“Marx desde los cuerpos”

Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social egresado de la Universidad de Buenos Aires, Cristian Sucksdorf tuvo el privilegio de trabajar durante los últimos años de vida junto a León Rozitchner. Fue casi por casualidad, que se sumó a un equipo de estudiosos que ayudaron al filósofo argentino a ordenar sus papeles. La finalidad era publicarlos y así sucedió al cabo de varios años, a través de una colección de once libros que editó la Biblioteca Nacional.
En junio pasado, el investigador estuvo en Santa Rosa ofreciendo el seminario Marx y el problema del sujeto en el marco de los cursos que dicta la cátedra Libre Ernesto Che Guevara de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa. Entonces, se brindó a participar de esta extensa entrevista cuyo motivo era desentrañar el complejo tema del marxismo.
P.: -El año pasado ofreciste dos conferencias relativas a la obra de León Rozitchner y ahora la propuesta es Marx y el sujeto.
C.S.: -Se trata del tema de mi tesis doctoral: la teoría de la subjetividad en Marx y el problema de la representación. Es hacer una lectura y no desde la tradición del marxismo, ya que hay problemas que son problemas de su obra y otros que son problemas de la interpretación de la obra, como la cuestión de la estructura y la superestructura. Forzando una lectura de época, ya que en el siglo XIX no estaban planteados así estos temas, me sorprendo con que en Marx aparece una teorización del sujeto muy profunda. Me sorprendo con, por ejemplo, que para que haya una cierta sociedad estructurada en función del capitalismo, la mercancía, etcétera, para Marx tiene que haber al mismo tiempo una lectura de cómo se organiza los cuerpos y el sentido en función de los cuerpos. Hay una lucha contra las grandes tradiciones metafísicas; en Marx -desde la juventud hasta los textos de madurez- aparece una lucha constante contra los grandes conceptos -por ejemplo Sociedad e Historia- una lucha por desmantelar estas ideas que después paradójicamente fueron parte del marxismo. Para Marx la Historia es algo que aparece pegado a los cuerpos pero no tiene una existencia en sí; hay cuerpos individuales y esos cuerpos no son aislados, son necesariamente interrelacionados, en definitiva, no existe un individuo sino siempre muchos; entonces, aparecen problemas que son claramente de principios del siglo XX como es la cuestión de la multiplicidad.

P.: -¿Hay alguna hipótesis en este análisis de Marx y su perspectiva del sujeto?
C.S.: -La hipótesis fundamental es que en Marx hay una teoría del sujeto que está implícita, en parte porque no es común que haya teorías del sujeto en el siglo XIX – Marx mismo no lo hubiera aceptado-. La idea es ver cómo aparece en los textos económicos el objeto subjetivo. Por ejemplo, términos puramente económicos como la mercancía, hablan en Marx en términos subjetivos. La mercancía no es una cosa sino que es una cosa metafísica, un objeto físicamente metafísico, esto está hablando de este doblez, en el cual esas estructuras que durante mucho tiempo el marxismo planteó como sin sujeto, en Marx es al contrario, tienen un correlato subjetivo y lo está mostrando el fetichismo.
P.: -¿De qué manera el trabajo junto a León Rozitchner influencia tus investigaciones actuales?
C.S.: -Me formé mucho con León Rozitchner y él hacía esto de leer las condiciones subjetivas de escritura, hay un deseo incluso para escribir algo y sin ese deseo no se escribe, incluso en el texto más duro. En Los Grundrisse de Marx (o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, recopilación de anotaciones de Karl Marx completada entre 1857-1858, que se consideran borradores de su obra cumbre, El Capital), hay una ruptura de ese discurso más duro de los otros textos. Me acerqué a estos temas a partir de León y es el ámbito de investigación de mi trabajo.
P.: -¿Cómo fue ese equipo de trabajo junto al filósofo y tu vínculo personal con él?
C.S.: -Me ofrecieron en algún momento ir a ayudarlo porque tenía mucho trabajo inédito, tenía 84 años y me ofrecieron ayudarlo a ordenar sus papeles. Para mí eso era extraordinario porque era conocer la cocina de un tipo que yo leía. En ese momento, yo estaba leyendo de Sartre La crítica de la razón dialéctica y leía algo que no me convencía. Que los grupos como sujetos colectivos se constituían en función de un juramente, era la tesis de Sartre en algunos pasajes; el juramente organizaba los grupos. Veía que los grupos tienen una estructura mucho más libidinal, más corporal. Cuando Sartre llega al cuerpo, la fiesta ya había terminado. Y entonces leo el libro de León que escribe en el 63 cuando viaja a Cuba, Moral burguesa y revolución, adonde llego a través de la película Memorias del Subdesarrollo de Gutiérrez Alea ya que cita un texto de León. Habla de los contrarrevolucionarios y la verdad de ese grupo derrotado. Los distintos miembros del grupo dicen ‘yo vine porque me trajeron’; un terrateniente dice ‘yo durante el gobierno de Battista no tuve nada que ver’, y el único que dice ‘acá hay un grupo’, es el torturador, que dice: ‘fueron ellos los que me dieron trabajo, yo con mi trabajo de asesino sostenía que el otro fuera terrateniente’. La verdad del grupo, es decir de esa moral burguesa, está en el asesino, el asesino es la verdad expulsada de esa farsa; ese trabajo material de asesinar es lo que permite el trabajo espiritual de esas clases altas. Me pareció un texto mucho más contundente de cómo se forman los grupos.

Cuerpos y afectos.
P.: -¿Qué es puntualmente lo que encontrás en ese texto?
C.S.: -Ahí empecé a trabajar y ahí descubrí una cosa inmensa que es la obra de León. El trabaja, fundamentalmente, cómo se organizan los cuerpos y los afectos y como se hace esto en una sociedad capitalista y al mismo tiempo cristiana. En un momento aparece el cristianismo de una manera más explícita, -siempre había sido cómo se forman subjetivamente las relaciones que permiten que los individuos vivan en una sociedad capitalista-. Si hay capitalismo y estructuras económicas y contradicción entre las fuerzas productivas y los medios de producción, es porque hay una forma subjetiva para que eso suceda así, y eso es lo que investigo. Yo empiezo en 2008 a trabajar en la cátedra de Sociología de León; en 2007 en su casa; esos años nunca ordenamos nada ni se publicó nada, pero charlamos muchísimo sobre cada libro, nos juntábamos y discutíamos esos textos. A veces eran trabajos o escritos pero desordenados, excepto uno sobre Simón Rodríguez. Aparecieron ideas para libros.
P.: -¿Llegaron a publicarse?
C.S.: -En vida no llegó a publicar casi nada. Lo que sí llegamos a publicar con Diego Sztulwark, que es el otro editor de las obras, en la editorial Tinta Limón, es Materialismo ensoñado, que León llegó a preparar y son textos con una escritura mucho más poética porque pretenden hablar del nivel más arcaico de la subjetividad, de la estructura más íntima del sujeto que tiene que ver con un momento arcaico del sujeto que es su relación con la madre. Eso sería lo que León le critica a Marx: está faltando en este materialismo histórico la historia del sujeto, la historia más intima de cada individuo.
P.: -¿Pero el psicoanálisis no compensa esa falta? León es psicoanalista…
C.S.: -Claro, León estudió filosofía en la Sorbona y fue de los fundadores del psicoanálisis en Argentina.
P.: -Otro libro fundamental de la obra de Rozitchner es La izquierda sin sujeto. ¿Cuál es su núcleo?
C.S.: -Hay un tránsito social que hay que hacer, y al mismo tiempo nosotros somos los sostenedores de este sistema. Cada miembro de la organización -dice León discutiendo los años 60- es portador de eso que en parte quiere sacar grupalmente a nivel estructural, y si no se hace el tránsito vivido -primero- de poner en evidencia cuáles son estas categorías del enemigo (de la sociedad burguesa que tenemos como formándonos) y al mismo tiempo hacemos el transito de revertir eso; si no lo hacemos explícito, estamos reproduciendo aquello que queríamos revertir. Ese es el núcleo de La izquierda sin sujeto, es decir, esa izquierda centrada en los grandes procesos socioeconómicos y políticos que no tiene en cuenta las determinaciones afectivas que sostienen finalmente esos procesos. Porque si no existiesen individuos, no hay ningún proceso político capitalista; no hay fuerzas productivas ni medios de producción ni nada si no es sostenido por sujetos particulares con una historia de acceso a la cultura y organizados afectivamente.
Si vemos mercancías y nos organizamos en función del valor de uso y de cambio, es porque nosotros somos parte de ese sistema capitalista, nosotros en lo más intimo de nuestra estructura corporal. Ese es uno de los problemas que León señalaba y yo pretendo ver en Marx y que creo que está todo el tiempo y ya está presente en Los Grundrisse, esta cuestión entre lo subjetivo y la estructura económica.
P.: -¿De qué manera a través del análisis de la obra de Marx podría pensarse en un posible cambio de las actuales condiciones sociales?
C. S.: -Cuando León analiza que la madre da todo a cambio de nada y una forma de vinculación totalmente diferente a lo que es la de la estructuración capitalista, son formas siempre presentes que posibilitarían un cambio. Creo que la filosofía, y acá me gusta una frase de Delueze, que dice que la filosofía, o no sirve para nada, o sirve para odiar un poco más la estupidez.
Pocos momentos históricos uno podría mirar el panorama mundial y encontrar tan pocos focos de resistencias como ahora; pocas ofensivas contra el capitalismo, o son muy tenues y tienen que ver con luchas puntuales, pero bajo ningún punto de vista hay niveles de avance. Creo que en esos momentos, este hecho de odiar la estupidez, sirve porque la estupidez es parte muy fundante del sistema capitalista. Marx dice que nos volvemos estúpidos con relación al uso de la mercancía. El odio tiene muy mala prensa, pero hay odios muy válidos. Marx dice: cuando somos mercancías, nos volvemos estúpidos. Creo que la filosofía podría ayudar a despertar ciertos odios con la estupidez propia.

Andrea M. D’Atri
Periodista.

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