Poemas llanos

LAS BEBES CLANDESTINAS (POEMAS COTIDIANOS) 2015-2017

En el campo de la ficción, Ana María Lassalle ha publicado tres libros de poesía: La Pampa y yo (1959), Tiempo de andar (1964), Prepárate a derrotar al viento (2015). Hace unos días se presentó su última obra.
Daniel Pellegrino – Jorge Warley
También, en coautoría junto a Julio Colombato, Ana María Lassalle pone su nombre a la recopilación de artículos y un relato titulado No te olvides de Serafín. Aportes metodológicos para el diseño de una Historia Regional, mediante la recuperación de la memoria colectiva (1992). Ahora vuelve a publicar, con sello de la editorial Voces, “Las bebés clandestinas (Poemas cotidianos) 2015-2017 (Santa Rosa: Voces, 2018; 99 páginas)”.
Este nuevo libro ofrece la reunión de unos veinte poemas breves antecedidos por prolijas portadillas en las que se cruza la mixtura de cierta esquemática figuración art nouveau con el más próximo fileteado porteño como si se buscara teñir el conjunto con el aire de la nostalgia. El lector se sentirá inevitablemente como quien recorre un álbum de fotos viejas pero familiares.
Se trata de poesía libre, coloquial, de aquel estilo conversacional que se hizo tan persistente en la Argentina de los sesenta. Aquí esa lengua se empeña en deslizar apretadamente un conjunto de memorias que rozan lo autobiográfico. Pequeñas escenas de la vida diaria que recogen la descripción de un lagarto ovejero, de una liebre empolvada, la disposición de una silla junto a la ventana, pañales, chupetes, Victorica, Santa Rosa, y, de pronto, el salto que anuda esa inmediatez casi aburrida de tan cotidiana con las vaivenes más dramáticos de la Argentina de la represión, la expulsión, el hostigamiento de los cuerpos y las conciencias.
El coloquialismo y el discurso llano son tan cercanos al estilo de la poeta que la incita a declarar que “a mí me gusta contar cuentos. Especialmente a mis hijos y nietos. Aun cuando escribía historia regional, en ámbito universitario, aunque la investigación previa fuera minuciosa, me esforcé por comunicarla de modo tal que interesara a todos y no solo a los académicos. Pienso lo mismo de la poesía. En Las bebés… fue una decisión tomada”.
Infancia venturosa.
En el poemario se expresan dos espacios dedicados a la infancia, o más bien al tiempo de la “inocencia”. Sin embargo difieren en sus geografías y tiempos míticos. Uno de ellos es abierto, lejano y persistente, algo que el poema “Pequeña nadadora del aire” condensa muy bien: “En ese tiempo/ un halo protector aparecía de pronto/ me alzaba con cuidado a dos pies de la tierra/ y entonces yo nadaba (…) arriba resonaban/ los alaridos escalofriantes de los teros/ inmóviles/ vigilaban mi vuelo lagartos ovejeros/ (que huelen por la lengua si se acerca una niña)/ había cuises, mulitas, comadrejas/ y liebres empolvadas/ dirigiéndose/ al té de Alicia en el País de las Maravillas”. Es la vida y el entorno unidos sin trabas ni pasiones extremas.
El desliz y la mención del libro del inglés Lewis Carroll no es solo una lectura de época sino una señal más que afirma el estilo simple muy cercano al relato. Hay otros personajes y libros hilvanados en los poemas, siempre en el orden de las aventuras literarias firmadas por autores como Salgari, Verne, Swift. La propia Lassalle recuerda que fueron textos “que me acompañaron durante la infancia y adolescencia junto a cientos y cientos de otros que podía leer no solo en casa sino también en las bibliotecas fundadas en nuestras poblaciones, como Guatraché y Victorica”.
También en este espacio de aventuras y a veces decorado con el aguerrido monte pampeano se abre un claro a la evocación de personajes que -en el clima de los libros de aventuras- parecen de leyenda, tales los casos de “El gran viento del sur se llevó a Dina” o “Faros en la noche” dedicado a un fotógrafo de la RAF (Real Fuerza Aérea británica) que terminó sus días en Victorica.
El otro espacio importante de la infancia se coloca en la perspectiva del retrato de “hijos y nietos”. Ahora la descripción poética se teje con la trama de lo urbano contemporáneo, donde un patio -por ejemplo- se trastorna con los ojos inquietos y la media lengua de los nuevos niños. Aparecen interlocutores como el de “Lisa y el universo”: “Cuando hablamos/ ella se expresa en neutro/ de dibujo animado/ también en argentino/ idioma de bebé/ y, por supuesto/ melodioso pampeano salpicado/ de haches aspiradas y susurrantes zetas”. A veces hay partes del poemario, como en este caso, en que la literatura parece transformarse en un asunto privado del lenguaje.

Clandestinidad.
El título del libro remite al poema “Las bebés clandestinas iluminan la plaza” en que otra vez aparecen unas niñas pero aquí el contexto es el de la última dictadura cívico-militar argentina, “En los años de plomo/ las bebés clandestinas se veían/ a lo sumo/ tres veces en un año” y esa evocación pone un punto de luz, un mínimo rescate capaz de “ahuyentar el espanto”. Por el mismo rumbo marcha el poema “Noticia de Lucía”, pero ahora el contrapunto es el presente político (al pie del poema se lee “Antes del ballotage 2015”) que connota ciertos presagios respecto a que el mundo retrocede hacia aquel pasado de la clandestinidad.Pese a ello la voz poética se esfuerza en hablar de vuelos de pájaros que vaticinan a su vez un futuro con gusto a esperanza, también de otra época, de una vieja nostalgia: “Pero sí les confirmo: / no podrán reprimir la primavera”.

Periodismo y literatura
Además de escribir relatos y poemas, de realizar tareas de investigación sobre la historia regional, Ana M. Lassalle fue periodista en los años sesenta “durante el gobierno de facto, aquí estaba (contraalmirante Elvio N.) Guozden como gobernador”, recuerda. “La experiencia fue enriquecedora, La Arena era un diario muy batallador y a su frente estaba don Raúl a quien admiré y quise muchísimo. Un militante de las causas populares inclaudicable, lleno de anécdotas y de amigos de su generación que me hicieron valorar las fuentes orales y descubrir ciertos ‘mitos fundacionales’ que sostienen y alimentan nuestra identidad: el cooperativismo y sus luchas con la Sudam, por ejemplo. Julio A. Colombato además me ayudaba entonces con algunas campañas importantes, como la crítica a los grandes latifundios, los ridículos errores del mapa de La Pampa de entonces, etcétera. Y llevé adelante algunos números especiales que, en mi opinión contaron con colaboradores extraordinarios. Tengo mil relatos sobre este muy, muy breve período”.
Fue además la única mujer del primer Grupo Joven poesía de La Pampa que a mediados de los cincuenta se formó por una iniciativa de la Dirección de Cultura de la provincia, a cargo de Juan R. Nervi, con el apoyo de la docente Rosa Blanca de Morán. La mayoría de los participantes de ese encuentro se veían las caras por primera vez. Ana Lassalle venía de Guatraché, otros desde Castex, General Pico, o La Adela. Ella misma reconoce la importancia del encuentro grupal como “un eslabón más en la larga historia de la literatura pampeana que, en mi convicción, nace de las pictografías, los enterratorios, la oralidad indígena, la cosmogonía antigua, las voces que trae el viento. Y las generaciones y agrupaciones de escritores cuya tradición de lucha continuamos a través de sucesivas organizaciones hasta llegar a la APE (Asociación Pampeana de Escritorxs) y lo que sigue…”.
* Docentes de Letras, UNLPam