Mapas y coincidencias

Hace unas semanas, Walter Cazenave planteo en estas páginas el interrogante acerca de dónde estaba Añancué, dando indicios del sitio exacto. Al leer el artículo, un investigador de Río Cuarto se puso a trabajar en la omisión de los toponomistas y logró hallar coincidencias que se exponen en este artículo.
Norberto Mollo *
Hace unos días, el amigo y admirado colega en estas lides de las investigaciones topográficas y toponímicas como lo es Walter Cazenave, a través del suplemento Caldenia del Diario La Arena de Santa Rosa (La Pampa), lanzó la motivante pregunta: ¿Dónde está Añancué?. No había leído todavía el suplemento cuando me llega un whatsapp de otro amigo y gran arqueólogo quien es Guillermo Heider, con el título de la nota de Walter y el link para leerla. Desde entonces no he parado de trabajar en ello.
No hace mucho, en septiembre de 2017, presenté una ponencia en el IV Encuentro de Lenguas Indígenas Americanas que se llevó a cabo en la Universidad Nacional de La Pampa (Santa Rosa). En dicho trabajo, que se puede leer por internet, analicé cada uno de los topónimos mencionados por Stieben, Tello, Vuletín, Casamiquela, Piana y Aráoz, tratando además de darle el significado en español y también una ubicación más precisa. Pero al igual que ellos, omití el topónimo Añancué y tal vez otros que hayan existido en esta provincia. Por ello el interrogante planteado por Cazenave fue francamente movilizante.

Desde los mapas.
Desde hace muchos años vengo trabajando con los mapas topográficos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) de toda el área pampeana. Asimismo he estado innumerables veces en la Dirección General de Catastro de la Provincia de La Pampa, donde he sido atendido muy bien por Daniel Cardin y autorizado a tomar imágenes de los planos de mensura por varios directores de catastro que se han sucedido. Esas primeras mensuras que están en los “Libros Azules” y las segundas, cuando se vendieron los campos arrebatados a los ranqueles, contienen valiosa información, ya que en estos mapas están los lotes, tal cual existen hoy, y también la información anterior, como tolderías, rastrilladas indígenas, lagunas, médanos, topónimos, etcétera.
Este material viene a ser como una etapa intermedia entre los antiguos mapas militares de Melchert, Alsina, Mansilla, Wysocki, y otros y las recientes cartas topográficas del Instituto Geográfico Militar (hoy IGN).
La técnica que utilizo para identificar sitios históricos en el área pampeana es relativamente sencilla. Consiste simplemente en superponer en distintas capas los mapas que contienen las primeras mensuras con todos sus lotes, con los mapas actuales detallados del IGN, llevados ambos a la misma escala, utilizando software informático. En una tercer capa, incorporo imágenes satelitales actuales. A estas capas se les puede disminuir o aumentar su opacidad y transparencia, de manera tal que uno puede observar simultáneamente un mismo lote o zona en tres momentos históricos diferentes, en el mismo momento.

El caso Añancué.
En el caso de Añancué tenemos la dificultad de que este topónimo no se encuentra en ninguna mensura, sino solo en el Croquis Topográfico de Lucio V. Mansilla (1870), que es un gran plano pero sin coordenadas geográficas y con algunos errores. Por eso, superpuse este plano a un mapa del IGN en el cual yo ya había trasladado toda la información contenida en las primeras y segundas mensuras.
Tomando dos puntos extremos bien conocidos, como son Leuvucó y Pitral Lauquen, observamos que Mansilla dibuja la rastrillada un poco más al este (la flecha azul indica la ubicación de Añancué), de donde luego se la descubrió, señalándose con una flecha roja este topónimo, sobre dicho camino indígena, en la geografía de hoy.
Si observamos el área en una imagen satelital actual, se notan los médanos señalados por Mansilla, que hacían más dificultoso el camino, hasta llegar a una importante elevación que era la “raya” o límite entre las áreas de influencia de Mariano Rosas y Baigorrita.
También es posible distinguir hacia el ESE de ese médano una planicie de unos 2.500 metros de NE a SO y de 800 m. de ancho, la cual probablemente era la que se utilizaba para jugar a la chueca.
El médano de Añancué alcanza una elevación de 31 m sobre el nivel de la planicie citada. Se halla a 6,7 km. al S. de la plaza de Victorica en proximidades de Estancia La Morocha, en las siguientes coordenadas: Latitud: 36º 16′ 38″ S y Longitud: 65º 26′ 22″ O. Esta ubicación tentativa de Añancué coincide asombrosamente con la señalada por Walter Cazenave.

El topónimo.
El topónimo Añancué es de origen mapuche y/o ranquel. Si bien existe el vocablo mapuche Añañkuk que significa “cansársele la mano”, es poco probable que sea utilizado como topónimo. Es factible que el término Anüñwe, que proviene de Anüñ: sentarse y we: donde, es decir “Lugar donde sentarse” tenga mayor verosimilitud, ya que se relaciona mejor con los interminables parlamentos que allí se celebraban. (El autor del artículo se dedica a la ecología regional, etnohistoria, etnobiología y cartografía histórica. Miembro del Taller de Etnohistoria de la Frontera Sur y del Laboratorio de Arqueología y Etnohistoria, Departamento de Historia de la Universidad de Nacional de Río Cuarto, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Río Cuarto.

* Profesor de Ciencias Naturales (UNRC)