Recorrido por pinturas

Beatriz Dillon * – Especialistas dedicados al estudio de manifestaciones rupestres han identificado en nuestra provincia cuatro sitios con pinturas: Parque Nacional Lihué Calel, Cueva de Salamanca, Cerro Chical-Co y Cerros Colorados, en las cercanías del agrupamiento poblacional de Chos Malal.
Desde la perspectiva geográfica, la apropiación de los lugares da origen a territorialidades cuya configuración y relaciones se manifiestan desde particularidades identitarias. El significado está puesto en la impronta que los grupos sociales dejan o dejaron. Es así que distintas manifestaciones rupestres realizadas por comunidades humanas a lo largo del proceso histórico, grabadas o pintadas sobre superficies rocosas, han dejado claras referencias sobre la vida cotidiana, vivencias, creencias, actividades, entre otras manifestaciones, las que han sido convenientemente estudiadas por especialistas en el tema.
El descubrimiento de las primeras manifestaciones de pinturas rupestres en Europa dio cuenta de un cierto escepticismo por parte de la comunidad científica durante el siglo XIX. En 1879, Marcelino Sanz de Sautuola y su hija informaron sobre la presencia de impresionantes figuras pictóricas en los aleros de Altamira, hecho que no fue reconocido por la academia hasta 1902, cuando el francés Émile Cartailhac terminó por aceptar el descubrimiento con la publicación de un artículo en la prestigiosa revista L’Anthropologie, titulado “Mea culpa de un escéptico”. Allí, puede leerse: “no entiendo cómo sus autores pudieron iluminarse dentro de las grutas para realizar su trabajo. No hay duda de que los ojos de los trogloditas estaban más habituados que los nuestros a la penumbra”.
Lo cierto es que las manifestaciones rupestres se encuentran distribuidas en todos los continentes, la mayoría de ellas en aleros o cuevas, lo que ha permitido su conservación por miles de años. La Unesco ha reconocido como patrimonio de la Humanidad a más de 20 sitios de arte rupestre mundial, repartidos en 19 países.

Indicios y el turismo.
La materialización cultural de las sociedades del pasado despierta interés y curiosidad en las personas, lo que provoca un inusitado movimiento que tiene a la actividad turística como consumidora de bienes patrimoniales arqueológicos, convirtiéndolos en acervos de uso público y social. El incremento de la actividad turística ha demostrado que en el marco de una intervención sustentable puede contribuir a valorizar y/o revalorizar los patrimonios tangibles e intangibles que conforman los distintos espacios y lugares. Sin embargo, las visitas sin el control adecuado ponen en peligro los sitios arqueológicos con un claro riesgo de destrucción.
Muchas de las manifestaciones rupestres más importantes del mundo garantizan su sustentabilidad a partir de los ingresos que genera la actividad turística, los que son destinados a la investigación, preservación y generación de infraestructura y equipamiento para su mejor acceso.
El turismo cultural basado en el aprovechamiento de bienes arqueológicos -específicamente de arte rupestre- mueve actualmente millones de personas que visitan sitios abiertos al público. El Kakadu National Park en Australia, las cuevas de la Dordogne francesa, las de Altamira en la Cantabria española, las cavernas en los Pirineos francoespañoles, el Parque Arqueológico del Valle de Coa y la cueva de las manos en el Parque Nacional Perito Moreno en Argentina, son algunos ejemplos de ello.

El “arte rupestre”.
Diversos estudios científicos dan cuenta de la presencia de las representaciones gráficas resueltas mediante pinturas en cuevas y aleros de La Pampa. No es intención de este artículo referirse a ellas sino en cuanto a la relación que se establece entre estos patrimonios y la movilidad de los turistas, viajeros, visitantes y/o curiosos en nuestra provincia. Los y las especialistas dedicados a su estudio han identificado en la provincia cuatro sitios con pinturas rupestres: Parque Nacional Lihué Calel, Cueva de Salamanca en el valle de Quehué, Cerro Chical-Co y Cerros Colorados en las cercanías del agrupamiento poblacional de Chos Malal en el Oeste de La Pampa.
Sin duda, las más conocidas y visitadas son las pinturas rupestres dentro del Parque Nacional Lihué Calel, las que presentan un mejor grado de preservación ya que cuentan con planes de manejo para las visitas públicas. El acceso se realiza mediante circuitos peatonales y vehiculares convenientemente señalizados. Sin embargo, la infraestructura para la preservación no es aún la más adecuada ya que si bien los aleros se encuentran cercados, las pinturas se encuentran muy expuestas.
Los estudios que vinculan la preservación de sitios patrimoniales con la actividad turística dan cuenta que las visitas a estos sitios deben contar con guías que permitan establecer un vínculo entre los visitantes y los bienes culturales. El carácter interpretativo del sitio es fundamental para articular el conocimiento científico, el interés de los visitantes y la concientización sobre su preservación.
En las sierras de Lihuel Calel, un grupo de pinturas se ubican en el valle de las Pinturas, en el arroyo Namuncurá y en otros pequeños valles que atraviesan las serranías. Las pinturas realizadas en los orificios de los techos de los abrigos representan motivos abstractos, formas humanas y de animales, resueltas en colores rojo y negro y, en menor medida, blancos. Su variedad y cantidad indica una fuerte y más permanente presencia de grupos cazadores y recolectores en el lugar.

Cueva Salamanca.
Los estudios geográficos sobre las territorialidades de los valles pampeanos permiten identificar una intensa ocupación y circulación que tuvieron a la zona del caldenal como su sitio estratégico. En el mismo ambiente, los valles transversales, presentan una morfología particular que disecta las extensas planicies de La Pampa. En muchos de ellos, como el caso del valle de Quehué, las rupturas de pendiente dan origen a abrigos y/o aleros donde se han registrado manifestaciones de pinturas, tal el caso de la cueva o caverna de Salamanca.
Ubicadas en un campo de propiedad privada, aproximadamente a 80 kilómetros de la capital de la provincia -Santa Rosa- las pinturas podrían ser incorporadas a un corredor turístico por las rutas provinciales 9 y 18. Algunas empresas de turismo receptivo ofrecen este atractivo como parte de sus ofertas.
Durante la década de los ’90 el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano inició el programa Documentación y Preservación del Arte Rupestre Argentino, que incluyó entre sus proyectos la preservación a partir de planes de manejo de sitios con pinturas rupestres en La Pampa. A partir de este trabajo se realizaron algunos avances para concretar un plan de manejo para el sitio Cueva Salamanca a fin de poner en valor el sitio como atractivo turístico. La consecución de estos objetivos debería contar con un trabajo integral que pusiera en equilibrio los patrimonios culturales, la actividad turística y la sustentabilidad de la zona.
En los aleros de la Salamanca las pinturas muestran un carácter abstracto con figuras geométricas, con trazos en forma de escaleras, zigzag, motivos triangulares, entre otros, resueltos en colores negros y rojos, principalmente.

En el oeste.
En el extremo oeste de La Pampa, las mesetas representan unidades geomorfológicas particulares que se manifiestan a partir de su origen volcánico. Las mesetas basálticas, están compuestas por material ígneo, especialmente basalto, resultado de la intensa actividad provocada por la erupción de un grupo de volcanes que conforman la región de Payunia. En las rupturas de las pendientes, entre la porción más elevada de las mesetas y pequeños valles, se producen surgentes de agua dulce o manantiales: Buta Ranquil, La Copelina, Chos Malal y el más importante el de Puelén, entre otros. Relictos de volcanes (Agua Poca, El Nido, El Escorial, entre otros) dan cuanta de la fisonomía particular del paisaje oesteño.
Más allá de sus características geológicas y geomorfológicas, la presencia de agua dulce en más de 30 surgentes naturales significó la ocupación, generalmente, en forma temporaria de grupos de cazadores y recolectores que utilizaron estos sitios con distintos fines. Dos manifestaciones con pinturas rupestres se han identificado en la zona: Cerros Colorados -en las cercanías del paraje Chos Malal- y las del Cerro Chical-Co -en el centro sur del departamento homónimo-.
En ambos sitios, las pinturas se encuentran en los techos de los abrigos predominando el color rojo, mayormente resueltas en motivos abstractos.
Lamentablemente, manos desaprensivas han provocado profundos e irreversibles daños a las pinturas en Chos Malal, las que han sido pinturas en aerosol en una clara muestra de un atentado contra los patrimonios pictóricos en La Pampa. Casos como este no deberían ocurrir, por lo que es necesario generar políticas públicas adecuadas, para estos casos donde la afluencia de visitantes es cada vez más frecuente.
* Instituto de Geografía, UNLPam.