Maestra y militante

Francisco Bompadre* – Angélica Mendoza nació el día 22 de noviembre del año 1889 en la ciudad de Mendoza. Su biografía nos habla de una mujer extraordinaria que se adelantó a su tiempo y contexto en varios aspectos, tanto del orden público como privado.
Angélica Mendoza murió el 5 de febrero de 1960 en la misma ciudad donde había nacido, luego de haber experimentado una intensa vida. Entre los puntos más relevantes de su biografía podemos señalar que fue la primera mujer de nuestra historia en postularse para el cargo de Presidenta de la Nación en el año 1928.
Asimismo, como maestra tuvo una activa participación gremial en la defensa de los derechos de sus pares, destacándose como una referente de peso en las huelgas mendocinas, en las que ganó fama como oradora de fuste y gran agitadora social. Más tarde, se incorporó al Partido Comunista Argentino de la mano de uno de sus fundadores: Rodolfo Ghioldi, a quien había conocido como delegado de los maestros de Buenos Aires y con quién lo unió una relación sentimental. Angélica Mendoza no sólo se ocupó de los temas vinculados al espacio público político, sino también aquellos que en el momento se consideraban del orden privado, como la liberación sexual de la mujer o la emancipación femenina. En efecto, fue una divulgadora central de las ideas revolucionarias de Alexandra Mijáilovna Kollontai, destacada política y feminista rusa que fue la primera mujer en ocupar un cargo ejecutivo en el gobierno bolchevique -y más tarde sería la primera embajadora de la historia-, desde el cual logró el derecho al divorcio, el aborto y los beneficios sociales para la maternidad, en las lejanas tierras soviéticas.

“Trotskisante”.
Angélica Mendoza también se destacó como profesora universitaria: alejada de la línea oficial y la ortodoxia de la dirección del Partido Comunista Argentino, que la tildó de “aventurera trotskisante de vida turbia”, se refugió en la academia mendocina como discípula del reconocido filósofo Coriolano Alberini. Desde allí inició una prestigiosa carrera académica que la llevaría a universidades de los Estados Unidos y México. También debemos destacar que escribió 3 libros: Cárcel de Mujeres en el año 1933; Fuentes del Pensamiento de los Estados Unidos en 1950 y Panorama de las ideas contemporáneas en Estados Unidos, en el año 1958. Asimismo, tradujo en 1937 el libro Las líneas fundamentales de la Filosofía del Derecho, de Georg Wilhem Hegel.
En 1940 fue nombrada como la mujer más sobresaliente de América Latina y la designaron al frente de la Oficina de la Comisión Interamericana de Mujeres, cuya misión era el mejoramiento del estado social, político y legal de las mujeres de América Latina. Su tardía amistad con Victoria Ocampo la acercó al grupo vinculado a la Revista Sur, donde en el año 1940 publicaría “La experiencia de Huarizata”.
Finalmente, hay que resaltar que Angélica Mendoza desafió al sentido común imperante en su época, demostrando con su propio ejemplo de vida que una mujer podía sentirse muy bien realizada sin tener que ser madre para ello.

En primera persona.
En plena Década Infame, Angélica Mendoza fue detenida por el gobierno de Agustín Pedro Justo en noviembre del año 1932.En el agitado contexto de una secuencia de protestas sociales, huelgas y represiones estatales, Angélica Mendoza y la poeta Nydia Lamarque fueron arrestadas luego de un mitin organizado por la Alianza Antifascista en la Casa Suiza de la ciudad de Buenos Aires. La sección Orden Político de la Policía de la Capital Federal, a cargo del siniestro Leopoldo Lugones hijo, condujo a Angélica Mendoza a la Cárcel de Mujeres, que estaba bajo la administración -como la totalidad de las prisiones para mujeres- de la congregación religiosa del Buen Pastor. Bajo estas circunstancias entonces, es que nuestra autora decide escribir el libro Cárcel de Mujeres, con el objetivo explícito de denunciar el estado y las condiciones de alojamiento de las mujeres que allí estaban recluidas, al mismo tiempo que dar cuenta de la escasa relevancia que un régimen religioso podía tener sobre las vidas de aquellas mujeres pobres encarceladas.
La mayoría de las mujeres detenidas junto a Angélica Mendoza eran prostitutas pobres y socialmente desprotegidas, que entraban y salían regularmente de la cárcel pagando la respectiva multa que esa contravención conllevaba. A partir de su estadía en prisión junto a ellas, Mendoza denuncia a la prostitución como un problema social silenciado, y reflexiona sobre la curiosa situación de quienes custodian a las prostitutas y éstas últimas. En efecto, si las custodiadas son obligadas al comercio de la sexualidad como una forma de sobrevivir, las otras -las monjas que las custodian- eligen la virginidad como forma de vida.
Pero no todo es denuncia del sistema carcelario en el libro, también se despliega un programa político desde la férrea mirada marxista que Angélica Mendoza en esta época aún pregona: no hay liberación femenina sin la previa revolución proletaria que elimine la explotación de una clase social por otra. De allí la marcada distancia que las páginas del libro denotan entre las presas que son militantes sociales -o aún con las “mecheras”- y las prostitutas, esa suerte de “hocico femenino arrebolado de rouge”, según la dura expresión de la autora de Cárcel de Mujeres. Se trata de la típica vanguardia con mirada paternalista, esa que la izquierda siempre tuvo por las masas populares en nuestro país. Y el libro también de cuenta del asombro de las presas prostitutas respecto de las militantes sociales a las que tratan de “locas comunistas que andan por la calle junto con los hombres gritando”, o de “rusas inmundas que no saben hacerse la cama”.
El espacio público, desde la tragedia Antígona -de Sófocles- o bien desde los textos de Jean-Jacques Rousseau era un lugar expresamente destinado a los hombres, de allí el asombro que provocaba en aquellas mujeres contravenir esa costumbre milenaria.
La primera edición del libro Cárcel de Mujeres -publicado por la editorial Claridad- es del año 1933 y tiene unas 118 páginas. En el año 2012 fue reeditado por la Biblioteca Nacional en la colección Los Raros, en un intento por rescatar la singularidad de este libro pionero y que, al igual que su autora, fueron injustamente relegados al olvido.

Pecadoras.
La orden religiosa Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, perteneciente a la Iglesia Católica, se fundó en Francia en el año 1832, y desde allí se fue expandiendo por varios países. A la Argentina llegó a fines del siglo XIX y se hizo cargo de la administración y dirección de las cárceles de mujeres existentes en nuestro país, a través de las Sociedades de Beneficencia. Increíblemente, esta función realizada por la congregación se extendió hasta los años 1973-1975, periodo en el que los establecimientos carcelarios de mujeres pasaron a la órbita del Estado Nacional.
El imaginario social de la época establecía una división entre los sexos, a partir de la cual el hombre delinquía y la mujer pecaba. De allí la pertinencia de que sea una orden religiosa la encargada de las cárceles de mujeres: se buscaba en efecto la transformación moral de la mujer, antes que la reinserción social de la presa. El régimen carcelario que se dispuso daba cuenta de esta situación antedicha, lo que se ejemplifica con la misa diaria de las 6:30, la instrucción religiosa de las 14:15 o la oración de las 20:45 horas. Es decir, durante la jornada diaria de las presas las actividades de contenido religioso tenían una presencia destacada. Situación, como ya vimos, que Angélica Mendoza denunció expresamente en su libro.
Bajo el techo y las paredes de las cárceles del Buen Pastor no sólo estuvieron detenidas Angélica Mendoza y Nydia Lamarque. Algunas de las otras presas políticas famosas que pasaron por allí son Victoria Ocampo, Leonor Acevedo de Borges, Norah Borges de Torre, Susana Dolores Larguía, María Luisa Grave de Requena Escalada, Elena Rodríguez Etchard de Dondulk y Juana Larrauri de Abramí. Esta última, además de cantante de tangos era senadora nacional cuando fue detenida por la “Revolución Fusiladora” en el año 1955.
Otro de los aspectos relevantes que podemos destacar es la visita a la cárcel de mujeres de Eva Duarte, quien se convirtió así en la primera esposa de un presidente argentino en visitar un establecimiento carcelario, cuando en junio del año 1947 llegó hasta el Asilo de Corrección de Mujeres.
* Abogado, docente en la UNLPam

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