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«No me digas que no»

Durante el aislamiento por la pandemia, subieron las tasas de femicidios y travesticidios en Argentina. La autora analiza ésta y otras problemáticas en su nuevo libro «No me digas que no: Mujeres en riesgo».

Aixa Agustina Tofoni *

En tiempo de pandemia se afirma que quedarse en el hogar es el lugar más seguro. Sin embargo, se invisibiliza que para muchas mujeres y disidencias sexogenéricas puede llegar a ser el sitio más peligroso. De hecho, las violencias hacía las mujeres, lesbianas, travestis, trans y personas no binarias se incrementaron en este período. Lo demuestran las tasas de femicidios y travesticidios que se vieron incrementadas durante el período de aislamiento obligatorio en Argentina, con un número de víctimas que supera las 135 mujeres asesinadas entre marzo y septiembre del 2020, según el Observatorio de las Violencias de Género «Ahora que sí nos ven». Así, mientras los femicidios no se detienen las resistencias feministas tampoco. En torno a esta problemática, la psicóloga, artista y escritora Ana Martín se permite reflexionar en su nuevo libro «No me digas que no. Mujeres en riesgo».
Mediante la puesta en escena de múltiples autores/as, Martín narra las perspectivas falocéntricas que configuran la estructura social y psíquica. De ellas, devienen los asesinatos sistemáticos de mujeres por razones de género. Este libro nos propone indagar en la construcción de nuestros sentidos más naturalizados e invita a seguir haciendo preguntas y búsquedas. Pero hay algo que es determinante: los feminicidios no pueden seguir sucediendo ni nosotras/os quedarnos en el lugar de espectadores.
Ana Martín es Psicóloga y Magíster en Estudios Sociales y Culturales, reconocida por su amplia trayectoria como terapeuta. La versatilidad y talento de Martín han destacado su nombre en la escena artística, específicamente en la pintura y, también, en lo que aquí nos ocupa: la escritura. Ella publica libros y artículos periodísticos desde 1990 en torno a reflexiones sobre las violencias en sus múltiples formas y contextos. Sin embargo, desde hace unos años, abocó sus estudios a la perspectiva de género y se interroga por la violencia hacia las mujeres.
Nos encontramos en su consultorio junto a Susana Berdasco y Alicia Depetris de la editorial «Amerindia» para dialogar en torno al proceso de construcción de su último libro.
Ana reflexionó sobre el significado de la escritura en su vida: «Comencé a escribir como parte de la profesión, nunca pensé que iba a ser escritora. Mi experiencia en el ámbito empezó con trabajos científicos breves para presentar en congresos. Durante el Proceso Militar trabajaba en el Hospital de Niños, y me vi obligada a renunciar por la situación política, tenía muchos amigos desaparecidos. Además, hacía poco que había nacido mi hija».
En ese momento la psicóloga fundó, junto con otros profesionales, un jardín de infantes terapéutico para niños y niñas con autismo. A partir de esa experiencia comenzó a realizar un trabajo de observación que fue premiado con una beca a Estados Unidos. «Una cosa soñada para mi profesión y la época. En aquel entonces, valoraron mucho mi percepción, que estaba atravesada por la maternidad, y crianza de niños pequeños». Esa beca fue un buen anclaje que le dio confianza en la escritura, confiesa la autora.
Luego, en La Pampa, Martín fue directora de Salud Mental durante un año y las frustraciones de esa experiencia también pudieron ser volcadas en los textos. «Siempre la escritura funcionó como herramienta», dice al respecto. Posteriormente, indagó sobre las lecturas que habían influido en su juventud. «Encontré las revistas ‘Para ti’ de los años 50, las reflexiones en torno a lo que consumí en esa época me llevaron a redactar nuevos ensayos», comentó la autora. También escribió sobre su suegra quien fue parte de las Madres de Plaza de Mayo.
«La escritura siempre fue un instrumento, un modo de expresión para enunciar», afirmó. Desde sus lecturas interdisciplinarias, Ana ha podido indagar en posibles soluciones a los problemas que acontecieron a lo largo de su vida. Al investigar sobre el surgimiento de esta obra la escritora expresó: «Tengo muchos años de trabajo, de observar la violencia por condición de género en mi práctica profesional. Si bien no poseo el saber absoluto, la intención de escribir era realizar una cartografía en torno a las violencias que desencadenan los femicidios».
Ana Martín, admite que comenzó a construir el libro a partir de la lectura de otras mujeres. «Leí varias autoras: feministas decoloniales, modernas, contemporáneas. Mujeres que hablan y desarrollan temáticas sensibles, de las que no todos se animan a tocar. Sentía que no podía poner en palabras las violencias patriarcales». De esta manera la autora encontró los disparadores para su escritura. Por ello, las incluyó en los epígrafes de cada apartado del libro. «Yo sentí que más allá de su influencia, estas lecturas me acompañaron en el proceso de producción, me ayudaron en el abordaje que fue coral porque armonizamos, fuimos juntas», agregó.

La intergeneracionalidad.
Ana Martín destaca que la primera lectura de su publicación la realizó su hija, Mercedes Andreotti. «Ella fue mi interlocutora en varias conversaciones donde le manifesté mi interés y le consulté sobre el tema. Sobre todo en los aspectos legales de la violencia de género, que es donde se destaca ya que se desempeña como abogada además de ser una activista feminista», detalló la autora. De esta manera, ambas intercambiaron ideas para generar la versión final del libro. La escritora contó que fue su hija quien le sugirió dos aspectos significativos. Por un lado, el uso de la x en los pronombres para desarrollar una narrativa con lenguaje inclusivo. Por otro, le sugirió el cambio del concepto de «hombre» por «varón», debido a que el primero está anclado en el cuerpo biológico, mientras que el segundo comprende una identidad construida culturalmente.

«No», un acto de insumisión.
La autora declaró que escribe desde el impacto, fue el efecto de las noticias diarias sobre violencias hacia las mujeres lo que la impulsó a concretar su obra. En esa línea, Ana afirma que la cotidianeidad está lacerada por acontecimientos brutales y nadie se escandaliza al respecto. Es por ello que gesta el libro con la intención de contribuir a las voces y acciones de la lucha.
La obra, según explica Martín, «es un homenaje a las mujeres», que intenta no re-victimizarla y para ello apelan al empoderamiento desde la palabra. Ana se reconoce mujer nacida y socializada en otro tiempo, ha tenido que derribar prejuicios y cuestionar los mandatos para permitirse decir. Desde allí, la importancia que la autora le da a la expresión de la palabra.
Para la psicóloga es fundamental poder decir lo que nos pasa. «Expresar ‘que no’ es una posición ética, y ahí el varón dice ‘no me digas que no’. Cuando la mujer se niega o discute, los varones ponen en práctica la violencia física para imponerse», explicó.
Este libro busca generar conciencia sobre la cuestión de la violencia que nos atraviesa como sociedad. Por ello, indaga y cuestiona las concepciones en torno al amor, la pareja y la felicidad, que están arraigadas en nuestro sistema de pensamiento. Ideas del sentido común que repercuten en las conductas y relaciones sociales.
La psicóloga explicó: «Muchos varones se quedaron en la forma tradicional de pensar los roles de género, este pensamiento tan esquemático y rígido los posiciona en una suerte de superioridad ficticia. Las mujeres, en cambio, se despliegan a las nuevas formas de pensamiento social y no se disponen a soportar las conductas violentas antes aceptadas».
En este sentido, Martín se ocupa de analizar a aquellos que ejercen violencia: los varones. Dijo al respecto: «Los varones, aunque parezcan fuertes y poderosos, no pueden concebir su vida lejos de las mujeres». Y agrega, «por eso recurren a la violencia como respuesta. Sin importar que ellos hayan resquebrajado el vínculo. En su imaginario, las mujeres deben permanecer y sostener en silencio la estructura familiar o de pareja. En la separación los varones sienten la pérdida de aquello que consideraban seguro y ante esa desprotección reaccionan con violencia».

Editar en territorio.
Ana describe la editorial que materializó el libro, Amerindia, como «un lugar de afectos entrañables y confianza de amigas». La escritora resalta el vínculo que han construido a través del tiempo y las publicaciones junto con Susana Berdasco y Alicia Depetris, quienes llevaron adelante el proyecto.
El trabajo con la editorial, a pesar de la coyuntura pandémica no se detuvo. «Desde hace tres años que nos volvimos a proponer como editoras, y retomamos con mucha fuerza», explica Berdasco, y cuenta que han editado cuatro libros durante el 2020. «Nosotras jugamos con el nombre de editorial independiente y le damos un significado», añade Depetris. Y explica: «Ediciones Amerindia, con una trayectoria de 20 años, acompaña lo que consideramos ‘un proceso de escritura'». Las editoras hacen hincapié en que el libro de Ana Martín, apunta a «rescatar Derechos Humanos de sectores vulnerabilizados, con una perspectiva territorial», por lo que no dudaron en acompañar la edición e impresión de la obra que definen como «un aporte a la justicia social».

Romper la lógica patriarcal.
A lo largo de las páginas la autora conjuga sus experiencias en consultorio y los saberes específicos de su campo profesional con lecturas feministas, perspectivas antropológicas, semióticas y filosóficas. De este modo, recurre a la historia para desnaturalizar y cuestionar los arquetipos de género: lo femenino reducido a cuerpo biológico, cuya capacidad de gestar obliga a constituirse en madre, mujer como ser inferior, con incapacidad de pensar, mujer despersonificada y cosificada. Sobre estos estereotipos los varones construyeron históricamente las bases de la dominación patriarcal. El objetivo de Ana Martín fue esclarecer el fenómeno de los femicidios. No obstante, a través de la lectura de «No me digas que no» se desenmascara la lógica machista imperante en nuestra sociedad. Este libro es una oportunidad para reflexionar y poner en cuestión nuestras estructuras de pensamiento.

* Estudiante de Comunicación Social – UNLPam