Inicio Caldenia Pegar un grito donde hay silencio

Pegar un grito donde hay silencio

LETRAS – “PALABRAS PARA UN RIO MAS LARGO”, DE HERNAN MARTIN

Desde el Oeste, donde la poesía/canción masculla junto a los ranqueles, los Gesualdi, los Cabal, y su familia, ahora Hernán Martín traza su propio camino literario entre ficciones verdaderas.

Sergio De Matteo *

El libro “Palabras para un río más largo”, del escritor y docente Hernán Martín, de la localidad de Victorica, no es un libro más y no es un libro que se termina en el libro mismo, sino que tiene vinculaciones y bifurcaciones en las redes sociales y con un espectáculo artístico.

Esta obra literaria cuenta con una excelente puesta en escena donde la poesía y la canción vuelven a mancomunarse para decirnos/representarnos a las pampeanas y a los pampeanos.

La palabra, vigorosa en la escritura del autor, se amalgama con otras artes, la música, el video, el recitado teatral, la danza, para contarnos historias, “ficciones verdaderas”, en una clave poética que se anuda a las raíces pero sin perder de perspectiva a lo emergente.

Quizás el libro sea el pretexto, el dispositivo material en donde hace anclaje el verbo, pero que desde el territorio ranquel se manifiesta una mirada estética sobre la vida, una mirada ideológica sobre el mundo. Hernán Martín nos acerca relatos transhistóricos, donde la cotidianidad del pueblo, los personajes, las anécdotas, encuentran a su narrador, como advocaba Walter Benjamín, para que no se olviden y para que los convierta en testimonio.

Además de la autoría del libro “Palabras para un río más largo”, la presentación del mismo consta de un espectáculo integral, donde se concilia, o conjuga, la creatividad de varias ramas del arte…

– Sí. En realidad es un proyecto que tenía hace mucho tiempo. Lo venía reflexionando y, de alguna manera, una vez publicado el libro, pensé en romper el molde de las presentaciones habituales. Así fue que convoqué a algunos y algunas artistas del oeste pampeano. Con mis ideas y la ayuda de todos logramos producir el espectáculo, el cual fue un éxito en Victorica.

Tanto el libro como el espectáculo están estructurados de forma que se destacan tanto a personajes del oeste y como algunos hechos históricos que marcan profundamente a esos pueblos.

– He trabajado tanto en los textos como en la estructuración del libro y del espectáculo. La idea fue poner de manifiesto algunos de esos matices y, en cuanto a la elección de las obras, se pretendía ilustrar y representar el contenido de la obra. A partir de dicha articulación es posible observar que la puesta en escena intenta la ilustración de los géneros que aborda la obra. “Palabras para un río más largo” conlleva en su título, obviamente, la denuncia de la injusticia por nuestros recursos hídricos y, simplemente, es ese mensaje que, de alguna forma, cruza las producciones poéticas, los relatos –sean iniciáticos, de amor, o un poco más regionales– como los demás subgéneros que están presentes en el libro.

¿De qué manera se fueron articulando estos materiales que van a conformar este libro? ¿cómo fue la escritura?, es decir, ¿los fuiste generado por temáticas? porque aparecen muchos personajes de Victorica y, por lo tanto, habría un reconocimiento, una resignación y una valoración de cada uno de ellos…

– La edición de un libro a veces hace que, a quienes nos apasiona la literatura, nos replanteemos qué es lo que tiene que estar en ese libro. Con mis cuarenta años actuales, ya hace más de veinte años que escribo, y no quise que pasara desapercibida aquella poesía iniciática; y después tuve otra etapa de una producción más formal o clásica, como unos sonetos, algunas décimas, algunas octavillas que también quise que estuvieran presentes. Sin duda que la última etapa de escritura es un poco más madura, con la elaboración de algunos relatos y lo que se tituló como “ficciones verdaderas”; donde fui tomando personajes del pueblo –y no tan del pueblo– y ficcionalizándolos, para jugar con esa idea de lo que es verdad, de lo que es mentira, de lo que es ficción, o de lo que es en realidad. Fue algo con lo que empecé a jugar en las redes sociales, en el buen sentido, y se viralizaron bastante, dando el puntapié para que después aparecieran en soporte papel.

Es interesante ese concepto que incluiste en el libro, el de las “ficciones verdaderas”, que, más allá del trabajo estético que se realiza, están arraigadas y tienen un anclaje bien particular en esos personajes o lugares tan emblemáticos de tu pueblo.

– Creo que el pampeano tiene arraigado un sentir tan latinoamericano, con eso del mito, del conjuro, de las creencias. Es una particularidad tan linda para poder crear, que nos da muchos elementos para jugar con nuestros personajes queridos. A veces pensaba, y más cuando surge la posibilidad de ir a otro lugar, sobre esta última parte del libro, el de las “ficciones verdaderas”, con personajes tan del pueblo, ¿qué va a pasar?, y aún más como lector me decía: “quizás tus personajes se replican en los diferentes pueblos y las diferentes ciudades; no te cierres como que son personajes sólo de Victorica”. Considero que existen personajes que son, de alguna manera, universales, los podemos encontrar en cada pueblo, en cada esquina, en cada parte de nuestra querida provincia y en toda la Argentina.

Tal cuál, así lo decía el mismo Tolstói, “describe tu aldea y serás universal”. Lo que estás diciendo se repite y se refracta en cada uno de estos pueblos donde emerge, justamente, esa idiosincrasia que conforma una cultura y una identidad.

– Esa es al menos la idea. Además de lo que ya está en el texto, en la obra publicada, también la puesta en escena le abre otros caminos al libro, lo multiplica, pues en la puesta en escena confluyen lo folclórico, lo clásico, lo mitológico, y se entrecruzan, alumbrando, simbólicamente, otro producto artístico.

Cuando planteabas, casi como una condición sine qua non, que muchos de nuestros precursores pensaron a esta provincia con un ligamiento latinoamericano, con la Patria Grande. Uno piensa en esas tipologías culturales referidas a la tradición que son tan fuertes en Victorica que, podríamos nombrar, entre tantos, a los ranqueles, a Armando Romero Chaves, Alfredo Gesualdi, Pedro Cabal, al “Negro” Dasso, y a su vez a las voces emergentes que están generando con ese pasado un nuevo material, una nueva mirada sobre nuestro Oeste.

– Nuestro arte tiene que ser capaz de fusionar lo nuevo y lo viejo. Considero que en ese rumbo están las búsquedas. He tenido la posibilidad de conocer a Olga Orozco, a nuestro querido Edgar Morisoli, a Bustriazo Ortiz; ellos nos han ido marcando un rumbo. Después, obviamente, tenemos a nuestro poeta mayor, Alfredo Gesualdi, al cual los jóvenes de Victorica y de La Pampa le debemos su influencia y, sumado a todo eso, el recorrido musical, en este caso Pedro Cabal o Mario “El Negro” Dasso, y otros grandes artistas. Por eso es más grande el desafío aún; porque uno, de alguna manera, se estaba metiendo en todo este recorrido de la cultura del Oeste pampeano.

Rodolfo Kusch decía que “la cultura es una cuestión de tripas”. Uno piensa, justamente, en la vertiente cultural que ha ido construyendo los creadores de la provincia, ese entripado simbólico, esa fuerte vinculación entre canción/poesía o poesía/canción, que se reitera con los nombres que citabas de Victorica; incluso vos mismo, además de escribir, también hacés música.

– Mi familia, particularmente, es una familia muy ligada al folclore. La abuela Angeles Piorno de Martín fue de las primeras guitarristas del Oeste pampeano; una mujer de avanzada, que estudiaba guitarra por carta; después integró el grupo folclórico “Pampa y Cielo”. Mi padre, Daniel Martín, fue recitador reconocido en toda La Pampa, y participó en diversas oportunidades en el escenario mayor de Cosquín. No puedo negar cierta vinculación directa con el canto. En lo que se refiere más a la poesía, alguna vez hablando con el profesor Daniel Pellegrino, en el Encuentro de las Letras Pampeanas que se hizo en Guatraché, en la casa de nuestro querido Guillermo Herzel, en algún momento Pellegrino resaltaba la vinculación que sentía entre mi poesía con la música. Creo que esa percepción que me decía en aquel momento, de alguna manera, se comprueba y se complementa en este espectáculo que estamos presentando con el libro.

El planteo que te hacía Pellegrino es lo que se fue construyendo desde hace muchos años y que ha dado a la provincia, dentro de ese concierto representativo de bienes culturales, nuestro invalorable “Cancionero de los Ríos”.

– Exacto. El “Cancionero de los Ríos” es una obra que ha marcado un antes y un después en nuestra cultura pampeana. En los últimos años, con toda esta problemática del río, impulsado políticamente, la literatura no es neutral; nosotros tenemos la obligación, muchas veces, de marcar un camino y de pegar un grito donde hay silencio. Por eso también está la inclusión de la problemática hídrica dentro de la obra.

Sería interesante también tratar de entender a través de tu libro la mirada que tiene un creador desde estos lugares fundacionales que han ido conformando una cultura y desde donde se va armando una biblioteca que nos representa y nos refiere identitariamente. Este entrecruzamiento que ocurre, justamente, en nuestra provincia entre lo que son nuestros pueblos originarios, después los criollos y los inmigrantes, que fueron sumando cada uno sus particularidades. ¿Cómo resolvés todo este bagaje cultural para crear lo tuyo?

– En realidad todo es muy ecléctico; no sé si es la palabra exacta; pero Victorica es el primer pueblo de La Pampa, en donde hay arraigada una cuestión autoritaria y militar muy fuerte, por un lado, y mientras que por el otro se halla la reivindicación de la sangre del pueblo ranquel. También está esa paradoja y contradicción vigente, porque se da también en los tiempos modernos, donde Victorica es escenario del nacimiento de uno de los represores más feroces de lo que fue el golpe cívico-militar del ‘76; asimismo es la cuna de nuestro querido desaparecido Oscar Di Dio. A veces siento que toda esa dicotomía nos da varios elementos para crear. Obvio que la escritura es un trabajo, también, pero a su vez es, de alguna manera, inspiración; es sentir ese calor en la sangre, y sumado a eso, vienen otras reivindicaciones sociales que también cruzan la obra, como el papel de la mujer, del feminismo, de la igualdad de derechos.

Ficciones verdaderas XV.

Todo fin suele generar un doble sentimiento, uno ligado al desprendimiento, a la ausencia, al impasse emocional; a la zozobra. Pero esa misma tristeza, también en ocasiones es motivo de búsquedas y más búsquedas. Lo nuevo como producto de la pérdida, del cambio.

De esta manera, tal cual, y con la próxima hoja en blanco terminarán estas ficciones: palabras brotadas tanto de la pura observación, como de la introspección imaginaria en los personajes. Se irá con ellas también un narrador que festeja eternamente no hallarse en una dimensión más cuerda e insensible del mundo.

Desde hace ya décadas, la realidad de nuestro territorio, ha encontrado al absoluto dueño de la palabra; El Poeta del Pueblo. El ha podido sentir como oráculo y profeta, a un mismo tiempo, el devenir. Hay en este terruño afincado para siempre un poeta que derramó su tinta en “La Posta” y es el mismo que se agazapa exhalando dolor, pidiendo memoria y justicia en nuestra Plaza.

Alfredo! Alfredito! Brota una vez más tu copla por todos los rincones. Tus letras nos apuran el paso, lo sé, nos obligan e increpan. Me atrevo y te miro con reverencia! Luego pienso el porqué de esta ficción y son tus mismas letras, en otro orden, quienes lo responden:

Parado en el anden,

esperanzado;

huesolito en Bustriazo,

piquillinoso,

diría tu Bardino.

Memorioso en tu pueblo.

Tus horas desiguales,

soportan esperas,

nace una sangre Ranquel,

empedernida.

Sos furia de malones poeta.

Y hermano menor del tiempo.

La Julia bailotea…

Tu lucecita

despierta la canción.

Otra esperanza

viene y sobreviene a prisa.

Sos calandria con voz.

Hay en Alfredo una eterna juventud, la ilusión constante como un todo, aún en la opresión, aún sobre el espanto. Podrán pedirle a él escepticismo pero no en la sangre nueva, no a su herencia, que son todos. Alfredito de tanto en tanto deja su piel de poeta y se mezcla en la maraña de los días; es ahí quizás más niño, más frágil. Es la misma ternura que describen sus canciones, y necesita dar y recibir apretujones. Cuando extiende su brazo estira el omóplato hasta más no poder, sonriendo con pocas palabras de por medio. Es abrazable nuevamente hasta que le entra un orgullo vaya a saber si tano: y no dice te quiero, solo dice gracias; no dice te amo solo canta. Y se sienta nuevamente, toma su pava y sigue la ronda algo desordenada hacia la derecha. Le dicen “gracias” e insiste sin importarle, como para que no termine la función…

Alfredo ama de forma insuperable su tierra y su gente. Sus convicciones son fuertes porque fuerte fue el pasado. A la confrontación la pelea ensanchando su pecho o revoleándole un “tonazo”. Luego vuelve a su piel de poeta melodioso. Se “ampara” en su raza profunda, levanta su copa, mueve su cabeza en círculos al hablar, se pone de pie y grita: Viva la canción!

* Colaborador