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Puesteros del Colorado

Mediante imágenes recuperadas del Centro de documentación Biblioteca Técnica del Ente Provincial del Río Colorado, se describen en este artículo las características de algunos «puestos» de crianceros que desaparecieron bajo el lago de Casa de Piedra.
Gladys Pellizari *
Consideramos muy acertada la decisión de las autoridades del Ente Provincial del Río Colorado, de poner nuevamente a disposición de docentes, alumnos e investigadores el «Centro de Documentación y Biblioteca Técnica». Se trata de un espacio del conocimiento que permaneció cerrado durante varios años y que ahora vuelve a funcionar. Con la colaboración de Elena González -responsable de la biblioteca- pudimos recuperar un documento fotográfico de gran valor, que nos permite conocer las características de las viviendas y el espacio peridoméstico de algunos puestos ubicados en tierras fiscales, a orillas del río Colorado, en lo que se conocía desde antiguo como Paraje Casa de Piedra.
Se trata de un trabajo de campo realizado en el año 1971 y cuyo autor desconocemos. Todos los puestos visitados entonces quedaron bajo el agua cuando se fue llenando el lago de la represa, que cubre 36.000 hectáreas, con una longitud de 24 kilómetros medidos sobre la traza del río.
Las viviendas tenían muro de adobe crudo, revocadas con barro, piso de tierra y techo de chapas de zinc. Sólo un poblador la había edificado según el denominado «sistema chorizo», que consiste en manojos cilíndricos de pichana y barro que se colocaban cabalgados sobre alambres. El techo era de ramas de jarilla y paja. Las ventanas de madera eran pequeñas, sin vidrio. Utilizaban los materiales que les ofrecía la naturaleza circundante. Todos se proveían de agua del río, porque la que podían obtener en la planicie era amarga y el ganado no la tomaba.

Costumbres.
La principal fuente de alimentos era la caza de fauna silvestre, compuesta por maras o liebre patagónica, liebre europea, piches, peludos, avestruces y martinetas. Los chivos, adaptados a los campos áridos, se criaban para la venta.
El aislamiento al que estaban expuestos los puesteros los obligaba a calmar las dolencias con hierbas del campo. Conocían el valor medicinal de estas, a través de la transmisión por herencia familiar. De este modo, utilizaban la infusión de tomillo para trastornos digestivos; también se lo usaba como condimento; la jarilla era útil como desinfectante para heridas; el té de carqueja para la tos; el té pampa como digestivo y las hojitas de mata negra se utilizaban para aliviar el dolor de muelas.

Don Crispín.
Uno de los pobladores que debió trasladar su Puesto al construirse la represa fue Crispín Giles. Había nacido el 21 de julio de 1905. Toda su vida transcurrió en la costa pampeana del río Colorado, en Casa de Piedra. Allí se dedicó a la cría de cabras, vacas y yeguarizos. Solía cazar gato montés y zorros para vender las pieles en General Roca (Río Negro), distante 80 km. del puesto.
Crispín era muy sociable y para un puestero como él, acostumbrado a los silencios y soledades, la llegada de algún forastero se presentaba como la oportunidad de crear espacios de comunicación.
También fue artesano del cuero, fabricaba lazos, maneas, boleadoras, bozales y riendas. Su vivienda, ubicada en una rinconada, comprendía varias habitaciones de adobe crudo y una cocina de quinchado construida con varillas de jarilla. En el patio, se alzaban grandes ejemplares de tamarisco y álamos que brindaban sombra protectora. Tenía un bote de madera a remos para cruzar hacia la costa rionegrina, ya que en ese entonces había una comunicación mucho más fluida con General Roca, en Río Negro.
Crispín se resistía a abandonar el puesto y solo se fue cuando el agua cubrió el patio. En ese momento, fue reubicado en un lugar aguas abajo de la presa, pero nunca logró superar el desarraigo.
* Profesora de Historia