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¿Revolución y Nación?

El 25 de Mayo es una fecha patria de la Argentina y un hecho que forma parte de los procesos revolucionarios que se llevaron adelante en Hispanoamérica. Sin dudas, 1810 es un año importante para la historia del país, pero no el único.
Magdalena Ledesma*
Tomás Villarreal D’Atri*
El 25 de Mayo se presenta como la Revolución de 1810. Rara vez se presenta la fecha como parte de un proceso revolucionario de largo tiempo. Como sostiene el historiador Gabriel Di Meglio (Los Andes, 2019), el movimiento revolucionario se extendió durante toda la década y respondió a una minoría de la sociedad que con el paso de los años ven a la independencia como la salida más conveniente. Por ello, para comprender la complejidad del proceso revolucionario, es necesario remitirse a años previos.
Por un lado, el primer hecho lo marcan las invasiones inglesas en los años 1806 y 1807 y la defensa que se hace expulsando a los ingleses. Por el otro, se produce una crisis de la monarquía española, cuestión acentuada a partir de que el rey español Fernando VII es capturado por Napoleón Bonaparte en 1808. En este contexto, se genera en América Hispana un proceso revolucionario de gran escala.
Antonio Annino (2015) observa que estas revoluciones hispanoamericanas se dan en ambas orillas del Atlántico y, por lo tanto, adquieren un carácter policéntrico y global. Al generarse una acefalía ilegítima en la corona española, entre 1808 y 1810, las juntas americanas aparecen ahora como representantes de los territorios. Este último año, el principio de reconocimiento se reinvierte a los pueblos y adquiere por primera vez una naturaleza voluntaria. Pero esto no quiere decir que se haya dado una revolución total y rupturista. Sin dudas, como argumenta el autor, las revoluciones se dan, pero es necesario pensarlas como revoluciones moderadas porque conviven elementos viejos con nuevos. Entonces, ¿se puede hablar ya de una Nación?

Cuestionar.
Siguiendo esta misma línea, se hace necesario cuestionarnos el concepto de Nación, ¿existió una nación unificada en 1810? Dentro de los procesos de nacionalización que se llevaron adelante en Argentina en las últimas décadas del siglo XIX y el siglo XX, el ámbito educativo fue el lugar privilegiado para desarrollar una identidad sobre la nación Argentina. Para lograr una identidad unificada -al menos en apariencia- se emplearon distintos mecanismos, como manuales escolares, actos festivos, panfletos, entre otros.
Sin pretensiones de entrar en un debate historiográfico, se nos hace necesario retomar algunas ideas de historiadores que han dado cuenta de que el concepto Nación a partir de la revolución iniciada en mayo de 1810 fue un concepto clave en la vida pública del periodo, pero como aluden Souto y Wasserman (2008), éste tenía diversos usos y significados. Luego de 1810, al concepto se lo asoció con otros como el de soberanía, representación y constitución, lo que daba pautas de las posibles formas de organización que iría adquiriendo. Entre 1830 y 1840, el concepto adquiere mayor densidad porque se extendió su asociación con valores institucionales y modos de vidas locales condensados en la voz de la nacionalización. A esto, se sumó que la nación siguió siendo objeto de arduas disputas que procuraban dotarla de contenidos sociales, culturales, políticos, institucionales y territoriales.
Con el desarrollo de ambos conceptos, Revolución y Nación, pretendemos dar cuenta de que, en 1810, si bien hay un hecho importante y forma parte de las fechas patrias de la Argentina, se está dentro de los procesos revolucionarios llevados adelante en Hispanoamérica.

Repensar.
Estas revoluciones no fueron de carácter rupturista, sino que incorporaron elementos novedosos que se mezclaron con los antiguos. No estamos diciendo que no hubo revolución, sino es otra forma de pensar los procesos que se dan dentro de un lapso de tiempo en una diversidad de escenarios en los que hay multifactores. Sin lugar a dudas, 1810 es un año importante para la historia política del país, pero no la única. Con el segundo concepto, hacemos alusión a que no es posible pensar en una Nación unificada, con una identidad argentina, como se referencia en muchas notas alusivas a la fecha o en los actos escolares. Nación significaba muchas cosas en el siglo XIX y habrá que esperar mucho tiempo para hablar de una como tal. Esto, no implica que en los sucesos del mes de mayo de 1810 no hubiera estado presente en la cabeza de esos contemporáneos el término y muchos menos reafirmar que éramos una nación. Ahora, veamos qué pasaba el 25 de mayo de 1810.

Manifestación de ruptura.
En el mes de mayo de 1810, llega la noticia a la ciudad de Buenos Aires (capital del Virreinato del Río de la Plata) que el monarca de España había sido depuesto. Las tropas napoleónicas habían tomado el control y José Bonaparte era nombrado como autoridad real a cargo.
El malestar con España se venía acrecentando desde años previos. Por un lado, la metrópoli no podía mantener económicamente a su colonia, por lo que se terminaba generando un comercio libre, en el que los comerciantes ingleses tenían un rol importante. Por otra parte, las invasiones inglesas habían demostrado que la monarquía no era capaz de defender a Buenos Aires ni a la Banda Oriental. Sus habitantes la habían rechazado por su cuenta, y es aquí cuando las milicias adquieren protagonismo, lo que favorecerá a los revolucionarios al contar con ellas para su causa.
Retomando los acontecimientos de mayo, surge la iniciativa de convocar a un Cabildo Abierto, y son French y Beruti, acompañados de 600 jóvenes, quienes reclaman por la reunión inmediata. El 22 de mayo comienza la sesión. Según las fuentes, eran 251 personas que incluían a eclesiásticos, comerciantes, abogados, militares y marinos. Ya en esta primera reunión se percibía la necesidad de que el virrey Cisneros debía renunciar. Se generaron distintas posturas, unas en apoyo a lo que decidiera el virrey, y otras como la de Castelli, cuyas ideas giraban en torno a la caducidad del gobierno español ya que la Junta Central había sido disuelta; y la retroversión de la soberanía en el pueblo porteño, que tendría la capacidad de establecer su propio gobierno.
Esto llevó a una votación entre la postura de mantener al virrey, una moderada, y la que creía necesario nombrar a una nueva autoridad. Las votaciones resultaron muy parejas, por lo que el Cabildo era el que resolvería este desempate. El 24 de mayo el Cabildo convoca una Junta, con Cisneros a la cabeza, para resolver esta cuestión. El hecho de que el mismo virrey presidiera la Junta provocó gran malestar, generando la reacción de milicianos y del pueblo en general. A causa de estas inquietudes, Cornelio Saavedra y Juan José Castelli, que formaban parte de esta Junta, anuncian ese mismo día al virrey que iban a renunciar. Cisneros, sabiendo de los conflictos que traería el alejamiento de estas figuras, presenta su propia renuncia y la manda hacia el Cabildo.

El día.
El 25 de mayo de 1810, como era de esperar, el Cabildo rechaza la solicitud de renuncia, lo que generó gran agitación popular inmediata. Esa misma noche, finalmente es aceptada una lista con los dirigentes revolucionarios que integrarían la nueva Junta, con Saavedra a la cabeza.
Si bien se tomó como un gran triunfo, el Cabildo puso como condición que tenía la facultad de remover a los miembros de este nuevo grupo y las decisiones debían tener el consentimiento del mismo. También la Junta declaró gobernar en nombre de Fernando VII mientras estuviera ausente, por lo que, en un primer momento, no se intentaba romper con el orden existente, por más que sabemos que los próximos años irían modificando el panorama, y el curso revolucionario terminaría derivando a la Independencia de 1816.

*Estudiantes de Historia, FCH-UNLPam