Prueba que no deja dudas

HISTORIA, A CIEN AÑOS DEL PRIMER DESVIO DEL ATUEL

Mencionar los bañados “impenetrables” del Atuel en la descripción de un mapa realizado en 1882, es muchas cosas pero sobre todo, una confirmación más de lo que se defiende al decir ríos pampeanos. En este artículo, el autor desentraña los apuntes de los agrimensores que lo dibujaron.
Wálter Cazenave – Hay en la historia pampeana -y también en la nacional- un hecho que ha merecido no demasiada atención, pese a que sus características lo acercan a la epopeya. Nos referimos a la tarea de los agrimensores que debieron mensurar y ordenar el aspecto catastral de los territorios arrebatados al indio.
Finalizada la llamada ocupación militar del desierto, quienes la habían financiado comprando título sobre las “tierras a conquistar” pasaron a reclamar los derechos que les daban aquellos documentos. Era una superficie tan grande como varios países europeos juntos y, obviamente, se imponía mensurarla a nivel científico para dar a cada cuál lo que había comprado, a menudo haciendo pingües negocios ya que se trataba de tierra de mucho valor potencial, tanto agrícola como ganadero. Demás está decir que algunas de las grandes fortunas que campean hoy en el país tuvieron ese origen.
Los agrimensores encargados de esa tarea, junto con el enorme trabajo de transitar desiertos e irlos mensurando, lo que en algunos casos les llevó años, tuvieron un pequeño gran privilegio: ver el paisaje y sus componentes en su estado original y documentarlo en sus componentes -físico especialmente- sin que quedara duda alguna en cuanto a sus características. Aquel tránsito y registro es admirable, dada la época y los medios con que se contaba, y podría decirse que no ha lo han aprovechado demasiado ni la ciencia ni el arte.

Cartografía formidable.
En lo que hace a La Pampa la tarea puede comprobarse en los llamados “libros azules”, verdaderas libretas de campo en las que consta la mensura y características de cada lote (10.000 has), unificados posteriormente en Fracciones de 250 mil y secciones de un millón de hectáreas. Los planos evidencian cartografía con arte y ciencia.
En este año, cuando se cumple un siglo del primer desvío del río Atuel en territorio mendocino, la Fundación Chadileuvú ha rescatado de los archivos provinciales uno de aquellos admirables planos, precisamente el que corresponde la secciones catastrales XVIII y XIX, sobre las que se desenvolvía la hidrografía original de los ríos Chadileuvú y su afluente Atuel. La adaptación y reproducción sobre el original de aquel trabajo fueron realizadas por el dibujantes cartográfico Armando Cappello y el firmante de esta nota.
Se trata de una cartografía formidable en su elocuencia respecto a los recursos hídricos. Según el título, es copia de la “Hidrografía de los ríos Atuel y Salado-Chadileuvú entre el paralelo 36º Sur y la última confluencia. Según los planos de lotes levantados por los agrimensores Benjamín Domínguez, Juan M. Cagnoni, Antonio J. Carvalho y Rómulo Otamendi, mensura original, años 1882, 1884 y 1885”.
Los ríos con entidad propia que aparecen en el mapa, parcialmente ya que se pierden y disimulan en los bañados, son el Salado, al norte, llamado Chadileuvú y Pichi Leuvú más al sur y Atuel, también indicado como Atuel Leuvú, ya cercana su última confluencia con el colector, en cercanías de Limay Mahuida, muy adentro del territorio pampeano. El Atuel aparece multiplicado en bañados y cañadones. Cerca de su confluencia final aparece el breve arroyo Tragalltué, emisario del último de los grandes bañados.

“Bañados impenetrables”.
Aunque su demarcación norte es el paralelo de 36 grados, actual límite con la provincia de Mendoza, en el trabajo se aprecia en forma elocuente la entidad del humedal que formaban ambos ríos en pleno desierto y que se extendía también sobre el sur de la provincia cuyana, conformando un corredor de más de 150 de largo por un ancho variable, pero que en su parte más amplia alcanza los 30 km. Una indicación que acompaña el corredor de brazos del río que entran a La Pampa resulta por demás elocuente: “Bañados impenetrables del Atuel”, dice; cuesta conciliar aquella indicación con el actual paisaje absolutamente desértico después de un siglo sin agua. Más al sur se destacan los “Bajos y cañadones del Río Atuel” (sic). Solamente algunas islas medanosas, pobladas de bosque, emergen de los grandes bañados, mientras que se destacan varios cuerpos lagunares, algunos de ellos de varios km. de longitud.
Sobre esto, resulta admirable (por lo dificultoso que debe haber sido el relevamiento) el complejo sistema de lagunas -más de veinte-, que se da en el lote 13 de la Fracción A, Sección XVIII; todas interconectadas por brazos o bañados.
El prolijo trabajo de los agrimensores señala también algunos cañadones -posiblemente cauces disimulados en el humedal- y las mahuidas que controlan la traza del Chadileuvú en el tramo final del mapa, ya emergido de los bañados; las indicadas son Limen Mahuida, Currú Mahuida, Pichi Mahuida, Pichi Choique Mahuida y Carapacha. Dentro del Gran Salitral, donde desemboca el arroyo Potrol, Palau Mahuida , y algo más al norte un insólito -por el nombre- Cerro White.

Nombres y referencias.
En lo que hace a toponimia, cabe destacar que el mapa consigna algunos de los que deben ser de los más antiguos nombres cristianos en nuestro territorio, tales como Corral de Isla, Los Jumecitos, el famoso Puente de Tierra, China Muerta y Paso de los Algarrobos, mencionado también con su nombre en idioma mapuche: Vuta Nila Hue. Aparecen como puntos relevantes Vuta Lo (sic) Truvú Leuvú, topónimo que evidencia la confluencia del Atuel con el Salado) y Lonco Che.
Los aspectos humanos propiamente dichos afloran en una serie de detalles muy llamativos, cuales son los caminos indios -rastrilladas- que orillaban o cruzaban el área, especialmente el que llevaba a Poitahué. La entidad fluvial y limnológica del humedal a la que hacíamos referencia más arriba aparece refrendada también en los escasos sitios de cruce en una longitud de casi 200 km.: el ya citado Paso de los Algarrobos y el de Meucó. Ya con el Chadileuvú como curso único, cerca del paraje China Muerta, aparece el paso de Tragaltué, que en mapas muy antiguos está señalado como “por donde entran los indios a las Pampas”.

Es de presumir que, con semejantes volúmenes de agua, abundarían los pastos y también algunas especies animales, por lo que la radicación humana no extraña; en tal sentido el mapa consigna junto al Chadileuvú a los toldos de Cumilao y de Baigorria, estos últimos un tanto inexplicables dado que ese cristiano que había vivido entre los indios (y en otro lugar, principalmente), a la fecha del relevamiento ya había muerto.

Mapa dinámico.
En las líneas anteriores, que no implican un análisis integral de la pieza cartográfica, pone en evidencia el enorme valor del mapa como documento, irrefutable en cualquier controversia -jurídica, geográfica o política- acerca de la presencia de los ríos en La Pampa antes de la alteración antrópica.
Finalmente cabe señalar que actualmente la Fundación Chadileuvú, como lo hiciera en trabajos anteriores, está preparando un mapa dinámico basado en el que aquí se comenta, con fines didácticos en general, que individualiza perfectamente cada uno de los elementos principales que integran el plano, especialmente los que hacen a la hidrografía. También aparecen en el mismo la orografía, las áreas medanosas y la evidencia de los caminos que debían seguir rutas costeras dada la escasez de cruces medianamente fiables en semejantes volúmenes de agua que escurrían por el Salado-Chadileuvú en esa época, equiparables hoy a una vez y media el promedio del río Colorado. El mapa, una vez completado, será dado a conocer y entregado al área educacional.

Hace más de un siglo
“A mediados de este año, según ha rememorado la Fundación Chadileuvú, se cumplirán 100 años del primer desvío del Atuel en tierras mendocinas. Aquella obra -que corrió por cuenta de particulares que sentaron un antecedente- desvió lo que era el brazo principal del río y alteró el complicado sistema de anastomosis fluvial que existía entre el sur mendocino y noreste y centro pampeano. Una respuesta indubitable al largo conflicto posterior lo constituye este mapa, rescatado por la Fuchad de los archivos provinciales.
“En este mapa, los agrimensores encargados de mensurar al recién creado territorio, dan cuenta de la hidrografía todavía no alterada que enriquecía La Pampa, perdida después por mezquindades mendocinas e indiferencia nacional.
“El mapa, levantado hace más de 130 años, es elocuente e indubitable al respecto.

La palabra oficial
“(…) de acuerdo a las informaciones recogidas por el suscrito que entre varios vecinos -cuyos nombres no son de interés para el fin que se persigue- desviaron el curso del río en esa época para favorecer a uno de ellos que poseía tierras en la Gobernación de La Pampa y consiguieron así perjudicar a otro vecino cuya ideología no concordaba con la de ellos.
El resultado de la obra fue que el río se desvió hacia el Oeste encauzándose totalmente hacia el arroyo de las Bardas y poniendo en seco a toda esa región.
(Tomado del informe del ingeniero Carlos Alberto Dillon, 1941; Expte. 1744 y agregados, Pp. 4 y ss. obrante en Fuchad)

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