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Mostrar lo invisibilizado

La directora del documental «Una banda de chicas», Marilina Giménez, cuenta cómo fue el proceso creativo y por qué decidió hablar sobre el tema. Qué pasa cuando las mujeres músicas rompen los estereotipos patriarcales.
Ana D’Atri*
El documental «Una banda de chicas» se estrenó en noviembre del 2018 en Mar del Plata, recorrió festivales de todo el mundo y a fines del año pasado pudo ser estrenada en Buenos Aires y otras salas del país.
Su directora, Marilina Giménez, recogió los testimonios de mujeres músicas que forman parte de bandas integradas por chicas. Se escuchan las voces de Chocolate Remix, Ibiza Pareo, Kobra Kei, Kumbia Queers, Las Kellies, Las Taradas, Liers, Miss Bolivia, Sasha Sathya, She Devils y Yilet. De ésta última, Marilina formó parte desde el año 2007 hasta el año 2013.
En «Una banda de chicas» se visibiliza la problemática que viven día a día las mujeres que son parte de grupos femeninos. La discriminación, el «ninguneo», las dificultades para conseguir fechas en escenarios considerados importantes, y ni que hablar del machismo y la violencia constantes.

¿Por qué decidiste hacer este documental?
Yo tocaba el bajo en Yilet, la banda empezó como un proyecto solista de Marina, ella me invitó a tocar y en el 2010 incorporamos a Ani. Ahí decidimos salir a tocar mucho y nos pasaba que por un lado era muy difícil conseguir las fechas y por otro, cuando las conseguíamos nos agrupaban con otras bandas de chicas.
Primero era una sorpresa decir ‘ah, mirá cuántas que somos’. Nos preguntábamos qué pasa que no estamos en los medios, en la tele, en los canales de música, y a raíz de eso dije que quería hacer un documental donde se registre a las chicas de Latinoamérica, después pasó a ser de Argentina y de ahí tuve que basarme sólo en algunas bandas. Yo quería que seamos visibles, que pudiéramos verlas y escucharlas como a cualquier otra banda.

Primeros pasos. La idea del documental nació en el 2010 y hasta el 2015 Marilina se armó su propio archivo. «Grababa bandas de vez en cuando, me ponía a escribir y así fue tomando fuerza la idea», contó la directora.
Marilina estudió Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, terminó en el 2003 y del 2004 en adelante trabajó como sonidista de televisión y de cine, -en paralelo estuvo en Yilet-. «Desde chica me interesó la música y todo fue fluctuando entre música y otra cosa. Yo nunca me había pensado haciendo una película, pero cuando surgió la necesidad de hacerla, tuve que retomar y hacerme a la idea de que podía».
En el 2015 comenzó la etapa de entrevistas a las músicas. «Cada entrevista duraba como dos horas y media, y lo que notaba era que en todas me decían cosas que yo había vivido. Por un lado era muy sorprendente entender que lo que nos pasa, nos pasa a todas, y por otro me sacaba el peso porque yo no quería contar todo desde Yilet, que además era una banda que ya no existía», explicó.

¿Cuáles son los prejuicios que se tienen hacia las bandas de chicas?
En ese momento había lugares donde tenías que ir a tocar, sabiendo que no eran lugares para vos y que la ibas a pasar mal. Entonces era llegar y tener que hacerle entender al sonidista (hombre) que vos sabés de sonido, que no te venga a explicar cómo son las cosas ni cómo tenés que sonar porque vos sabés cómo tenés que sonar. Esas cosas donde todo el tiempo tenés que estar demostrándole al otro que sabés.
Otra cosa común que pasaba era que cuando te ponían con una banda de chicos, te mandaban a abrir la noche, estaba por sentado que era así.
Conseguir fechas en lugares importantes también es difícil, yo escuché testimonios de muchas chicas que se tenían que acostar con alguno para poder conseguirla. A nosotras eso no nos pasó pero sí se nos hizo muy difícil llegar a tener fechas en Niceto.
A Lucy (Las Taradas) le decían ‘tocás como un chabón’. El sólo hecho de que nos vieran mujeres y nos metieran con otras bandas de chicas no era como es ahora que hay una conciencia y una fuerza de por qué hacés una fecha así. Ahí no sabían qué hacer con nosotras y nos metían ahí, nos agrupaban sin ningún tipo de concepto.

A partir del documental, ¿pudiste ver con mayor claridad algunas cosas?
Me parece que esto que al principio era una necesidad el juntarnos para conocernos, empezó a ser como una situación social. Nos tenemos que unir porque al unirnos nos conocemos, generamos una fuerza y generamos visibilidad, que es el mensaje de la peli.
Cuando empecé con la idea de hacer una peli, que se llamara ‘Una banda de chicas’, todavía no estaba sucediendo el hecho de que todas nos conociéramos, muchas nos cruzábamos, pero no estábamos generando algo juntas. Con las marchas de Ni Una Menos, las del aborto legal, las del 8M, ahí se empezó a generar una conciencia de que si nos juntamos nos visibilizamos, tenemos fuerza, no dejamos que nos pongan en determinados lugares. Es otro lugar más de resistencia, que antes no lo tenía tan claro.
Lo que sucede con el documental es que las personas que lo ven quedan muy energizadas y quieren hacer cosas. Este va a ser un documental que se va a transformar en referente porque no hay ninguno que hable de esto. Está bueno para agarrarlo como instrumento de lucha o de lo que sea.

En un momento hablan de una diferenciación entre las mujeres del folclore, en cuanto al respeto que se les tiene, en contraposición a una banda de chicas que hace punk rock por ejemplo.
En el comienzo pensaba que el estereotipo que se nos pone a las mujeres y a las lesbianas -a las trans ni se les pone porque no piensan en ellas- es esta cosa de que hay que ser suave, dulce, tocar la guitarra media escondida, y siento que en el folclore de alguna manera las mujeres ya tienen un lugar. Más allá de que también sufren machismos y que cada lugar tiene su lucha específica. Pero cada vez que preguntaba por una música todo el mundo me hablaba de Mercedes Sosa. Y todo bien con Mercedes Sosa, pero a mí en particular no me representa, me puede representar su lucha pero el folclore no es algo que me represente ahora. ¿Qué pasaba con todos los otros estilos?. También tiene una cierta relación con la moda, la imagen, y a mí me parecía muy fuerte el hecho de que no estemos dentro de esas imágenes. Siempre tomaba como punto de partida por qué no hay una banda como Soda Stereo, por qué no hay una Luca Prodan, que rompen también desde otros lados, no es solamente desde lo musical, y generan esa cosa de referentes a seguir y nosotras no tenemos esas referentes, sin embargo, están ahí. No es que no hay, no las quieren poner porque quieren que la imagen de la mujer sea como tiene que ser; todo eso que se nos impone. Entonces yo quería bandas que desde distintos lugares rompieran con eso.
Los interesados pueden seguir las cuentas del documental por Instagram (@unabandadechicas) o por Facebook (Una Banda de Chicas / A Girl’s Band).

*Periodista