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Malbec: la reina importada

La historia de nuestra cepa emblemática que cambió el rumbo de la vitivinicultura y posicionó la Argentina a nivel mundial.

Víctor Beascochea*

El pasado 17 de abril se conmemoró el “Día Internacional del Malbec”. Desde el año 2011 y por iniciativa de Wines of Argentina, institución encargada de la promoción del vino argentino a nivel mundial, se celebra este día a nuestra cepa emblemática.

Con motivos promocionales pero con una concepción histórica clara, esta fecha de celebración no es casualidad. Repasemos un poquito: La historia de esta uva originaria del sudoeste de Francia, donde se la denomina “Côt”, se remonta, al menos, a los tiempos del Imperio Romano, donde se elaboraban vinos conocidos como “de Cahors” por el nombre de la región, que se consolidaron en la Edad Media y terminaron de fortalecerse en la modernidad hasta que la plaga, filoxera, destruyó la viticultura francesa a fines del siglo XIX.

Unas décadas antes de este brutal suceso, Domingo Faustino Sarmiento, había estado en Francia observando el funcionamiento de sus “quintas” de estudios sobre la vid y el desarrollo de distintas cepas y decidió contratar al agrónomo Michel Aimé Pouget (1821-1875), con experiencia similar ya en Chile, para llevar adelante la dirección de la Quinta Agronómica de Mendoza.

Siguiendo el modelo francés, esta iniciativa buscaba favorecer a crear una industria vitivinícola nacional incorporando nuevas variedades de cepas con mayor valor enológico y que se adapten a los terruños cuyanos. Recordemos aquí dos puntos, las uvas introducidas hasta ese entonces habían sido traídas por los conquistadores primero y por los monjes jesuitas luego y llevaban en la región casi 300 años, no considerándose las más aptas para vinos de calidad. Y algo no menor, Sarmiento siempre tuvo la vista puesta en Europa menospreciando las distintas culturas ya existentes.

Así fue que un 17 de abril, pero de 1853, se presentó, impulsado por Domingo Sarmiento, el proyecto ante la Legislatura Provincial de Mendoza con vistas a fundar una Quinta Normal y Escuela de Agricultura. Pouget asumiría la dirección y la decisión de introducción de cepajes franceses como la Cabernet Sauvignon, la Pinot Noir, la Malbec, entre otras.

Gran adaptación.

Lo que él luego presidente, ni el agrónomo sabían era que una de las cepas se iba a adaptar tan bien al suelo y al clima de Argentina en general, donde enseguida comenzó a destacarse ante las demás. Los viticultores la acogieron con entusiasmo y poco a poco se expandió como la principal cepa nacional.

Luego de una fuerte crisis vivida que llevó a la reducción de los viñedos nacionales en los años 80, la viticultura argentina inició su recuperación a partir de 1990, apoyada en el Malbec como cepa estrella. La superficie cultivada con esta variedad trepó de 10.500 hectáreas en 1990 a 16.350 en 2000, 26.900 en 2008 hasta las casi 45.000 hectáreas de hoy, lo que representa el 25% de la superficie total cultivada del país.

El Malbec consolidó su posición como cepa emblemática de la viticultura argentina para sus vinos tintos, y lideró las exportaciones nacionales que, a partir del año 2000, iniciaron un avance progresivo y sin precedentes.

Reina importada.

Destacando por su color intenso, su explosión frutal, donde sobresalen aromas como la ciruela y la cereza, la flor de violeta tan característica. Descriptores como café, vainilla y chocolate cuando es añejada en barricas de roble. Y su boca tan particular con capacidad de llenar el paladar gracias a sus taninos dulces, sedosos y envolventes.

Cultivada a lo largo de todo el país otra de las características fundamentales que ofrece esta uva es la de adaptar su perfil a los distintos tipos de suelos y climas que ofrece Argentina, manteniendo su ADN, pero mostrando particularidades de acuerdo a su lugar de origen.

Desde la fruta más caliente, los vinos más gordos y corpulentos en las primeras zonas de Mendoza (Luján de Cuyo, Maipú) a los perfiles más frescos, herbáceos y taninos finos que otorgan la altura y la montaña en Valle de Uco. De la fruta cocida tipo compota o mermelada y los especiados característicos de la altura y el sol del NOA, a la fruta más fresca y la acidez natural vibrante de los Malbec de Patagonia.

Por todas estas particularidades es que siempre encontraremos un Malbec que sea de nuestro agrado y en cualquier franja de precio ¡Por muchas alegrías más con nuestra Reina Importada. Salú!

*Especialista en vinos

Embajador de marcas