Músico de cancionero

Luis Ernesto Roldán* – Chicho Sejas, músico y poeta no vidente de Victorica, participa con sus producciones del Cancionero de los Ríos y es protagonista de la historia artística de esa localidad del oeste de La Pampa.
Roberto Sejas comenzó a perder la visión desde muy niño, eso lo llevó a desarrollar los otros sentidos, sobre todo el tacto y el oído. En la década de 1970 ingresó, con sus aportes a la música y la poesía, al cancionero regional pampeano como autor no vidente.
La década de 1930 fue, para los habitantes del Territorio Nacional de la Pampa Central, la de las siete plagas: sequía intensa y prolongada, fuertes ventarrones, cenizas volcánicas, langosta, mortandad de haciendas, incendios rurales y caída de los precios de los frutos de la tierra. El 17 de abril del año 1934, en el puesto La Guadalosa, donde vivían don Juan Sejas con su esposa, doña Mercedes Estanislada Lucero, se escuchó el llanto que anunció la llegada del niño, que sería bautizado bajo los nombres de Francisco Ramón Roberto Sejas. Doña Mercedes era hija de don Nicomedes Lucero, casado con doña Emperatriz Lucero, quien tenía arrendados varios campos de Telén hacia el oeste.
Los Sejas fueron, como me lo dijo Roberto, conocido popularmente como Chicho, como el anís: ocho hermanos. Mercedes, casada con Aranda, empleado del ferrocarril del oeste; Juana; Celia, casada con el hornero José Zanín; Nicomedes, empleado rural; Adrián, dedicado a las aguadas; Nicolás Samuel -alias Tico- nuestro compañero de la primaria, gran dibujante y tallador de madera y Eduardo, de profesión chapista.

Juventud en la capital.
Cuando tenía once años, dado que sus problemas de visión se habían agudizado, don Juan decide llevar a Buenos Aires a Chicho, intentando remediar las crecientes dificultades. Allí se pone en contacto con una persona que le indica la Escuela Argentina General Belgrano con servicios especiales para no videntes. En esa institución educativa quedará internado Chicho hasta cumplir sus veintiún años.
En esos nueve años, aprende el Braille, un sistema de lectura y escritura táctil, ideado por el francés Louis Braille una centuria antes. Aprende a leer y escribir con dicho sistema, escribe a máquina y además se inclina por la música. La pérdida de la visión lo lleva a agudizar el tacto y sus oídos, lo que le permitió aprender a tocar el piano, ejecutando algunas melodías fáciles.

Regreso a Victorica.
En 1955, Chicho se instala en la casa paterna en Victorica, en uno de los solares de la manzana de su abuelo materno. Trae desde Buenos Aires, además de su amor por la música, la experiencia adquirida para fabricar colchones, cintos y bolsas para los mandados. Con eso se gana la vida y aporta a la olla familiar. Quien le da un gran apoyo es don Jorge Nicolás, el administrador y encargado de la sección tienda del almacén de ramos generales Nicolás Hermanos. Durante varios años sus colchones de lana de buena manufactura, como sus cintos de cuero son vendidos no sólo para las familias victoriquenses sino para la amplia zona rural y otros pueblos vecinos.
Chicho además de sus padres y hermanos tiene otras dos compañías: la radio y un perro. A ellos se sumaron los amigos del barrio que se fueron acercando a conocerlo y tratarlo.
A media cuadra de allí estaba el boliche La Posta, de don Valentín Ramos. En la manzana de enfrente vivían los hermanos Morán, hijos de don Claro. A una o dos cuadras vivían nuestros amigos y compañeros de escuela primaria Laucha Muñóz, Humberto Negro Dasso, todos músicos intuitivos y cantores populares. En ese barrio cercano al hospital y la estación, vivía también Generoso Argentino Muñóz, guitarrero y cantor.

Tiempo musical.
Cuando la licenciada en Musicología Ercilia Moreno Chá recorre el noroeste de La Pampa, entre los años 1973-75, los detecta y les graba. En el lado 1 del disco la pieza 10 es una polca ejecutada por Carlos Morán en una “verdulera” de ocho bajos y lo acompañan las guitarras de su hermano Roberto Morán y de su amigo Julio Cortés, del barrio Los Pisaderos.
Bajo el número 12, Moreno Chá registra una ranchera tocada por Roberto Chicho Sejas en acordeón a piano y acompañado por las guitarras de Morán y Cortés. Del lado 2 el tema 4 es un estilo, quien lo ejecuta es precisamente Chicho. La letra le pertenece, la titula La providencia y está escrita para referirse a la mujer de sus sueños, con mucho amor y ternura. Se acompaña con guitarra: “Vos sos mi cielo adorado/ sos la más brillante estrella/ vos sos la mujer aquella/ en quien confié mi cariño/ con más ternura que un niño”.
En el lado 4 del disco 2, el 5º tema es una milonga de Julio Domínguez El Bardino, titulada Por sobre el rastro. El año 1974, El Bardino instala una peña en Victorica en ocasión de la Fiesta de la Ganadería. Fue con su compañera Nélida Ramos. De noche atendía la peña, pero de día se llegaba hasta La Posta -a solo dos cuadras- donde conoció a Chicho, a Alfredito Gesualdi, Pedro Cabal y otros amigos del cancionero regional pampeano, que comenzaba a tomar cuerpo con la aparición de nuevos intérpretes y creadores.

Guitarra y acordeón.
El que le regaló el acordeón -tipo “verdulera”- fue su hermano mayor, Nicomedes, que trabajaba en el campo “La Elenita”, quien la canjeó por hacienda a don Ricardo Alcaráz, entonces mayordomo de don José Sierra. El hermano se la deja, con una condición; le dice que si a la semana aprende una pieza se la regala: cuando vuelve a visitarlo, “Chicho” le hace escuchar la ranchera “Decí que sí”, la primera que logró.
Sus padres mueren, primero se fue don Juan y diez años después doña Mercedes, así quedó prácticamente solo en su casa paterna. Pero ahora, además de los parientes y amigos tiene de compañía dos instrumentos, el acordeón a piano nuevo que se ha comprado y la guitarra. Quien le hace los trámites es Omar Conchado, otro amigo que supo tener boliche. Omar le sugiere que lo compre porque dan cuotas para pagarlo. Chicho acepta y por el ferrocarril llega lo solicitado a Casa América de Buenos Aires.
Es con esa guitarra que hará su visita diaria a La Posta, donde lo esperan sus amigos y en el que tenía asignado un banco, junto a la ventana que da hacia el naciente. Por las noches, los fines de semana, tenía actuación en el boliche El Diablo Rojo de Lázaro Jofré, que comenzó primero en la antigua casona cerca del barrio La estación y después se trasladó más cerca del centro en el edificio que había sido de la familia Amsé.
En otro momento, comparte en el Bar el Puma, de Agustín de la Nava, quien le cedió solidariamente un lugar en el que se turnaban para atender la clientela. Allí en esos dos lugares lo conoció, trató y se hicieron amigos con Néstor Massolo, quien dejó escritas varias coplas para los personajes de Victorica de aquellos años. Del Coplero de Victorica escrito en 1987, el poema Nº 5 está dedicado a Sejas bajo el título La cordeona de don Chicho: “Rece un responso don Chicho/de corraleras pampeanas/ por la agreste medianoche/ o el medanal de las almas”.
Chicho recordó, en el reportaje que le hice, tiempo antes de cumplir sus ochenta años, a quien lo acompañó durante muchas tardes y noches, al artesano y cantor “Negro” Dasso. También hace mención a problemas por los que le tocó pasar en algunas ocasiones cuando ciertos parroquianos pasados de copas se ponían cargosos. “El que es músico, lo obligan a tomar,” dice, recordando todas las fiestas en el campo y en el pueblo de las que participó amenizando la reunión.

El autor.
Roberto “Chicho” Sejas, tiene muchas coplas y poemas, de su autoría, a varias de las cuales les ha puesto música propia.
“El boliche de la posta/ es el de Don Valentín/ donde hay siempre una sonrisa/ que nos ayuda a vivir”, dice Chicho en su Corralera de La Posta, musicalizada por Alfredo Gesualdi y dedicada al mítico boliche que se había constituido en su segundo hogar.
“Nelo, el Laucha, Julián Pérez/ suelen frecuentar allí/ Don Juan Arias, Chicho, el Negro/ Alfredito y Bartolín”, esos fueron sus amigos del barrio y de las largas tardes y noches de guitarreadas.
Alfredito es Gesualdi, uno de los grandes creadores e intérpretes victoriquenses.
“Le canto a don Valentín/ a Doña Luisa, la tía, / ellos infunden ternura/ nos regalan alegría”. Es doña Luisa Torres, la esposa del bolichero, quien había sido carrero, (de allí sale el nombre, porque en el solar solían parar troperos y carreros), era quien preparaba las empanadas criollas, don Juan Arias había sido tropero, el Laucha Muñoz y Julián habían trabajado de alambradores y de albañiles. A ese grupo hay que agregar también a Pedro Cabal, un joven nacido precisamente en aquella zona del oeste quien comenzó su trayectoria musical junto con Alfredo Gesualdi, integrando “Las Voces del Pueblo”. Con ese dúo, van a lograr una mención especial en Cosquín, el año 1976.
* Educador, investigador.
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