miércoles, 30 septiembre 2020
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Manal y el blues criollo

MUSICA - HACE CINCUENTA AÑOS EXPLOTABA LA BOMBA

En este artículo, los autores recorren el camino que dio nacimiento a Manal, el trío que dio vida al blues en castellano de la mano de Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina.

Daniel Pellegrino y Jorge Warley *

Según numerosos testimonios, a mediados de los sesenta Javier Martínez era un habitué del por entonces célebre Bar Moderno, sobre la calle Maipú, en el bajo porteño, cerca de donde estaba ubicada por ese entonces la Facultad de Filosofía y Letras y el glamoroso Instituto Di Tella . En el local se multiplicaban los jóvenes artistas plásticos y cineastas, actores, directores y escritores de teatro, los amantes de Jean Paul Sartre y el existencialismo. El Moderno era el antagonista de La Paz, el mucho más politizado bar de la esquina de la avenida Corrientes y Montevideo; aunque no faltan quienes aseguran que la distancia no era tal y que, más allá de algunos simbolismos, buena parte de la fauna juvenil y bohemia peregrinaba de continuo de un lugar a otro sin mayor esfuerzo. O sea que el baterista Martínez tenía más la figura de un intelectual gustoso del jazz y los relatos de Julio Cortázar que la de un músico “beat”.

Quizás el retrato sea una exageración. Porque, como el propio Martínez relata en algunos reportajes fílmicos, su obsesión estética era muy sencilla: buscaba un guitarrista eléctrico que supiera estirar las cuerdas para que el sonido se derramara en el tiempo, como habían enseñado los maestros negros del electrificado blues de Chicago y tan bien aprendieron sus descendientes, blancos y talentosos adolescentes anglosajones, de un lado y el otro del Atlántico.

Javier finalmente se topó con quien buscaba, o un buen día los dos se encontraron, quizás en el mencionado Di Tella, o en la legendaria Cueva, o en la plaza Roma, o en alguna reunión en la casa de Pirí Lugones. A poco andar fueron tres: a la batería de Martínez y la guitarra de Claudio Gabis se sumó el bajo de Alejandro Medina, que venía de tocar y grabar en 1966 con The Seasons (un álbum de título engañagiles: Liverpool at BA) y entraba, zapaba y salía de los mismos lugares.

Se corrió la voz de que se reunían regularmente a ensayar los fértiles y poderosos primeros frutos musicales, y cuando todavía no se habían atrevido a bautizarse se los llamaba La Ricota, es decir una versión rioplatense del Cream inglés, el mejor power trío que haya existido.

La llegada del nombre.

Todavía sin nombre fueron convocados por el director Ricardo Becher y el actor y guionista Sergio Mulet para que hicieran la música de la película Tiro de gracia, de 1969, que retrata como ninguna otra el espíritu de aquellos muchos porteños cargados de ideas. Martínez incluso actúa en ella, junto a Oscar Masotta, Susana Giménez, Roberto Plate y Pérez Celis.

A Martínez, como a todo poeta y letrista, le gustaba jugar con las palabras, de modo que cierta noche en medio de una charla “deformó” una frase hecha que se usaba como muletilla y contraseña de identificación juvenil y convirtió “¿cómo viene la mano?” en “¿cómo viene el manal?” y el trío argentino que inventó el blues en castellano encontró su nombre.

Hay por allí dando vueltas alguna otra versión que asocia “manal” a “panal” y afirma que se trata de una metáfora para designar algo así como un conjunto de muchas y veloces manos. Una figura que trataría de transmitir el impacto que sobre el público tenían las presentaciones de los power trío, apabullantes a partir de la destreza técnica y de improvisación sobre el escenario (Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker allá; Martínez, Medina y Gabis acá). Quién sabe.

Lo cierto es que el recién nacido Manal conoció en una fiesta a Jorge Alvarez, un empresario que había tenido un moderado éxito en el negocio editorial y junto a Pedro Pujó y otros aventureros intentaba lanzar un sello discográfico que finalmente llamarían Mandioca. El grupo le cantó a Alvarez el recién compuesto “Avellaneda blues” y lo convenció de inmediato para que les financiara un disco. Hacia fines de 1968, Mandioca editó su primer material: el disco simple de Manal que contenía las canciones “Qué pena me das” y “Para ser un hombre más”. Pocos meses más tarde, en 1970, apareció el vinilo de larga duración. Se grabó, al igual que otros álbumes de rock de la época como Almendra y Los Gatos, en los Estudios TNT. Javier Martínez en voz y batería, Claudio Gabis en guitarras eléctricas, armónica, piano y órgano Hammond, y Alejandro Medina en bajo eléctrico, voz, guitarra española, órgano Hammond y piano.

Se lo conoció popularmente como “La Bomba” debido a su ilustración de tapa, una gráfica de Rodolfo Binaghi.

Son siete temas de unos treinta y cinco minutos de duración en total. Destacan el mencionado “Avellaneda blues”, “Informe de un día” y “Una casa con diez pinos”; hay lugar para un hit medianamente pegadizo (“Jugo de tomate frío”) y otro que se le acerca (“Avenida Rivadavia”), el filosófico-existencial “Todo el día me pregunto” y el casi inentendible para las orejas de aquellos tiempos “Porque hoy nací”.

Un año antes había aparecido en primer disco de Almendra. El rock “cantado en castellano” tomaba vuelo. Las letras y la voz de Martínez le dieron a Manal una orientación estética diferente a su predecesor. Eran versos más directos y apelativos, “bajaban línea” contra el consumo, la alienación, la “normalidad” impuesta por la sociedad de masas, se burlaban de una hipócrita concepción de las relaciones entre las personas. Rápidamente dieron vida a su público, le ofrecieron una fisonomía, valores en los que reconocerse. No podían sino triunfar.

¿Cuál era la reacción que recibía Manal de su público en su período de apogeo?

Alejandro Medina: De respeto, de mucho respeto, de no entender nada lo que estaba escuchando. La gente no tenía un material de información discográfica como para comparar. El público tenía los oídos vírgenes. Saltaban, reían, lloraban de emoción por escuchar algo nuevo, más las letras, la voz y la filosofía de Javier. De aquella época, puestos en el colador de todos los grupos sólo quedan Manal y Almendra. Ninguno de los dos tuvo letras complacientes. Javier sabía tocar muy poco la guitarra, básicamente él escribía. Vivía en mi casa. El me pasaba los temas y yo se los armaba. Cuando, llegaba Claudio, él aportaba su parte. Pero en el 70 y 71 se acabó. Eran como tres años de lucha, y era demasiado. Me acuerdo que nuestra consigna era hacerle la cabeza a la gente porque no sabía, no entendía y no estaba preparada. (Fragmento de reportaje publicado en la revista Pelo en 1980)

¿Cómo fue el debut de Manal?

Claudio Gabis: El recital lo organizó Jorge Alvarez (junto a Pedro Pujó responsable del sello independiente Mandioca y productor de Manal) dueño de la editorial vanguardista más importante de la época. El teatro se encontraba lleno con toda la “inteligencia porteña”, entre el público estaban: Leopoldo Torre Nilsson, Martha Minujín, David Viñas, toda la gente del Instituto Di Tella, los Almendra (todavía no habían debutado) y Los Gatos (nos habían prestado los equipos). La situación sorprendió muchísimo a mis padres quienes por primera vez iban a verme tocar seriamente. Cuando terminamos subió al backstage, prácticamente llorando de la emoción, Luis Alberto (Spinetta) y nos dijo: “¿ustedes se dan cuenta lo que empezó hoy?”. Siempre recuerdo esa fecha (12 de noviembre de 1968) como el punto de partida del rock nacional.

(…) El lanzamiento de Manal se produjo a partir de la elite intelectual porteña. Lo interesante fue que el grupo llevó eso del centro al suburbio. El nexo lo hicimos nosotros, también Almendra, Los Gatos y otros grupos pero como Manal era especialmente duro e identificado con lo urbano fue, desde mi punto de vista, quien ligó el intelectualismo de la calle Corrientes con el club de barrio de La Matanza. (Fragmento de un reportaje realizado por Gabriel Cócaro)

* Colaboradores