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Trayendo a Rosa

A 100 años del asesinato de la teórica y militante marxista revolucionaria perpetrado por el grupo paramilitar alemán Freikorps, la investigadora Alejandra Ciriza realiza un recorrido por la vida de Rosa Luxemburgo, refiriéndose a contextos y notas biográficas de esta mujer visionaria.
Ana Paula Cuñado *
«Una lectura feminista y latinoamericana de Rosa Luxemburgo» se denominó la charla que Alejandra Ciriza llevó a cabo en la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam. Doctora en Filosofía e investigadora principal en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET), Ciriza fue Directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad de Cuyo desde 2009 hasta su normalización en 2014. Desarrolla su línea de investigación en el campo de la filosofía política feminista desde una perspectiva interesada en la dimensión histórica de las filosofías y teorías feministas. Ha sido convocada en reiteradas ocasiones como profesora visitante por prestigiosas universidades y organizaciones sociales latinoamericanas y europeas.
En esta oportunidad arribó en Santa Rosa para hacer una lectura sobre los debates centrales que protagonizó Rosa Luxemburgo, tales como: reforma y revolución; análisis de la Revolución Rusa; economía política; guerra y paz; espontaneísmo y organización de las masas; la huelga revolucionaria; la lucha de las mujeres; feminismo y socialismo.

Fuerza e inteligencia.
Rosa Luxemburgo fue una teórica del socialismo alemán a quien el líder soviético Vladimir Lenin llegó a llamar el «Águila de la Revolución». Gran defensora de la democracia, está considerada como la dirigente marxista más importante de la historia. «Rosa va percibiendo cuanto la cultura europea debe a la barbarie, esta percepción que deja de confiar en la idea de progreso. Ella va discutiendo cuestiones organizativas, la función del partido, la función de los sindicatos, la función de la espontaneidad de las masas, la creación de las situaciones revolucionarias», explica Ciriza.
Rosa nació en un pequeño pueblo llamado Zamosc, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso. «Rosa nace en 1871 y si una piensa en algunos de los hitos fundamentales de su vida, son hitos que están sembrados por la expectativa de la revolución», dice Ciriza.
Su gran inteligencia y fortaleza le permitieron estudiar a pesar de los prejuicios de la época en la que sólo unas pocas mujeres iban a la universidad. A los 18 años abandonó Polonia debido a su militancia socialista que la obligó a exiliarse y se refugió en Suiza, donde terminó sus estudios de economía en la Universidad de Zurich. Allí se contactó con revolucionarios exiliados y se unió al Partido Socialdemócrata Polaco.
En 1898 se trasladó a Alemania para unirse al poderoso Partido Socialdemócrata de aquel país (SPD) y comenzó a participar en los debates teóricos que lo agitaban. Así Rosa comenzó a enfrentarse a los problemas y dificultades de la política práctica tratando de encontrar o aportar soluciones, mediante nuevos desarrollos del marxismo.

Internacionalismo.
«Es un trayecto biográfico bastante particular para una mujer de esa época, cuando lo que se esperaba de una mujer era que fuesen esposas de algún varón importante. Rosa Luxemburgo por el contrario tuvo muchos amigos, muchos amantes y ningún esposo» dice Ciriza al respecto.
Su pensamiento, muchas veces intransigente, le hizo polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein y Kautsky.
Rosa argumentó a favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir.
Según Ciriza, «Rosa fue una persona que transitó entre lenguas, su lengua materna era el polaco pero también el idish porque era judía y al mismo tiempo su lengua escolar fue el ruso. Esto de haber sido formada en ese tránsito entre lenguas, hace de Rosa al mismo tiempo que alguien preocupado por el problema nacional, alguien profundamente internacionalista».
En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, Rosa realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y sobre el socialismo democrático.
Hizo también destacables aportes teóricos en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo.

Contra las reformas.
A diferencia de los socialdemócratas con los que se codeaba, Rosa no estaba de acuerdo con la lógica reformista del capitalismo. «La idea que los socialdemócratas tenían era que el capitalismo iba a ir transformándose, iba a ir posibilitando a través de reformas sucesivas que los obreros y las obreras vayan obteniendo derechos y un mejor reparto de los beneficios de su trabajo. Por eso, desde la perspectiva de los socialdemócratas es tan importante la organización sindical y la búsqueda de participación parlamentaria. Pero Rosa no creía que el capitalismo podía reformarse, en la dirección en la que el capitalismo iba, ya que esa dirección era la de ir hundiéndose a través de reformas» expone Ciriza.
Rosa ya en esa época, concebía al capitalismo como sistema de dominación múltiple, que además de intensificar la explotación de la clase trabajadora, exacerbaba el militarismo bélico y desplazaba su crisis hacia los países coloniales. En otras palabras, establece una profunda relación entre capitalismo e imperialismo.
«Rosa consideraba que la lógica del capitalismo era la expansión colonial sobre otros territorios. Puede entender en el momento histórico de la primera guerra mundial que la lógica del capitalismo es una lógica de guerra, de exterminio, de expansión, es una lógica imperialista» explica ciriza.

Fue feminista.
Otro punto importante en la vida de Rosa fue el debate sobre el feminismo. Alejandra explica que Rosa era feminista aunque ella no se considerase a sí misma como tal en esa época. Esto se debía a que en el momento en que Rosa Luxemburgo vivió se denominaba «feministas» a las mujeres burguesas que comenzaban a organizarse por los derechos civiles, mientras que a las mujeres obreras organizadas se las llamaba socialistas. «¿En qué reside el antifeminismo de Rosa? Este antifeminismo reside en el antisufragismo burgués. Ella pensaba que la interpretación que las burguesas tenían de la conquista del derecho al voto, es una interpretación que no compartían las proletarias. Leía el feminismo burgués como una perspectiva individualista, mientras la emancipación de las proletarias -desde su punto de vista- tenía que ver con que ellas compartían intereses colectivos. En realidad Rosa no se reconocía feminista burguesa, lo que no significaba que no tuviera una conciencia feminista clarísima», dice Ciriza. Por ese motivo, contemporáneas de Rosa que ahora figuran en la historia del feminismo socialista, por derecho propio, como Alexandra Kollontai y Clara Zetkin, no se autodenominaban feministas, sino socialistas.

Lucha y visión.
Rosa era una militante pacifista lo que conllevó que durante los más de veinte años de lucha por la revolución y el socialismo, haya pasado numerosas veces por diferentes prisiones alemanas entre 1896 y finales de 1918, por promover posiciones antimilitaristas.
Diferente a la mayoría, Rosa veía claramente el peligro de una gran guerra entre los diferentes poderes imperialistas. En 1914, la idea de un desarrollo pacífico del capitalismo fue quebrantada por la Primera Guerra Mundial. Fiel a sus convicciones, Rosa Luxemburgo centró su actividad en la agitación contra la guerra, lo que le valió la acusación de traidora y fue enviada a prisión. Debido a su posición firme opositora, Rosa pasó casi todo el período bélico en la cárcel en Berlín, aunque intervenía regularmente en los debates públicos a través de artículos.
Al terminar en noviembre de 1918 la Primera Guerra Mundial se gestó una revolución en la derrotada Alemania. La Liga Espartaquista liderada por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo (que luego dio origen al Partido Comunista Alemán) protagonizó en 1919 un levantamiento revolucionario en Alemania, similar al llevado a cabo por los bolcheviques rusos en 1917. Cuando la revuelta ya había fracasado, el 15 de enero de 1919, soldados del Freikorps -milicias procedentes del ejército imperial- detuvieron, torturaron y asesinaron a Liebknecht y Luxemburgo.

Legado e inspiración.
En la actualidad, el legado de Rosa es toda su obra teórica sobre el comunismo, algunas de sus ideas sobre socialismo y capitalismo, democracia y dictadura, guerra y paz, nacionalismo, imperialismo y los derechos de las mujeres que han inspirado movimientos colectivos de los siglos XX y XXI. A cien años de su asesinato, retomar la vida y lucha de una las dirigentes revolucionarias más importantes de la historia del movimiento socialista, conocer sus importantes aciertos y también sus errores, es fundamental para repensar los caminos que hemos y estamos atravesando como sociedad.
«Este es un país que está edificado sobre genocidios. Y yo creo que la única manera, el único lugar del que podemos sacar fuerza es asumiendo lo sucedido en nuestro pasado. Por eso me parece importante traer a los vencidos, porque sus batallas, son las batallas inconclusas que todavía tenemos que librar», concluye Alejandra Ciriza.

* Licenciada en Comunicación