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Recordar juntos

Inmigrantes italianos y sus descendientes en La Pampa y, en Santa Rosa en particular, consolidan a través de varias instituciones un proceso reidentitario en el país. Una de ellas fue el Club Italiano.
Andrea Marina D’Atri *
«Un espacio italiano en las pampas. Historias y memorias del Club Italiano de Santa Rosa» es una nueva publicación de la colección Libros de interés sociocomunitario de la Editorial de la Universidad Nacional de La Pampa (Kuz, 2019). Editado por Carlos Kuz, docente e investigador de Antropología de la UNLPam, el libro se propone «aportar al proceso de construcción de la memoria social santarroseña, mediante la recopilación de testimonios orales y documentos relativos a las diversas actividades» efectuadas por el Club Italiano. El libro contiene en sus 150 páginas, artículos de cuatro investigadoras del área de historia de la UNLPam y entrevistas a integrantes del Club Italiano. Asimismo, un compendio de fotografías, ilustran momentos diversos de la entidad.
El editor destaca que la propuesta fue realizar un abordaje como «marco social de la memoria» (Hallbwachs, 1925), a través del cual se recuerda «juntos» mediante rememoraciones y relatos. En ese recordar juntos, se conforma el sentido social de la memoria, para decirnos «quienes somos» y «porqué somos lo que somos», parafraseando a Umberto Eco (2002).

Poblamiento.
Como obra colectiva, el libro cuenta con tres investigaciones. La primera, autoría de Mariana Annecchini, se titula «Los inmigrantes italianos: consideraciones desde su arribo a la Argentina y al Territorio Nacional de La Pampa». En el apartado, la investigadora describe el proceso de inmigración europea en la Argentina, referida no sólo a los italianos, ocurrida desde fines del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. «Entre 1881 y 1914 arribaron más de cuatro millones de personas, los italianos constituyeron alrededor de 2 millones, los españoles más de 1 millón, los franceses aproximadamente 170 mil y los rusos 160 mil», se expresa (página 18).
Annecchini evalúa las regiones italianas de procedencia de esta masa inmigratoria llegada a Argentina: «a modo de balance, podemos decir que entre 1876 y 1925 las cinco regiones más representativas de la inmigración italiana en Argentina fueron Piamonte, Calabria, Sicilia, Lombardía y Las Marcas. Durante ese período partieron de Italia hacia la Argentina, 2.174.369 personas. Entre 1926 y 1960 las regiones del sur ganaron lugar en detrimento de las septentrionales, caracterizando a esta etapa por una inmigración exclusivamente meridional…» (p. 22).
El artículo de la autora se refiere después a la inmigración en el entonces Territorio Nacional Pampa Central. Menciona el primer censo de población de los territorios de 1912: «La Pampa fue uno de los espacios con mayor expansión demográfica, alcanzando los 80 mil habitantes. Los extranjeros representaron aproximadamente el 40 por ciento del total de la población. (…) Para el tercer Censo Nacional de 1914 ya habían superado los 100 mil y los grupos de inmigrantes más numeroso fueron españoles e italianos» (p. 24 y 25).
En cuanto a los motivos de ese auge poblacional, «estuvo incentivado por la expansión agrícola, la creación de colonias y la fundación de nuevos pueblos en Este pampeano» a partir de la expansión de las líneas férreas en el área de mayor productividad (página 26).
Finalmente, la autora efectúa un análisis demográfico sobre los italianos llegados a Santa Rosa desde el momento de su fundación, en 1892, dando cuenta también de cantidad de italianos, regiones de procedencia y las principales actividades económicas en las que se insertaron, resaltando sobre todo «el papel que les cupo en el surgimiento y desarrollo de instituciones de la vida política, cultural y social» (p. 34) y, en particular, en el desarrollo del mutualismo territoriano.

El espacio propio.
La docente e investigadora de la UNLPam, Silvia Crochetti, de vinculación directa con el Club Italiano ya que preside actualmente la institución, es autora del capítulo 2 del libro que reseñamos.
En «Los italianos en Santa Rosa, y la construcción de un espacio propio», Crochetti describe los antecedentes del Club Italiano de Santa Rosa. El 25 de diciembre de 1894, es decir dos años después de que Tomás Mason fundara Santa Rosa, se constituye la Societá Italiana de Mutuo Socorro Patria e Lavoro. Acerca de la institución, expresa Crochetti: «Los italianos luchaban por consolidar un espacio social, por ello el mismo día de la fundación se realizó la colocación de la piedra fundamental para la construcción de su edificio. Esta situación fue relatada por Enriqueta Schmidt en la charla que presentó en los festejos del 50º aniversario de la ciudad y que tituló ‘Primeros pasos de Santa Rosa 1892-1942′» (p. 39).
El objetivo del «socorro» o ayuda mutua era intrínseco a la comunidad italiana y se manifestaba a través de los lazos de sus instituciones, tanto dentro como fuera de Santa Rosa: «la comunicación con entidades, dentro de los límites de la colectividad se dan con frecuencia, especialmente con Buenos Aires con los que los vínculos más asiduos están en relación con la incidencia social del Hospital Italiano y con los editores de periódicos.» (p. 41). Sin embargo, la función de asistencia social y económica excede a los italianos o sus descendientes y se extiende a quienes no son socios.
Crocchetti habla de «lazos de unión» y «rasgos de sociabilidad» dentro y desde la colectividad. En su artículo describe actividades realizadas con el correr de los años, la construcción del edificio propio «con mano de obra gratuita de los asociados» (p. 45), la fundación en 1967 de la Asociación Círculo Italiano de Santa Rosa y cómo, paulatinamente y con el desarrollo del sindicalismo y la atención de este a los trabajadores, la institución cambia su papel central del mutualismo, a otro que exalta más el sentido identitario del colectivo italiano.
La autora se vale de entrevistas a Analía Molteni, Ambra Pozzi, Sara Scudella y Juan Pellizari para su análisis.

Socialidad.
El tercer capítulo del libro, de Marisa A. Moroni y Paula Inés Laguarda, se titula «Actividades culturales, festejos institucionales y celebraciones familiares» y precede a las entrevistas y fotografías que completan la publicación.
Las dos investigadoras de la Facultad de Ciencias Humanas sitúan su análisis en el «fervor asociativo» de actividades sociales y culturales que se «multiplicaban y movilizaban a distintos sectores de la sociedad» en nuestro país desde fines del siglo XIX, alejado de reivindicaciones de clase social. En este sentido, «el caso pampeano no fue una excepción», y por eso las principales actividades de la Societá Italiana Patria E Lavoro de Santa Rosa fue «la atención de las necesidades materiales de sus miembros y de sus familias, especialmente la cobertura médica y funeraria» (p. 54).
Moroni y Laguarda se proponen recuperar las variadas manifestaciones culturales que organizaron los inmigrantes italianos en Santa Rosa, para lo cual recurren a los testimonios de integrantes y descendientes de la «Societá», así como al análisis de fuentes documentales de actas, estatutos y otros registros de la institución. En primer lugar, analizan cómo a través de publicaciones de noticias que llegaban desde Italia, se hacían tertulias de lecturas en la sede social, y cómo el encuentro se trasladaba al «espacio público» en función de celebraciones de ciertas fechas, en particular la tradicional del 20 de septiembre.
«Las manifestaciones públicas como los desfiles con banderas y las imágenes de Mazzini o la escultura de Garibaldi en el edificio social, visibilizaban las señas de identidad de los italianos que recordaban acontecimientos relevantes del país de origen», dicen Moroni y Laguarda, y agregan en el mismo espacio: En las actas de Patria e Lavoro se reiteraban las declaraciones sobre el carácter apolítico y la prohibición de ideologizar las deliberaciones, sin embargo, la orientación política e ideológica de sus miembros estaba presente en las discusiones referidas a la ‘gesta nacionalista de la unificación’ y a la inquebrantable decisión de mantener el carácter laico de la entidad (p. 57).
Este capítulo resalta dos obras importantes emprendidas por el Club Italiano: por un lado, la construcción de un panteón de homenaje a los inmigrantes italianos fallecidos, en el Cementerio de Santa Rosa, «una práctica habitual para la mayoría de las asociaciones étnicas italianas en este momento», destinado, según Gabriel Ferro (2003) a «exhibir el poder simbólico de su historia y civilización frente a una nación en formación» (p. 59). Por otro lado, la construcción del Cine Marconi significó un hito en la historia de la colectividad italiana. El relato en este apartado de uno de los entrevistados para el libro, Zoilo D’Adam, ex secretario de la entidad, es revelador de cómo la utilización de la sala reflejaba las diferencias sociales, ya que los hijos de profesionales liberales se sentaban en las butacas de abajo, en tanto los de la villa o los de El Salitral (barriada situada detrás de la laguna Don Tomás), iban al «gallinero», ubicado en la parte superior y con sillas de madera y no tapizadas.

Los relatos.
Algunos de los nombres de las personas entrevistadas en este libro fueron mencionadas. Además de ellos, también ofrecieron sus relatos Silvio Di Zitti; Omar Osvaldo Viscella, Delia Vidale, Paulina del Poppolo de Pastorutti. Las entrevistas fueron realizadas por Cristian Guíñez, Lisandro Moreno, León Gamba, Pablo Gette y Marisa Moroni.
«Los testimonios orales que obtuvimos provienen de distintas personas que estuvieron o aún están fuertemente ligadas a los proyectos y las actividades encarados por el Club Italiano», expresa Carlos Kuz, para agregar que las palabras de los entrevistados, así como los diversos documentos a los que accedieron, les proporcionaron «múltiples entradas a los acontecimientos, personas, lugares, valores y sentidos morales, estéticos y políticos que intervienen en los procesos de construcción de un sentimiento de identidad ‘italiana'».
El libro está dedicado a la memoria de Carlos Felice, activo integrante del Club Italiano, en tanto la financiación de la impresión se hizo con los aportes de Angel Cirilo Aimetta, hijos de Victorio Vlasich, José Antonio De Biasi, Luis Rossini (en memoria de Pascualina Pellegrini y Luiggi Rossini); María Silvia Di Zitti, Olinda Sciarra, Pedro Di Liscia, René Juan Ferrari, Santiago Lorda Calliari y Román Molín (en memoria de Esteban Ferrero).
Sin dudas, «Un espacio italiano en las pampas» compendia en un solo texto formulado a través de memorias de actas y estatutos, documentaciones, imágenes y testimonios, el rol de construcción de un espacio social -en amplio sentido- de los y las italiano/as en Santa Rosa. Las fuentes bibliográficas que ofrece mediante su investigación, también son puertas de entrada para complementar tanto su lectura, como para seguir en su tránsito el objetivo de sus realizadores, el de valorar una identidad que a la vez que perdura, se reconfigura y reconstruye junto a otros colectivos, lo identitario pampeano.

* Lic. en Comunicación Social (FCH-UNLPam)