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Rivera: una escapada al Antiguo Oriente

SOCIEDAD – EXPERIENCIA EN CUERPO PRESENTE

Sin salir de las pampas, estudiantes de la carrera de Historia de la UNLPam recorren una comunidad judía que mantiene costumbres y actividades tradicionales. Cómo es la vida en Rivera, al límite de nuestra provincia.

Joaquín Kenf y María Agustina Koncurat *

¿Cómo pensamos lo lejano a partir de lo cercano? ¿Cómo nos involucramos con lo que sentimos ajeno sin caer en prejuicios? Quienes estudiamos historia en la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) debemos hacer frente a esos interrogantes desde los inicios de la carrera. La asignatura de Historia Antigua I es una de las primeras en ponerlos sobre la mesa. Los estudiantes nos encontramos ante un espacio geográfico y un marco temporal que nos resulta tan lejano como ajeno: el del denominado Antiguo Cercano Oriente –que comprende los actuales territorios de Irak, la península arábiga, Siria, Jordania, Líbano, Palestina, Israel, Egipto, Irán y Turquía, aproximadamente–. El trabajo de acercarse para ser capaces de dimensionarlo en profundidad se torna complejo. Sin embargo, existen formas de facilitar y enriquecer dicho proceso de acercamiento, que a su vez permiten cuestionar ideas preconcebidas y formular nuevas preguntas.

¿Cuántas creaciones del Oriente se encuentran presentes en nuestros tiempos? Lo cierto es que existen varias. Desde el calendario lunar hasta la cerveza, pasando por el trigo y la escritura. Muchas tradiciones aún vigentes provienen de allí. Una de ellas es la perteneciente al pueblo judío, que continúa presente en sus costumbres, prácticas y memorias.

Ahora, ¿cómo hacerlo cercano, tangible? Una de las opciones reside en el análisis de películas, entendidas como material pedagógico. Desde largometrajes que recreaban pasajes bíblicos, como Los diez mandamientos (1956), hasta películas argentinas como Los Gauchos Judíos (1975). Sin embargo, fue la organización de un viaje de estudio, junto a la cátedra de Problemas del Conocimiento Histórico, a la comunidad judía de Rivera –un pueblo ubicado en la provincia de Buenos Aires, al límite con la provincia de La Pampa– la actividad que nos permitió replantearnos las formas de aprehender lo que a primera impresión nos resulta ajeno.

La comunidad judía de Rivera.

El pueblo de Rivera tuvo como componente fundacional a los inmigrantes judíos que vinieron de Rusia en 1905, escapando de las persecuciones y la situación político-social de su país de origen. La Jewish Colonization Association (JCA) donó al grupo cinco hectáreas en el centro del campo para ser utilizadas como cementerio, lo que dio origen a la primera institución judía de la colonia. Los primeros colonos se organizaron en pequeños grupos en torno a los campos Barón Hirsch, Montefiore, Philippson, Crémieux, Leven, Barón Guinzburg y Clara. A ellos se sumaron otras familias provenientes de Médanos, Villa Alba y Coronel Suárez y, en las décadas siguientes, inmigrantes procedentes de Polonia y judíos alemanes que huían del nazismo. Hacia 1939, la colonia contaba con 444 colonos instalados, y su población judía ascendía a 5119 almas. En total, ocupaban 100.866 hectáreas: “Barón Hirsch” era la segunda colonia más grande de la JCA, sólo superada por Moisés Ville.

El interés por parte de la comunidad judía de Rivera de darse a conocer y de entablar vínculo con la facultad y sus estudiantes permitió que el viaje resultara enriquecedor. En la experiencia de 2019 fuimos recibidos por los miembros de la Kehila, que en hebreo significa congregación. Así es como ellos llaman a su comunidad y lugar de reunión, que en Rivera fue fundado en 1919. Nos recibieron en la estación de ferrocarril, donde se encuentra una representación artística que hace referencia a los primeros pobladores del lugar.

El recorrido continuó en dirección a la sinagoga, palabra de origen griego que significa “lugar de reunión”, y representa su templo. Es un espacio dedicado al rezo, a la reunión de la comunidad y al estudio, donde se transmite el culto religioso, la enseñanza, las tradiciones y la lengua hebrea. En su interior se encuentra el Aron Ha Kodesh, armario sagrado dentro del cual se guarda la Torá. Ésta, que en la religión cristiana es considerada el Pentateuco, es el texto sagrado que contiene la ley judía y que constituye la base de dicha religión. En el centro de la sinagoga, se halla la Bimá, una plataforma elevada en la cual se ubica el rabino para realizar las ceremonias religiosas. Pudimos apreciar el shofar, un instrumento que se utiliza en ceremonias religiosas y que es fabricado con el cuerno de un kosher, un animal puro según los preceptos judíos. También asistimos a una lectura en hebreo, la lengua oficial de Israel y de la comunidad judía, cuyo origen es semítico y se remonta a los periodos analizados por la asignatura de Historia Antigua I.

Luego visitamos el cementerio judío de la localidad, llamativo por su forma particular de enterrar a los familiares en grupos, el reemplazo de flores que se marchitan por piedras, y la presencia de una menorá gigante donde se realizan diversos cultos. Este símbolo tiene la forma de un candelabro de siete brazos y representa la iluminación de la palabra de Dios. Además, dentro del lugar encontramos otros sectores que dan testimonios de lo que atravesó el pueblo: una gran hilera de tumbas pequeñas que dan cuenta de una epidemia y un monumento a las víctimas de la Shoah, que significa catástrofe en hebreo y es la palabra con la que denominan al holocausto nazi.

La presencia judía también se plasma en el trazado urbano. Éste cuenta con dos plazas, ninguna de las cuales se halla rodeada ni por la iglesia, ni la comisaría, ni la Municipalidad, algo común en cualquier otra localidad que haya seguido la traza urbana de tradición española. Otra institución fundamental de Rivera es el Centro Cultural Israelita, fundado en 1925, donde se encuentra la biblioteca pública “José Ingenieros”.

El pertenecer a la religión judía no quita que la comunidad de Rivera deba parte de sus costumbres y tradiciones a sus orígenes rusos y polacos. Los primeros fundadores de la colonia trajeron consigo tradiciones propias de dichas tierras. Estas costumbres no eran incompatibles con las judías, sino que se complementaban para dar forma a un acervo cultural propio que continúa vigente hasta el día de hoy. Un ejemplo de integración de tradiciones se encuentra en las comidas. La tradición judía posee una serie de normativas alimentarias que recibe el nombre hebreo de kashrut, a la vez que cada alimento puro permitido recibe el nombre de kosher. Para estar permitido, el alimento no sólo debe cumplir una serie de reglas vinculadas al animal del que proviene, sino también cumplir requisitos puntuales en torno a su forma de faenado y preparación. A estas prácticas alimenticias de la comunidad judía se le suman las propias de la región de Europa del Este. El pan con miel y crema o los varenikes de papa, que nos prepararon como desayuno y almuerzo respectivamente en la kehilá, son un ejemplo de cómo las comidas tradicionales del campesinado ruso se integran a la dieta judía y a los alimentos simbólicos presentes en el texto bíblico, como lo son la leche y la miel.

De la pantalla a la realidad.

En la película Wakolda, de Lucía Puenzo (Argentina, 2013), aparece, entre personajes y ficciones, la historia de Nurit Eldodt. Se trataba de una mujer judía alemana que colaboraba con el MOSSAD, desaparecida en Bariloche en 1960, y cuyo cuerpo apareció en un barranco del Cerro López. Ello ocurrió en el contexto de la presencia nazi Argentina, entre quienes se encontraba Mengele, a quien se le ha atribuido el asesinato.

Nurit Eldodt nació en la ciudad de Frankfurt, Alemania, en 1912, en el seno de una familia adinerada que se dedicaba a la fabricación de muebles. Al asumir Adolf Hitler en el gobierno alemán en 1933, decidieron salir de Alemania. El matrimonio Eldodt y siete de sus hijos se asentó en la localidad de Rivera, mientras que la hija mayor del matrimonio, Nurit, emigró directamente a Israel (Palestina en ese momento). Según relatos que se recuerdan en Rivera, un día llegó el féretro cerrado con el cadáver de Nurit en el tren, mientras su madre pedía a gritos abrirlo. Nurit Eldodt está sepultada en el cementerio de Rivera, la inscripción de su lápida está en hebreo y su traducción significa: “Santa señorita Nurit Eldodt que murió la muerte de los santos a los 47 años a los 13 días del mes de adar del año 5720”. La fecha de su fallecimiento correspondería al 12 de marzo de 1960, en el calendario gregoriano.

¿Qué nos deja el viaje a Rivera?

Como viaje de estudios, resulta enriquecedor no sólo porque permite profundizar en la concepción de lo lejano y lo cercano, sino también porque contribuye a forjar lazos entre la Universidad y los agentes de diversas comunidades. El acercamiento a una comunidad judía y el reconocimiento de sus discursos, prácticas e instituciones resulta pertinente para la reflexión sobre la diversidad cultural. En este sentido, la visita a la localidad de Rivera resulta una oportunidad enriquecedora para los estudiantes a los fines de aplicar los saberes y habilidades adquiridos en el marco de las materias Historia Antigua I y Problemas del Conocimiento Histórico. Además, como estudiantes de una universidad pública y futuros docentes e investigadores de Historia, la actividad constituye una experiencia válida para el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa del país, y el establecimiento de vínculos con instituciones y comunidades locales. De esta manera, el proceso de aprendizaje, de práctica y de proyección profesional se ve enlazado con la situación cotidiana de grupos que por momentos parecen muy distantes, pero, en realidad, no lo son tanto.

* Estudiantes de Historia

Facultad Ciencias Humanas – Universidad Nacional de La Pampa