, cuando lo mostré tuvo buen lejos, pero todos rieron al advertir el rastro de mi uña en cada esquina, despegándolos.

La abuela cocinaba así, desde temprano, repitiendo procedimientos en apariencia simples. En un redondel enclenque supo dar vida a constelaciones de sabores que nos juntaban en su casa todos los domingos. Esa repetición no forjó su personalidad, sí sus modos durante los años en que lo hacía… Como un plomero habla en clave cañerías, o un matemático en abstracto o potencial. Cuando dejó de cocinar, y posiblemente también antes, dejó de perfumar lo quieto.

Papá y mamá son todos enteros culoinquietos, con las manos, los pies, las palabras y tal. Lo que mejor hacen quieto, y acaso heredamos mi hermano y yo, o copiamos de tanto ver, o comparten muchas personas culoinquietas; es mirar quieto. Horada.

Nada más entrañable y maravilloso (aunque gracioso y ocupado) que un infante en quietud. Suspiros, babas, amor por y para eso.

Cuando los intervalos de viaje fueron muchos, fueron superiores y amables los ratos quieta. Después del amor despavorido, múltiple, abrazable o sin par, cuán épico pasar el rato quietos.

La mano demorada en el hombro, descansar en el río, en la montaña, la playa sin voluptuosa marea, el libro ahí, el mate, los gatos, las gatas, las hijas y los hijos dormidos. El duelo, el dolor quieto, como un estanque con agua verde, viscosa. Dejáme así, acá, un rato, buscando algo presocrático. Aunque todo esté moviéndose, como el famoso poema del poeta de la dinastía Tang.

Pensamiento de una noche tranquila

(Li Bai)

A los pies de mi cama hay un charco de luz

me pregunto si es escarcha o un suelo nevado.

Mirando hacia arriba, veo la luna brillante

inclino la cabeza y me invade la nostalgia.

* Traductora