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Mogli, la voz del alma

El afuera y el adentro del ser para estar-situado. Los paisajes del mundo y los del alma refractados en una serie de discos de Mogli, una artista alemana que conjuga la gesta wagneriana de la obra de arte total.

Sergio De Matteo *

La música, tanto manifestación estética como interpretación de les artistas, tiene todo tipo de efectos sobre las personas: desde la alegría a la melancolía, desde la contemplación a la danza, desde el murmullo al canto. Es imposible no sentirse interpelado ante los sonidos o las melodías. La música acompaña a la humanidad desde el comienzo de los tiempos, cualquiera sea la forma utilizada (cánticos o instrumental) para «comunicar» a los propios seres o con los dioses.
En esas posibilidades inscriptas en la música, como aquella música de las esferas, se sostiene la importancia del canto y de la poesía. En ese sentido, en una de las charlas («La Divina Comedia») que brindara Jorge Luis Borges en el Teatro Coliseo de Buenos Aires en 1977, refería que «El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue un canto». En la provincia de La Pampa resalta una fuerte tradición donde se destaca el Cancionero de los ríos, por ejemplo. Y así se podrían señalar obras, compositores, intérpretes y escuelas de todo el mundo en donde se encuentra registrado el amplio pentagrama de la música universal.
«El más antiguo, el más verdadero y el más bello órgano de la música, el origen del cual nuestra música debe provenir, es la voz humana», la cita de Richard Wagner da asidero a un elemento básico de la música y, también, permite abrir perspectivas del desarrollo de sus creaciones y reflexiones que acercan o emparentan con otra cantante y compositora alemana contemporánea, Mogli. Es que su trayectoria conocida tiene arraigo en diversas artes y se proyectan en su variada producción de bienes culturales, que van desde la moda, el cine, la actuación y, por sobre todo, la música. El mismo Wagner planteaba la idea de la «obra de arte total», es decir, la síntesis de todas las artes poéticas, visuales, musicales y escénicas, que se encuentran representadas en las obras de la autora de Wanderer (2017).

Mogli / Mowgli.
Nacida con el nombre Selima Taibi, en Frankfurt del Meno, en 1994, de madre alemana y padre argelino; se la conoce como Mogli, en referencia a Mowgli, el nombre del protagonista de El libro de la selva (1894), de Rudyard Kipling. Selima misma lo resalta: «Me parecía a Mowgli cuando era niña. Literalmente solía correr en ropa interior y me encantaba trepar a los árboles. Cuando tenía rastas a los 11 años, el apodo reemplazó mi nombre real».
El género musical en el que encajaría, a grandes rasgos, es el indie folk; y sus letras las escribe en inglés a pesar de que su lengua nativa es el alemán. Mogli empieza a ser conocida en 2012 con la participación en «The Voice Alemania», pero no tiene tanta visibilidad hasta 2015, cuando lanza su primer álbum Bird. Realiza viajes por distintas partes del mundo, tanto en bicicleta como en un autobús transformado en motorhome, con el que recorre Alaska, Estados Unidos y México, en la experiencia denominada Expedition Happines, junto a su ex novio Félix Starck, que se transmitió en tiempo real por las redes sociales. Todo ese material se convierte en documental y en un nuevo disco, llamado Wanderer, que se edita en 2017 y es, a su vez, el soundtrack de la película.
En su sitio personal (www.mogliofficial.com) se acercan algunas apreciaciones sobre la creación artística y, en particular, de la vida y sus propias exploraciones. Se enfatiza que en su último EP, Patience, editado en 2019, «dejó que su propia vulnerabilidad creativa fluyera a través de ella hacia su música. Y en lugar de explorar su entorno, entró al estudio para encontrar su narrativa, buscando la introspección en lugar del mundo exterior». Bucear en lo más profundo de sí misma, rascar donde están depositadas las sensaciones y las vivencias íntimas y su relación con el mundo. Por eso agrega en la información que esta nueva placa discográfica «es un reflejo de una artista en el proceso de dar forma a su visión, una que ha sido inspirada por artistas como Bon Iver, Lorde y Ben Howard, quienes la han empoderado para confiar en su instinto. En esa línea, Mogli afirma: «Me inspiran personas que siento que comparten honestamente sus sentimientos y que tienen una producción creativa que no ha estado allí antes».
Vagabunda.
La trascendencia visceral de las experiencias, cuando lo vivido toca las profundidades del ser, es porque la sensación y la situación en las que se deviene entró en sincronicidad con el universo. Rainer Maria Rilke solicitaba la más profunda introspección para conocerse completamente. En dicha soledad el ser se mostraría tal cual es, sin máscaras ni desdoblamientos. Esa soledad, Mogli la confronta en «Spirits»: «Por nuestra soledad mientras rodamos sobre caminos interminables».
«La poesía es la intemperie sin fin» ha dicho Juanele Ortiz. Haciendo una paráfrasis, la vida misma y el mundo son parte de la intemperie sin fin. ¿Durará un instante? ¿Durará la eternidad? No importa la medida de tiempo que rige los estímulos del ser, del espíritu, porque esa vivencia ha penetrado en su duración, por lo tanto desde ese momento formará parte de todo lo que haga y piense. Es una partícula de lo existente que se alinea para volverse sabiduría, mutarse en arte.
Wanderer es la decantación de la experiencia del viaje. Pero el viaje no es sólo transcurrir por la paleta de diferentes paisajes, sino comprender cómo el ser se manifiesta en un estar-situado, que es lo que aprehende, lo que lo nutre en dicho descubrimiento; más allá de que la indagación se pueda convertir en una verdadera temporada en el infierno, como poetizó con dieciséis años el gran Arthur Rimbaud. El poeta francés fue un verdadero vagabundo, pues se recorrió Europa caminando, por eso se lo conocía con el sobrenombre «suelas de viento».
En este caso Mogli acerca al oyente por medio de sus catorce canciones, que integran la propia soundtrack del documental Expedition Happines, a la felicidad y al dolor, a un estado del alma en que se cuelan los recuerdos y las utopías. Ella estimula con su voz, tal cual lo auguraba Wagner, y traslada a los seres anudados a sus melodías a un vacío contemplativo para poder captar los estremecimientos del propio existir. En síntesis, los toca; respondiendo a la premisa borgeana de que la función del arte es tocar al otro. Ese par de canciones construyen su propio universo, su esqueleto del mundo, su adentro y su afuera; porque en esa acumulación de vibraciones pasan «Todas las estaciones en un día», para andar y ascender (el ascenso del alma por la belleza, según Marechal) como en la canción «Alaska»: «Estoy en la cima del mundo / Y luego los lobos aúllan». Desafío concreto a las situaciones-límites (Jaspers), que son conjugadas en miedo, sufrimiento, culpabilidad, lucha, insatisfacción, muerte y otras. Por ende, «los lobos aúllan», pero Mogli continúa, escala, aún sabiendo que se puede perecer en el intento o perder el camino de retorno. Lo sutil y lo salvaje conviven, marcan todo destino humano.
«Ser una Vagabunda / Ser una Vagabunda e ir a casa», se repite en la canción que le da título a la placa de 2017. Ser una vagabunda, conocer el planeta, tomarlo con la mano, sentirlo en el ser, para después volver a casa, a ese anclaje donde está-situado el espíritu. Resuena constantemente la introspección rilkeana. En esa soledad es posible la contemplación y maravillarse por su misterio, caer y renacer: «Porque cuando caiga me estrellaré contra el suelo / Tengo que levantarme por mi cuenta» («Road holes»). Rilke, en su Cartas a un joven poeta, sugiere: «Cuanto más callados, cuanto más pacientes y sinceros sepamos ser en nuestra tristeza, tanto más profunda y resueltamente se adentra lo nuevo en nosotros. Tanto mejor lo hacemos nuestro y con tanto mayor intensidad se convierte en nuestro propio destino». El misterio, la tristeza, la intensidad son una trama que cruza por la vida y también se anuda al cuerpo astral. Aunque haya música, melodías, también habrá silencio, soledad.

Viaje.
El viaje es una de las formas más perfectas de la libertad. Sería inabarcable la cantidad de citas que podrían hacerse de los viajeros o viajeras que han protagonizado gestas épicas, trayectorias e itinerarios extraordinarios, como las historias de Marco Polo, la vuelta el mundo en 80 días, o los desafíos de las dos periodistas que batieron ese récord en 1890, Nellie Bly para el News of the World en 72 días y Elisabeth Bisland, del Cosmopolitan, en 75 jornadas. Muchos libros podrían servir de modelo para estos seres trashumantes, quizás On the road, de Jack Kerouac, sea uno de los más altos y perfectos. También la poesía, aludiendo a la relación poesía/canción, tiene sobrados ejemplos, como cuando Raúl Mansilla dice «el viaje es un objeto», o Cristian Aliaga alude que «el viaje es la imagen perfecta», o propone una «música desconocida para viajes». En fin, el viaje, como objeto o imagen, en definitiva, es música.
Si gran parte de las canciones de Mogli versarán sobre el desamor de pareja sería una acumulación de bellas canciones tristes pero con una trascendencia limitada, de temporada, que no iría más allá del llanto hogareño hecho público de los fracasos personales. El arte exige más que ese síntoma particular de las propias angustias y derrotas. Ese dolor encarnado, que también siente el alma, debe ser convertido en arte, en canciones, debe supurar, como bien se percibe en «Another life»: «Cada palabra debajo de mi piel».
Sus canciones dan el salto a la universalidad del amor por la humanidad, tal cual lo pensaba y sentía Rainer Maria Rilke, como lo simbolizaron John Lennon, Edith Piaff, Ute Lemper, Santiago Feliú o Spinetta; poniendo en el arte esa tensión de la existencia individual y comunitaria, íntima y pública, tal cual como se aproxima en «Patience»: «Deberíamos tener paciencia, / para dejar que el dolor se seque […] Pica tu corazón para encontrar mi astilla, escondida en algún lugar de ahí». Y va más allá de sus canciones, también es clara en su toma de posición política cuando opina y apoya el movimiento Black Lives Matter: «Se siente como si estuviéramos en medio de una película de terror, y no me refiero a la pandemia. Se siente como si fuéramos impotentes cuando hay tanta discriminación de izquierda a derecha. Pero tenemos el control, todos de nosotros juntos, cómo respondemos a la discriminación contra personas inocentes en todo el mundo. Está en nuestras manos colectivas cómo respondemos a la discriminación contra personas inocentes en todo el mundo» («Rassismus: Die bewegende Rede von Sängerin Mogli an ihre Fans», en Emotion Slow, 16 de octubre de 2020).
Mogli, con su talento y sensibilidad, junto a Sigrid Raabe, Birdy, Ghostly Kisses, Kodaline, Paris Jakson, Jonathan Roy, Haevn, LP o Manchester Orchestra, entre otres, es una de las voces emblemáticas de la generación emergente de este incipiente y pandémico siglo XXI, cuya dicción sobrevuela con sus letras la existencia, pero también hunde bien honda su mirada y lectura en el mundo, en la trama de relaciones más íntimas de los seres humanos.

* Colaborador

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«Me parecía a Mowgli cuando era niña. Literalmente solía correr en ropa interior y me encantaba trepar a los árboles. Cuando tenía rastas a los 11 años, el apodo reemplazó mi nombre real».